Arte
Sobre el papel del arte
Las piezas de Julio Mediavilla remiten al destino social de la obra artística

Pieza ensamblada que se exhibe en la exposición. / LNE
Estos días podemos visitar la exposición "Estados de mutación", de Julio Mediavilla, en la galería Arancha Osoro de Oviedo. El proyecto es de una gran coherencia y singularidad, desde su planteamiento conceptual hasta la configuración de cada una de las piezas. La exposición está formada por obras tridimensionales distribuidas por las paredes de la sala, alguna de ellas exenta, realizadas con material recuperado e intervenido, fragmentos de una historia industrial abandonada y deteriorada que habla de muchas vidas y de mucho trabajo dedicado a su fabricación y que el destino (la búsqueda y los hallazgos del autor) ha permitido que lleguen hasta sus manos para ser restauradas, ensambladas unas a otras, otorgándoles una nueva vida. Este hecho, ya justifica el título de la muestra, la selección, manipulación y combinación de unas piezas con otras ha dado sus frutos, pero esa metamorfosis del objeto va mucho más allá, y como se recoge en el texto de presentación "los elementos utilizados actúan como conectores de enlace que formulan y potencian relaciones, estableciendo en la obra un permanente estado de mutación".

Pieza ensamblada que se exhibe en la exposición. / LNE
Aunque resulta difícil encontrar paralelismos estéticos con estas piezas, el alejamiento de un objeto de su función primaria lleva hasta el ready-made de los dadaístas; la descontextualización era una de sus claves, como también lo era un carácter crítico y reflexivo que igualmente poseen estos trabajos. Sin embargo, el proceder constructivo de Julio Mediavilla, la recuperación de unas piezas que requieren de un trabajo de limpieza, cuidado y restauración, una especie de sanación, lleva implícito un interés hacia los distintos tipos de materiales que emplea, desde metales como el acero, el cobre, el bronce y el aluminio, hasta la porcelana, el caucho o el teflón. Sus posibilidades combinatorias son infinitas considerando sus cualidades y acabados, colores y texturas, opacidad, brillo o transparencia. Este amor por las formas y materiales industriales, sus posibilidades estéticas y su discurso social de fondo, son los aspectos destacables de la propuesta.

Pieza ensamblada que se exhibe en la exposición. / LNE
La valoración de la inmanencia de la materia prima de la que están hechas estas obras podría acercarnos a los principios minimalistas de presentación de los materiales, frecuentemente industriales, en estado puro, pero estamos ante presupuestos muy lejanos de aquella frialdad aséptica. La intencionalidad es clara, la carga simbólica de cada obra, el compromiso del autor y la reflexión que plantea sobre "las tensiones a las que se ve sometido el individuo frente al poder y sus mecanismos de control", son una constante en su trabajo desde hace años. En el catálogo del proyecto "Contrato social", realizado en el Museo Barjola en 2014, cuenta con un texto de Jaime Luis Martín que habla del acercamiento del artista a la estética povera que ahora se adivina en ese afán por rescatar y reutilizar piezas de desecho, pero también alude a la "retro-tecnología" como parte esencial de su discurso y que observamos en esa actualización de un material en desuso y una respuesta crítica al ritmo vertiginoso de la tecnología actual.

Pieza ensamblada que se exhibe en la exposición. / LNE
Son obras visualmente duras que remiten al trabajo y el esfuerzo, pero también a la búsqueda de una conexión armónica entre materiales y formas. Las fotografías no transmiten la fuerza que poseen en directo, la escala juega un papel importante, marca un distanciamiento con respecto al uso, su presencia les confiere casi un aspecto totémico, como de inquietantes ídolos hallados en algún taller o fábrica abandonada.

Pieza ensamblada que se exhibe en la exposición. / LNE
Más allá del enigmático y atractivo valor estético que poseen, está su fuerza conceptual y, sobre todo, la importancia que para este artista tienen todas las fases del proceso creativo. Su capacidad de rastrear y recolectar piezas industriales alude a esa trazabilidad del objeto a través de las etapas de producción, desde la extracción de la materia prima hasta su transformación en las fábricas. Estamos ante un arte comprometido que mantiene latente el papel y el valor del trabajo y sufrimiento que conlleva, recordando al pensador francés P.-J. Proudhon en "El principio del arte y su destino social". Comenta el artista que "estas piezas son depósitos de memoria", una huella que no puede borrar el tiempo y que, del mismo modo, "contienen la memoria de aquellos que las realizaron".
Estados de mutación
Julio Mediavilla
Galería Arancha Osoro, c/ Independencia, 6, Oviedo. Hasta el 26 abril
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