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Arte

Dentro y fuera del marco feminista

Irma Álvarez-Laviada se mide con sus referentes en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid

Irma Álvarez Laviada con Kurt Schwitters

Irma Álvarez Laviada con Kurt Schwitters / LNE

Luis Feás Costilla

Luis Feás Costilla

En la espléndida exposición de la gijonesa Irma Álvarez-Laviada en el Museo Thyssen de Madrid se muestran a las claras cuáles son sus referentes, en apenas cinco obras: el Black Mountain College (Josef Albers, "Casa Blanca B", 1947-1954), el Neoplasticismo y sus derivas elementaristas (Theo van Doesburg, "Construcción espaciotemporal II", 1924), la Bauhaus (László Moholy-Nagy, "Segmentos de círculo", 1921), las escrituras libres del expresionismo abstracto (Mark Tobey, "Ritmos de la tierra", 1961) y las corrientes más plásticas y constructivas del Dadaísmo (Kurt Schwitters, "Merzbild Kijkduin", 1923).

Luego ya, en diálogo por las salas con la colección permanente, su obra, pintura e instalación escultórica, se abre a perspectivas más amplias, desde el Renacimiento (Gentile Bellini, "La Anunciación", hacia 1475) y el Impresionismo (Edgar Degas, "El estanque en el bosque", c. 1867-1868) hasta el primer arte soviético cancelado con posterioridad (Nikolái Suetin, "Suprematismo", 1920-1921). En este diálogo se basa precisamente el programa específico de exposiciones temporales que, bajo el título "Kora", organiza la catedrática de Estética y crítica de arte feminista Rocío de la Villa, quien en sus nueve ediciones ya ha contado anteriormente con otras dos artistas asturianas, Chechu Álava y Noemi Iglesias Barrios.

Es un programa dedicado exclusivamente a artistas mujeres desde la perspectiva de género, aunque Irma Álvarez-Laviada declaraba, en una entrevista reciente, que por hacer arte abstracto se ha sentido excluida de las exposiciones feministas. Resulta a este respecto significativo que ninguna de las referencias escogidas sea de autoría femenina, si bien en la entrevista que le hace la comisaria en el catálogo se citan nombres como los de Eva Hesse, Ángela de la Cruz, Christine Boshier, Jessica Stockholder, Rachel Whiteread o Fernanda Fragateiro, entre otras, con las que comparte la crítica a un sistema institucional que ha privilegiado a los artistas hombres y las ha hecho invisibles a ellas.

Irma Álvarez Laviada con Mark Tobey.

Irma Álvarez Laviada con Mark Tobey. / LNE

Sin dejar de preocuparle este asunto, sus inquietudes son otras, más bien formales y que tienen mucho más que ver con cuestiones generacionales como la precarización del trabajo artístico, ya sin género. Desde que retomó la pintura en 2011, tras un período de desánimo, se dedicó a acumular cuadros puestos del revés, en una reflexión en torno a los procesos creativos y las etapas de silencio e inactividad de los pintores, y más tarde dejaba los embalajes de las obras como señal del vacío experimentado por los artistas en su estudio con cada nueva exposición, según mostró en series como "Lo necesario y lo posible" y "Modalidades de lo visible", con las que arranca la actual exposición en Madrid, a modo de breve retrospectiva en treinta piezas.

Como ya tuve ocasión de consignar en la crítica de su anterior exposición, celebrada en el Museo de Bellas Artes de Asturias en 2023, su verdadero tema es ese, el vacío, el ser o no ser existencial, que se traslada a su práctica artística, continuamente puesta en entredicho, sin apenas esperanza, como si lo realizado no sirviera para nada, con un descrédito y un desencanto que sólo cabría calificar como post. Ahí están las reflexiones de Robert Smithson sobre el site y el nonsite y las especulaciones de la propia artista sobre la nada, que le sirven para ahondar en otra de las líneas de trabajo más asiduas en su trayectoria, su dimensión espacial, que tiene que ver con los intersticios, con "el espacio entre las cosas" o el espacio del "entre", que diría Martin Heidegger. O el dentro y fuera del marco, como se definen sus límites en esta cita madrileña, la más importante que ha realizado hasta la fecha.

En la exposición del Museo de Bellas Artes de Asturias el montaje se presentaba en crudo, sin concesiones, con los tableros de DM meramente pulidos, sin nota alguna de color, que aquí se recupera en toda su pureza en la primera sala del museo, bajo el título precisamente de "Amarillo, rojo, negro y azul", en la que se avanzan sus posiciones hacia un solo color. Los otros apartados en que está dividida la exposición son "Sobre el vacío", "De lo lineal a lo pictórico" y "Lo visual y lo háptico", que describen muy bien sus diferentes variaciones conceptuales, formales y sensibles.

La exposición se cierra con una instalación específica, "Deconstrucción" de la obra ya citada de Kurt Schwitters, un ensamblaje de madera que por lo visto es una de las piezas de la colección del museo más apreciadas por el público. Hecha con materiales encontrados en la playa, le sirve a la artista gijonesa para descomponer y expandir sus volúmenes geométricos, en un simulado taller de carpintería, en el que se destaca sobre todo, en una gran pintura monocroma, el cuadrado rosa de la composición Merz, como imagen recordada que obvia otros colores primarios también salteados en la pieza constructiva originaria.

Dentro y fuera del marco

Irma Álvarez-Laviada

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Paseo del Prado, 8, Madrid. Hasta el 3 de mayo

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