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Escribir es vivir

Laura Castañón teje un tapiz de vidas recorridas y recordadas en "La geometría de la memoria"

Laura Castañón.

Laura Castañón. / Marcos León

M. S. Suárez Lafuente

La autora asturiana Laura Castañón nos deja en su cuarta novela, "La geometría de la memoria", un estudio literario sobre la complejidad de vivir en un tiempo histórico que nos envuelve sin que podamos o sepamos hacer nada más que observar y sufrir, y sobre cómo, andando el tiempo, rememoramos esa lucha sorda y solitaria.

La novela se centra en tres narradoras. Elsa, que lee a lo largo de 2009 las memorias de Violeta y que recuerda, al leerlas, su propia vida. Violeta, que escribe su autobiografía en 2005, cuando ya es octogenaria, con el propósito de recordar para entender y acallar sus demonios interiores. Y hay una tercera narradora que va rellenando los huecos que faltan para que quienes leemos tengamos la información necesaria para completar las historias.

Cuando Violeta escribe, no conoce las explicaciones que nos da la narradora, y tampoco Elsa sabe nada más allá de lo que lee en las memorias de Violeta. Quienes leemos vamos construyendo la novela, que está hecha de retazos y de emociones. Elsa lo entiende así también: "Aunque asistía en primera fila a la exposición de sentimientos y emociones, todo era parcial, siempre lo es. También mi vida lo era". Por eso, para comprender el propósito de la novela. es muy importante la aseveración hecha ya al principio: "Mi memoria se había ido encargando de rellenar con imaginación los huecos que el tiempo y mi desidia habían agrandado".

Escribir es una manera de recordar, de revivir, pero también es ficción, porque la escritura tiene su propio sujeto, no hay autobiografía, ni memorias, ni realidad, ni Verdad con mayúscula que sean objetivas, porque "resulta más fácil imaginarlo todo que tener que ajustarse a unos hechos".

Elsa, cuya existencia tampoco es sencilla, confiesa que ya tiene "suficiente con ir viviendo", mientras Violeta, que vivió "dividida en tres", como sirvienta, como mujer con expectativas y ahora como escritora, busca en la vejez conocerse a sí misma, comprender por qué su vida fue la que fue. Considera que escribir es hablarse a una misma y hablarse a una misma es conocerse poco a poco. Pero, al final de su vida y de sus memorias, Violeta se ve abocada a revisar los principios por los que siempre se guió, reconoce que quizás "vivimos instalados en lo que queremos creer, lo damos por verdadero" porque descubrir que puede haber otras posibilidades puede producirnos vértigo.

Al leer las memorias de Violeta, a quien consideraba anodina y gris, Elsa descubre que todo el mundo tiene una vida que contar, una vida singular, a veces intensa emocionalmente, aunque no siempre con elementos espectaculares, afortunadamente. Y es que "la vida no se escribe con planteamiento, nudo y desenlace", ni la historia se compone únicamente de causas, hechos y consecuencias; la historia sigue adelante en un eterno retorno pendular y "las vidas terminan mal, terminan con la muerte del protagonista".

"La geometría de la memoria", siguiendo la biografía de Violeta, imbrica la vida burguesa del Oviedo de los años 1930 y 1940 con la vida de las familias trabajadoras en las cuencas mineras dos décadas después; abarca, pues, páginas relevantes de la historia en Asturias (revolución de 1934, cerco de Oviedo, final del franquismo y primeras asociaciones democráticas). Esto le supuso a Violeta, activa en la Sección Femenina y profesora de Formación del Espíritu Nacional en un Instituto de Enseñanza Media, un continuo enfrentamiento a sus presupuestos políticos, religiosos y sociales. Posiblemente ella nos diría que no es nada más que "el pan nuestro de cada día".

La geometría de la memoria

Laura Castañón

ALT, 432 páginas, 22 euros

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