Europa en declive: un análisis histórico-filosófico
Pérez Herranz nos presenta en este cuarto volumen, el definitivo, una tesis sorprendente que cambia la clave para interpretar la historia del continente

Fernando Miguel Pérez Herranz, con Pelayo Pérez, en la presentación de un libro anterior. / LNE
Las investigaciones histórico-filosóficas de Fernando Miguel Pérez Herranz nos hacen entender mejor el presente histórico. Nuestro filósofo sube hasta dos atalayas desde donde mirar, una de diez siglos, en el comienzo de la formación de Europa, y otra en la Antigüedad grecorromana y judeocristiana. Su obra "Más allá de imperios y de naciones", en cuatro volúmenes (2023-2025), trata de esto. Y conviene saber que esta ambiciosa obra viene a continuar un proyecto filosófico anterior, el de "En torno a la cuestión vasca" (2022), "El esclavo, sombra de su señor" (2021) y Lindos "y tornadizos" (2016).
El cuarto volumen de "Más allá de imperios y de naciones", que hoy comentamos, subtitulado "El fin de la arrogancia feudal-nacional europea", se propone llegar a comprender qué es finalmente Europa y entenderla a través de las ideas en cuya matriz se ha ido constituyendo durante siglos.
En los tres volúmenes anteriores se fue tejiendo la íntima unión entre el ser de España y el de Europa –pues nuestro profesor de la Universidad de Alicante no parte de considerarse ubicuo, sino anclado espaciotemporalmente– y se fue desentrañando el papel de Europa en el mundo y recorriendo el fenómeno de la formación de las nacionalidades y, sobre todo, de sus imperios: el luso y el hispánico en sus comienzos y, después, los imperios neerlandés, francés y británico… hasta llegar en el siglo XX a lo que nuestro autor llama el "cierre antropológico de la Tierra": el proceso por el cual todos los países quedan geoestratégicamente interrelacionados a la vez que políticamente globalizados.
Se equivocará quien presuma que Pérez Herranz insinúa títulos de superioridad étnico-culturales, una vez más. Sus estudios, al contrario, muestran que la tensión entre hegemonías y sometimientos son cosas muy distintas, y ahí entran en juego las fronteras conjugadas con las rutas y ambas determinadas por acontecimientos singulares imprevisibles a priori, como el descubrimiento de América.
En sus análisis anteriores (2016-2022) y en su reciente obra, en concreto en el volumen 3, el de la "Formación de la subjetividad hispana moderna", ya había quedado establecido el papel histórico que desempeña el estatuto de pureza de los lindos –basado en el linaje y la sangre, que, aunque fuere ficción ideológica, resulta totalmente determinante en los juegos de poder–. Y, frente a los lindos, el rol de los tornadizos, herederos del natural cruce social y cultural. El binomio lindo/tornadizo representa una partición social repetida y común en otros países, aunque afectará a España paradigmáticamente: son los cristianos viejos y los conversos, estos, por ejemplo, los Cervantes o Teresa de Jesús…
La doctrina supremacista de los lindos resulta complementada con la crítica de una ilusión, la de pensar que el papel de Europa en el mundo queda bien justificado a través de su brillante Renacimiento, de su fabuloso despliegue científico moderno y del "progreso" de la Ilustración, porque aunque esos logros sean evidentes y notables, no serían los últimos resortes que habrían estado impulsando a las distintas naciones europeas.
El Humanismo y los "derechos humanos" pueden ser blandidos por Europa como sus señas de identidad, y lo son, aunque solo horizontes éticos preñados de doble moralidad. Europa queda definida de otro modo cuando se repasa su imperial "historia negra", la historia real, de la que las diferentes leyendas negras no fueron sino el "lavado de manos" ideológico de cada país europeo. Y al llegar al siglo XIX lo trascendente es el reparto-rebatiña de África, como su última hazaña civilizatoria, a manos del Reino Unido, Alemania, Francia, Bélgica, Italia, Holanda, Portugal y España, para culminar con las dos guerras mundiales en el XX y su "solución final". Y son estas guerras las que rubrican –alea iacta est– el declive irremediable histórico europeo actual.
Todo esto anterior es lo que el lector conviene que sepa antes de sumergirse en la lectura del último volumen, el que hoy presentamos, donde se muestra la razón profunda de la duplicidad europea. En pocas palabras: no han sido griegos, romanos o cristianos nuestros principales padres culturales, sino los gnósticos. No ha sido la herencia griega y latina la que ha marcado el último criterio director de la deriva europea, tampoco el ideal cristiano propuesto por Agustín o el trenzado entre las filosofías teológicas del Libro, la hebrea, islámica y cristiana (Maimónides, Averroes y Tomás de Aquino). El factor que ha ido decidiendo por dónde avanzar, en momentos clave, ha sido el gnosticismo, actuando en el subsuelo cultural, por la capacidad que ha ido teniendo para contagiar su propuesta al resto de ideologías o creencias religiosas. La batalla social, cultural y política, más que en la confrontación de intereses de "nosotros frente a ellos", se juega entre malos y buenos, estos definidos como puros y espiritualmente superiores, pues nacen pneumáticos. Mientras que los malos habrían nacido inferiores, algunos irremediablemente condenados al fracaso, los hílicos, y otros con capacidad de redimirse (los psíquicos), pero solo si siguen las directrices de los que poseen la "chispa divina".
Gran parte de las más de quinientas páginas del cuarto volumen están dedicadas a recorrer históricamente esta influencia soterrada del gnosticismo, a mostrar diferentes modalidades de inficionar al cristianismo, a imponerse como criterio filosófico moderno y a mostrar los productos culturales que, desde ideologías masivas hasta buena parte de la literatura y el cine, hoy corren como creencias comunes.
¿No discurren las noticias del rabioso presente entre quienes se creen los puros y aquellos otros sin derecho a la humanidad y sin "chispa divina"? ¿Nace el orden social de los llamados derechos o más bien de los que poseen el poder de reprobar?
Nuestro autor nos confiesa que para él mismo fue un sorprendente descubrimiento ver la continuidad histórica con la que el gnosticismo supo ir mutando en diferentes variantes y con qué relativa facilidad se impone, por la pregnancia de sus ideas y su belleza, pues algunos ya están salvados desde que nacen, al margen de sus obras. Si fuera así ¿habría que interpretar la historia y el presente con criterios diferentes a los habituales? El lector queda comprometido a poner a prueba sus esquemas anteriores confrontándolos con los que presenta FMPH.

Más allá de imperios y de naciones, 4 | El fin de la arrogancia feudal-nacional europea
Fernando Miguel Pérez Herranz
Eikasía, 530 páginas 20 euros
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