El "Tigre" de papel, un siglo y aún en pie
"Cultura" conmemora el Día del Libro con el centenario de la novela cumbre de Ramón Pérez de Ayala, que, despojada de toda la modernidad literaria que prometía, mantiene plena vigencia en el debate sobre violencia de género y nuevas masculinidades

Ramón Pérez de Ayala. / Pablo García
Cuando en 1926 "Tigre Juan. El curandero de su honra" recibió el primer Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Bellas Artes, la novela de Ramón Pérez de Ayala, su última incursión en la ficción de larga distancia y su cima literaria, el libro fue saludado como un hito de la modernidad. Venía la obra precedida por el debate público con Ortega y Gasset. "La Deshumanización del arte" se había publicado un año antes, y la vuelta de tuerca que el escritor asturiano ejercía ahora en esta novela doble sobre el mito de Don Juan venía a ser una respuesta formal a las posibilidades del género narrativo como artefacto transformador de la sociedad y vehículo para el debate de las ideas. Pasados cien años de todo aquello, las páginas de "Cultura" de LA NUEVA ESPAÑA celebran este 23 de abril, Día del Libro, con una nueva lectura de las peripecias de aquel curandero de Pilares y sus demonios interiores. En la distancia del siglo, la gran novela de Pérez de Ayala palidece en las innovaciones narrativas que promovía en su momento, pero este "Tigre" de papel se mantiene vigente en el plano de las ideas donde establecía, ya desde aquel 1926, su campo de batalla. La violencia de género como problema nacional y las nuevas masculinidades como solución que la novela de Pérez de Ayala propugna tomando como ejemplo al tendero del mercado del Fontán siguen estando plenamente vigentes. En su afán por alumbrar una novela de ideas, las ideas permanecen, pero la novela, como artefacto literario, queda desdibujada desde el aquí y ahora.
El siglo que juzga hoy a Pérez de Ayala pesa también para otras cumbres literarias europeas de su generación, como el "Ulises" de Joyce (1922) o "La montaña mágica" de Thomas Mann (1924). Y en detrimento del asturiano hay que decir que la lectura de aquellos clásicos resulta hoy más próxima que la del nuestro. No es que Pérez de Ayala no sea ágil y depurado en su estilo. El tono impresionista de la novela, el sutil uso de los matices pictóricos y melódicos en la narración, sigue ofreciendo ejemplos prodigiosos: "Esta señora tenía mondo, sin una sola hebra, el cuero cabelludo. Pintábase todas las mañanas el cráneo con un corcho quemado, de suerte que fingiese una cabellera partida en dos bandas; la raya central la sacaba raspando con una aguja de hacer calceta. Boca sin labios, exigua, fruncida, de ojal. Ojillos de ratón. Toda se volvía dengues, ronces y melindres", cuando presenta a Marica. O a la sirvienta del protagonista: "Una criada viejísima, tuerta y con jeta de bruja, la Güeya de apodo, le traía al puesto un humeante pote de barro vidriado, que Tigre Juan colocaba entre las rodillas y de él comía despaciosamente, con cuchara de boj". Pero la evolución de la trama, el conjunto de esta doble novela –"Tigre Juan"/ "El curandero de su honra"– va quedando lastrada por la pretensión del proyecto fundacional de Pérez de Ayala de una novela de las ideas, de una narración psicológica que desarrolla más los arquetipos que los personajes, aunque sea ágil en el diálogo y especialmente generosa en la introducción de términos tomados del asturiano, como destaca en los momentos en que Tigre Juan acompaña al Campillín a Nachín de Nacha: "Con veinte años de vieyura más que tú sobre los llombos, manténgome en mi parecer como de zagal, que deprendí a discurrir a mi ideas, Xuan".
Pérez de Ayala trabaja el diálogo en "Tigre Juan" como debate de ideas, desarrollando en los personajes la dialéctica de los conceptos, proyectando toda la obra como una gran reflexión transformadora sobre algunas ideas que vertebraban a la sociedad española. En este caso, el donjuanismo, el honor, la relación entre sexos, la cuestión del género. La resolución formal de esta temática, la pura literatura, no se puede decir que haya resistido satisfactoriamente el paso del tiempo. Sin establecer agobiantes comparaciones en el terreno europeo, si uno se limita al plano nacional, hay que conceder que las soluciones formales aportadas por Valle-Inclán o Lorca en el género dramático resultan hoy mucho más contemporáneas que los experimentos narrativos de Pérez de Ayala.
Porque sí, hubo en "Tigre Juan" algunas audacias dignas de aplauso, como el momento en que los dos protagonistas se separan y la novela trata de sobreponerse a esta condena del tiempo lineal con una maquetación en columnas que finge ofrecer al lector una lectura simultánea de las dos tramas. Pero no hay tal. Estas escaramuzas parecen hoy más rarezas tipográficas que soluciones formales dignas de incorporarse al canon. Lo que en ese momento se saludó como una novela moderna está más próximo hoy a una narración convencional. Otra cosa, muy distinta, es la temática y la forma en la que Pérez de Ayala plantea, tan pronto, un proyecto reformista a través de la ficción.
Los males que "Tigre Juan" diagnostica están bien focalizados. Un siglo después, la sociedad española sigue siendo machista. La violencia de género como la podría haber ejercido Tigre Juan está todavía inserta con plena vigencia en el día a día nacional. E incluso una imagen como la que Pérez de Ayala regala al final de la novela sigue resultando hoy igual de probable: apaciguados sus demonios internos, Tigre Juan viaja en tren a Madrid acompañado por su familia. Lleva a su bebé a cuestas como tantos hombres lo portarían hoy, en una mochilita, e intenta darle el pecho con un biberón a semejanza de como lo haría la madre. Esta paternidad corresponsable a la que Tigre Juan llega después de haberse desprendido de los modelos de masculinidades tóxicas insertas en la tradición nacional provoca las chanzas de otros viajeros, como hoy, quizá sotto voce, también sucedería, ejemplo de que esos debates siguen abiertos. La "machosfera" alimentada por "realities" y tiktoks propugna un regreso a la caverna de la que hace cien años Tigre Juan salió para renacer como hombre nuevo, repuesto de sus temores y complejos y decidido a contribuir a una sociedad más provechosa, libre y justa.
Leer hoy "Tigre Juan. El curandero de su honra" puede no resultar tan literariamente satisfactorio como volver a "La montaña mágica", pero en el plano de las ideas donde el asturiano encaramó sus exigencias, allí todavía hay partido y Pérez de Ayala lo sigue peleando.
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