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Cambio de rumbo

Los jóvenes encabezan el crecimiento en la asistencia a los conciertos de música clásica

Niños en un concierto en el teatro Campoamor.

Niños en un concierto en el teatro Campoamor. / NACHO OREJAS

Cosme Marina

Cosme Marina

En los últimos meses se han publicado varios estudios referentes a las audiencias de la música clásica que analizan la evolución de sus flujos a lo largo de la última década, y los resultados son sorprendentes.

En contra de lo que podría pensarse a primera vista, se está experimentando, en todo el mundo, un crecimiento importante de la asistencia a los conciertos de música sinfónica y camerística y, curiosamente, el aumento se aprecia en la franja de espectadores más jóvenes, los menores de 30 años.

Cualquiera que trabaje en el sector y tenga una mínima capacidad de observación habrá percibido que en los últimos tres o cuatro años se está procediendo a una lenta y paulatina renovación del público y esta llega por espectadores más jóvenes con acercamientos muy diferentes que están cambiando los hábitos de compra y asistencia, tan asentados en el sector. Un relevo que toma el testigo a las generaciones veteranas que se vieron especialmente afectadas por la pandemia.

Los abonos han sido históricamente el pilar de los ciclos de conciertos sinfónicos. Sin embargo, ahora la compra ya no se anticipa tanto y se prefieren ofertas temáticas, es decir, abonos más cortos centrados en un instrumento o, por ejemplo, en proyectos líricos. Se ha producido un hecho novedoso: crecen perfiles de público diferenciados. Sigue habiendo un sector "omnívoro" que acude a todo, pero no sólo a los conciertos, también va al teatro, a la oferta lírica, al cine. Y conviviendo con ellos está otro bloque que se centra en una oferta determinada, así como aquellos que se refugian en lo que se programa sólo en la semana laboral, mientras que otros lo hacen exclusivamente el fin de semana. Es decir que hay una variedad creciente de la demanda que, sin duda, también obliga a una mayor flexibilidad en la oferta.

Una ciudad como Oviedo es en esto un perfecto laboratorio y me extraña que no exista en nuestra universidad un buen estudio al respecto. Quizá está hecho y yo no lo conozco; pero sería muy interesante ver la evolución del comportamiento de un público que supera ampliamente las cien mil asistencias anuales, algo insólito en una ciudad del tamaño de la capital del Principado. Ahí está el fruto del trabajo de décadas, de sucesivas generaciones y del apoyo de las instituciones públicas, claves para lograr ese apego de una sociedad civil también muy implicada. Con una historia gloriosa y un presente más que notable, es llamativo que nunca se haya optado a convertirse en Ciudad Creativa de la Música, el reconocimiento de la UNESCO para aquellas urbes que han ubicado a la creatividad musical como un factor estratégico de su desarrollo. Quizá el camino a la capitalidad europea de la cultura 2031 pueda ayudar. Y más aún en un momento de crecimiento sostenido del sector que, sin duda, irá a más en los próximos años.

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