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La dignidad moral de Andrés Vidau

Una galería de Madrid expone la obra visionaria del pintor ovetense, truncada por la Guerra Civil

«Mercado ancestral», de 1947.

«Mercado ancestral», de 1947. / .

Luis Feás Costilla

Luis Feás Costilla

Alegoría de los sentidos

Andrés Vidau (1908-1965)

Galería Ra del Rey

c/ Reina 11, bajo, Madrid Hasta el 7 de mayo

Es una obligación, y casi un deber moral, conseguir que los artistas asturianos traspasen los estrechos límites de la provincia. Y, para los artistas del norte, Madrid sigue siendo su centro, se quiera o no; porque, aunque parezca mentira, el arte que no pasa por su filtro no existe, por ese centralismo característico que también afecta a los medios de comunicación supuestamente nacionales, pero que tienen su sede en la capital. Los herederos de los artistas lo saben y ponen todo su empeño en tratar de hacer una exposición allí, muchas veces sin apoyo institucional y con el voluntarismo propio de lo afectivo, teniendo como única satisfacción la mera sensación de haberlo logrado.

«Joven con sombrilla», de 1927

«Joven con sombrilla», de 1927 / .

Es lo que ha hecho, con gran esfuerzo y en una exhibición no venal, uno de los sobrinos de Andrés Vidau, que además es su principal coleccionista. Vidau (Colloto, 1908-Oviedo, 1965) es uno de esos interesantísimos pintores de los años treinta del pasado siglo que vieron truncada su carrera por la Guerra Civil. Sastre de profesión, realizó su primera exposición individual en 1932, en el Ateneo Popular de Oviedo, y por concurso-oposición obtuvo una beca de la Diputación Provincial para cursar estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. En 1934 expuso su trabajo en la Diputación y un año más tarde, en 1935, en el histórico café Peñalba de Oviedo. Por aquel entonces practicaba una pintura de composición post-expresionista, cercana al realismo mágico.

También era evidente la influencia de El Greco, que se adecuaba perfectamente a su carácter religioso y dramático. Ya Manuel B. Cossío, en su estudio del pintor cretense, lo juzgaba como posible modelo "para toda especie de simbolistas y decadentes, para los delicuescentes, para las psicologías complicadas, para el misticismo alegórico, para las misteriosas visiones, para los infinitos aspectos, en suma, del neoidealismo literario y pictórico, que hallarán en la sutil espiritualidad de las neuróticas figuras del Greco, en el transcendentalismo poético que las envuelve, mucho que responde a su unánime protesta contra la nula reproducción de la realidad, ya grosera, ya vacía de conceptos y sin alma".

«Paisaje», de 1946.

«Paisaje», de 1946. / .

En la Revolución de 1934 un hermano suyo, socialista, fue herido y acabó preso en la cárcel modelo. Durante la Guerra Civil, Andrés desempeñó cargos de cierta responsabilidad en el Ejército de la República, por lo que fue recluido después en un campo de concentración en Alicante. Vidau militó a partir de entonces entre los vencidos, pero manteniendo, eso sí, toda la dignidad y las mismas convicciones políticas. Tras la contienda practicó un atrevido paisaje expresionista, que mostró por primera vez en la Exposición Nacional de Pintura y Escultura de 1942, organizada en Oviedo por el pintor José Ramón Zaragoza.

Vidau se concentró sobre todo en los paisajes urbanos de Oviedo y en las vistas de la Sierra del Aramo, pintadas con cielo de tormenta, tratadas con dramatismo, como una hecatombe, como un cataclismo, como en el Apocalipsis (no en vano tituló así uno de estos paisajes). Estos cuadros, realizados en un momento de trabajo infatigable, mostraban una Asturias sombría y solitaria, desusada. Eran paisajes pintados al aire libre, pero que trataban tenebrosamente el espacio, lo hacían hosco, agrio, siempre dramático, y envolvían la tierra en la misma acritud. A veces, un golpe luminoso, un verde agradable como un asidero de luz y cierto afán de prolongarse a lo largo, alejando los horizontes. Tales excesos exasperaban al público y le valían duros comentarios.

Sin duda acosado y acusado de pintor triste y oscuro, de visionario de una Asturias dramática, que algunos vincularían con su pasado republicano, Vidau decidió soltar su mano en exposiciones como la celebrada en la Universidad de Oviedo de 1945, en la que mostró horizontes más claros y luces más brillantes, para contentar a los demás, aunque sin convencimiento, como señala su biógrafo Manuel Fernández Avello. Sin embargo, no le fue posible modificar su forma de ser y su pintura acabó siendo como siempre fiel a su temperamento. Poco después, Vidau decidiría abandonar Oviedo y buscar fuera de Asturias lo que no había encontrado todavía, concretamente en Barcelona, donde participó en los Ciclos de Arte Nuevo organizados por Ángel Marsá y practicó una pintura geométrica proyectada hacia la cuarta dimensión, influido por la teosofía y otras creencias esotéricas finalistas.

También realizó interesantes retratos y escenas costumbristas, de temas marineros, mercados ancestrales y danzas asturianas que "son lucubraciones que actualizan una metafísica de la danza como rito de los tiempos perdidos en la prehistoria", según señaló José Fernández Buelta con motivo de su última exposición en vida, celebrada en la Caja de Ahorros de Oviedo en 1962. Parte de todo esto, lo mejor que su pariente ha conseguido reunir, se puede apreciar en la actual exposición, en un espacio para las artes creado dentro del tejido asociativo madrileño.

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