Pasión y Gloria de John Kaltenbrunner
"El amo del corral", de Tristan Egolf, es el viacrucis de un desgraciado, un Job del Medio Oeste

Cultura - Libros
Las mayúsculas que coronan esta lectura no son incidentales. Surgen del arrebato, del exceso, de la hipérbole que es "El amo del corral", la novela que instaló a Tristan Egolf, su autor, en la efímera fama que se le supone a un meteoro de las letras norteamericanas. Publicada originalmente en francés, en Gallimard, en 1998, cuando Egolf tenía 27 años, gracias a la mediación de Patrick Modiano (pues nada, o muy pocas cosas, siguieron el cauce de lo habitual en la vida de un escritor que se quitaría de en medio a los 33 años disparándose un tiro en la cabeza), "El amo del corral" no es un texto apto para tibios. Enamora o repele. No es posible permanecer indiferente o moderado ante él, aquietarse en un educado aplauso o apartarse con un leve disgusto, pues la materia de la que está hecho (el asco, la crueldad, el vértigo de las existencias desesperadas) obliga a un trato con su prosa que interpela a la inteligencia pero en especial a la víscera, que dialoga con la razón de una estructura meditada, pero que al tiempo convive con una peripecia que se mueve entre lo dantesco y lo gogoliano, a veces sublime, muchas otras procaz y chabacana, siempre irredenta.
Se ha sugerido que Egolf es heredero del maldito John Kennedy Toole y del excéntrico Thomas Pynchon, y que John Kaltenbrunner, el héroe siniestro y, al tiempo, naíf de "El amo del corral" podría haber nacido del cruce entre Ignatius J. Reilly, el protagonista de "La conjura de los necios", y el Capitán Dominus Blicero de "El arcoíris de gravedad". Con ser afinidades plausibles, la magia del personaje no se agota en esas figuras tutelares, sino que funda una religión literaria propia, el kaltenbrunnismo, con sus apóstoles y sus némesis, con su Tabla de la Ley y su Mar Rojo, y por supuesto con su Caída y su Redención.
Ambientada entre Kentucky e Indiana, y narrada por una voz que se inserta con destreza en un nosotros colectivo, "El amo del corral" es, en realidad, el viacrucis de un desgraciado, alguien que desde su nacimiento encadena una serie de desdichas sin medida, y que, como un Job del Medio Oeste, apechuga con una vida que, al modo de una pila, se va cargando de odio y rabia, hasta explotar en una desquiciada fábula en torno a los parias de la tierra cuando Kaltenbrunner, guiado por un espíritu de revancha, encabeza una huelga de basureros (la hez de la hez en la escala social) que pone patas arriba el statu quo de la comunidad de Baker, en el llamado Cinturón del Maíz. Cada lector habrá de arrimar el fuego de esa parábola a la antorcha que le interese. En mi reencuentro con Kaltenbrunner, yo no he podido dejar de encontrarme, de nuevo, con la voz bronca y feroz de los expulsados del banquete, con la Pasión y Gloria de quienes, habiéndolo perdido todo, apenas disponen de su muerte para recordarnos que estaban vivos.

El amo del corral
Tristan Egolf
Traducción de Jaime Zulaika
Seix Barral, 536 páginas, 23,90 euros
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