La simultaneidad
"En todo hay una grieta y por ella entra la luz": la novela astillada y sin centro de Patricio Pron

Cultura - Libros
Un escritor se dispone a escribir una biografía sobre Benjamin Fondane, poeta y cineasta francés de origen moldavo, habitual del surrealismo francés, autor de una película maldita en Buenos Aires y exterminado en Auschwitz.
Uno puede haber encontrado el personaje y el tema adecuados para iniciar un proyecto. Investiga, lee. Toma innumerables notas. Investiga, lee. Hasta tiene un plan que seguir pero, sorpresivamente (o no), la escritura se astilla en otras escrituras; desaparece el centro de gravedad y cualquier tentativa de jerarquizar un texto que opta por cuestionarse a sí mismo.
Decir lo que acabo de decir es un intento de embocar la nueva novela del escritor argentino Patricio Pron, "En todo hay una grieta y por ella entra la luz"; y la palabra "intento" es fundamental para referirse a la obra de un autor que concibe la ficción, no como el camino ejemplar y resolutivo de las historias que se cuentan junto al fuego, sino como un ensayo; un escarceo brillante que pesa más por sus tanteos que por sus esfuerzos.
"En todo hay…" no es una excepción: la vida irrumpe con fuerza y azar a partes iguales para desviar, dilatar o posponer el proyecto Fondane. Aunque la expresión más adecuada tal vez sea transformar.
Fondane sigue siendo el humus para una historia que dispersa sus focos y se concentra en vislumbrar el horizonte de lo que podría ser un nuevo humanismo. Así se expresa Pron en una nota final de agradecimiento: "‘En todo hay una grieta y por ella entra la luz’ es también una invitación a entender la naturaleza y nuestro vínculo con ella como una construcción cultural: es decir, como algo que no siempre fue como es y puede ser de otra manera; por ejemplo, de una más justa para con nosotros y para con las personas no humanas que nos rodean".
Al igual que el escritor, la novela quisiera no tanto ser fiel a una identidad como escapar a cualquier intento de definición. Un camino para ello pudiera ser proponer una simultaneidad sólo al alcance del teatro y la poesía. Y es aquí donde Pron incorpora a su historia el principal recurso formal: el juego de las notas a pie de página: el texto en teoría principal comienza para fracturarse en una nota a pie de página que a su vez se fractura en otra… y así. ¿Capricho, estilismo retórico? En absoluto: coherencia entre fondo y forma. Que el lector discierna y discrimine si quiere. O si prefiere: que todo esté en todo y viceversa.
"Dos dias después, sin embargo, sucedió el acontecimiento y ya no pude escribir ese libro nunca". La duda que se suscita entonces es que, tal vez, ese libro no escrito sea este libro escrito y ahora reseñado. De todos modos, a partir de aquí se diluye la irresistible ascensión de las tramas y la novela adquiere una atractiva naturaleza de deriva.
Pron deposita la narratividad en su habitual lucidez y va adquiriendo la historia un cariz político en el sentido más primigenio y transversal del término: "El único propósito de la acción política, y todo su contenido, consiste en decidir qué hacer con los cuerpos y, a continuación, simular que se discute sobre otros asuntos". Y pensar que no hay camino más político que el de considerar que no hay respuestas simples; que todo sucede a la vez: lo mejor y lo peor; que todo tiene una causa y una consecuencia; que todo puede ser un Aleph de Borges desde el que se observa la simultaneidad del mundo; que un libro puede ser un lugar que sea un juego, sin jerarquías, donde el azar y las coincidencias se vieran reflejadas. A Borges acabo de citarlo. Y Auster: "En todo hay una grieta y por ella entra la luz" es la música del azar. Y la idea de Cohen. La luz que consigue hacerse paso y remontar fragmentada en el hermoso inventario con el que concluye la novela: "Vi el viento. Vi la crecida y la sequía. Vi el polvo en la lengua y el sudor en el rostro. Vi brevemente las luciérnagas. Vi el latido del corazón del corazón del mundo".

En todo hay una grieta y por ella entra la luz
Patricio Pron
Anagrama, 232 páginas, 18,90 euros
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