Guardianes del tiempo
Las obras de Fernando Barrios son memoria, huella y cicatriz

"Escombrera MMM" (ladrillo, hormigón, pintura acrílica y papel). / Enea Agra
El ojo que no perdona
Fernando Barrios Benavides
Galería Llamazares, c/ Instituto 23, Gijón. Hasta el 22 de mayo
Vuelve a sorprender Fernando Barrios Benavides con su nueva propuesta, "El ojo que no perdona", en la galería Llamazares de Gijón. Y no solo por el interés de su trabajo más reciente, también por los cambios y nuevos registros estéticos que se advierten respecto a la exposición anterior, en 2023, en esta misma galería. En aquella ocasión nos percatamos de su "vuelta de tuerca" a las disciplinas plásticas de la pintura y la escultura. Distanciándose de cualquier convencionalismo, presentaba piezas "pictóricas" que recordaban muros deteriorados con acumulación de materiales, grafismos, siluetas de figuras y rostros esquematizados que se acercaban a los grafitis, e incluso, estilísticamente, remitían al mundo marginal que ocupó galerías y museos de manos de Jean Michel Basquiat. Ahora la figuración casi se desvanece integrándose, confundiéndose o sencillamente insinuándose como palimpsestos bajo capas de materia pictórica abstracta. El planteamiento ha cambiado y el concepto se ha pulido, pero los recursos reafirman una personalidad plástica muy definida. Como en la exposición anterior, conviven técnicas y materiales diversos, pintura acrílica, grafito, tinta china, collage, decollage y cemento, en algún caso yeso; sin embargo, la diversidad de soportes (tabla, lienzo, papel y cartón) ha quedado reducida ahora a la tabla, aportando homogeneidad al conjunto y una solidez que potencia la sensación de muro.

"Fosilizado" / Enea Agra
Estamos ante una pintura contenida, menos visceral, menos narrativa pero que, en contrapartida, está repleta de matices que hay que observar desde la cercanía y que se muestran potenciados por una drástica reducción cromática. Aquellos rojos, amarillos y azules tan poderosos, tan condesados, un poco pop en su planismo aparente, ahora se han desvanecido. El reduccionismo cromático es absoluto, dominan el negro, gris y, sobre todo, el blanco, buena parte de las superficies están ocupadas por un blanco que propicia una quieta contemplación de cada obra. Detenernos ante ellas es descubrir infinidad de huellas que hablan del tiempo y del pasado. Se percibe algo profundamente reflexivo y existencial que el texto de presentación de Héctor San José ayuda a comprender: "Esta arqueología de la arquitectura moderna partió de un trabajo de investigación que desarrolló en uno de sus anteriores estudios situado en el barrio de Fuencarral de Madrid. Para llegar a él, debía cruzar varios descampados repletos de escombros de edificios derrumbados. En ellos reconoció formas caprichosas, atractivas y, también, restos de su anterior vida. Muchos de esos desechos conservaban huellas de actividad humana: papel pintado, gotelé, capas de pintura acrílica sobre más capas de pintura. Eran recordatorios de vidas, de las decisiones que esas personas olvidadas habían tomado en sus espacios más íntimos e importantes, en la privacidad de sus hogares, sus refugios".

Detalle de "Fosilizado". / Enea Agra
El artista no solo se siente atraído estéticamente por ese material de derribo, lo recupera y da una nueva vida. En la muestra anterior ya se mostraban algunos de esos escombros "rehabilitados", piezas tridimensionales que, estética y conceptualmente, se mueven en el ámbito del arte povera. Ahora, en "El ojo que no perdona" presenta una de estas singulares piezas, "Escombrera MMM" (ladrillo, hormigón, pintura acrílica y papel), una "escultura" de 42 x 22 x 12 cm., que remite al deterioro y abandono, un icono cargado de connotaciones que trascienden desde el ámbito personal al social y que recuerda propuestas estéticas que, siendo distantes formalmente, poseen un mismo poso crítico y reflexivo.
Cuando Pierre Huyghe realiza su "Guardián del tiempo", proyecto "site-specific" de perforación de una de las paredes del espacio expositivo, revela las distintas capas de construcción. intervención y reforma del edificio, una auténtica mirada estratigráfica hacia su historia. Las distintas modificaciones en su estructura son manifestación clara de nuestros propios cambios, huellas y cicatrices que, al igual que nos recuerdan estas obras de Fernando Barrios, permanecen latentes en los lugares que hemos habitado. Algo de nuestro ser queda impregnado allí para siempre, aunque intentemos desentendernos de ello abandonándolo a su suerte en algún descampado.
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