Bloc de notas
De la normalidad al horror, solo un paso
Donald E. Westlake retrata en "El despido" el desgaste psicológico del desempleo que conduce al crimen

Donald E. Westlake. / LNE
Empujado por la afición a la novela negra seguí durante el pasado siglo a Donald. E. Westlake (1933-2008), veterano autor neoyorquino de suspense que también firmó bajo el seudónimo de Richard Stark. A uno de los protagonistas de su obra, Parker el antihéroe de "A quemarropa", no cuesta identificarlo con Lee Marvin, el actor que lo encarnó en la película del mismo título, dirigida por John Boorman y estrenada en 1967, puro hard boiled. "El despido", que no había leído hasta ahora y que también ha inspirado una película coreana reciente, "No hay otra opción" (2025), tiene poco que ver con esa efervescencia violenta descrita a mamporros, pertenece de lleno a una subclase del género de suspense que practica la disección social hasta extremos que a simple vista podrían parecerle disparatados a cualquiera. La novela parte de una premisa tan absurda como inquietantemente plausible, la de un ejecutivo desempleado, incapaz de reinsertarse en el mercado laboral tras años de experiencia, que decide eliminar físicamente a sus competidores directos para aumentar sus posibilidades de conseguir un puesto de trabajo. Pero lo que en un primer momento parecería una sátira negra llevada al extremo acaba transformándose en una de las críticas mas feroces y lúcidas contra la precarización del individuo en el capitalismo contemporáneo. De hecho, anticipa muchas de las angustias de hoy relacionadas con la obsolescencia profesional, la competitividad exagerada y la deshumanización corporativa. Aunque fue escrita antes de la expansión de la economía digital y la hiperflexibilización laboral, su diagnóstico sigue siendo demoledoramente actual. Burke Devore, el protagonista, pertenece a esa generación de trabajadores formados para creer en la estabilidad y el ascenso profesional, solo para descubrir postreramente que las empresas no sienten ninguna lealtad hacia quienes las sostienen. El mercado laboral aparece como un ecosistema salvaje donde la experiencia puede convertirse de pronto en un lastre y en el que la edad funciona como una condena silenciosa.
"El despido" trata de un hombre de mediana edad que ha perdido su empleo después del cierre de la empresa donde trabajaba. Lleva meses enviando currículos, escribiendo cartas, llamando a contactos y enfrentándose a entrevistas humillantes sin resultado positivo alguno. Westlake describe con precisión el desgaste psicológico del desempleo prolongado, la erosión de la autoestima, la sensación de inutilidad, el miedo económico y, sobre todo, la invisibilidad social. Burke no es un marginado ni un psicópata evidente; es un profesional competente al que el sistema ha expulsado silenciosamente. Ahí reside el verdadero horror de la novela; su gran acierto consiste en que nunca presenta los crímenes como actos impulsivos nacidos de la locura. Burke planifica metódicamente cada asesinato con la misma lógica administrativa con la que antes organizaba proyectos empresariales. Investiga perfiles, rastrea candidatos, calcula riesgos y ejecuta operaciones con fría eficiencia. El crimen se convierte así en una extensión monstruosa de la competitividad laboral. En un mercado donde todos luchan contra todos por un número limitado de puestos, Westlake lleva la lógica meritocrática hasta su consecuencia más brutal: si los demás son obstáculos para tu supervivencia, eliminarlos dejará de parecer irracional.
La novela funciona entonces en dos niveles simultáneos. Por un lado, es un thriller muy eficaz. Westlake domina el ritmo narrativo y administra la tensión con precisión de relojero. Cada encuentro entre Burke y sus futuras víctimas está cargado de ansiedad porque el lector ya sabe que detrás de conversaciones aparentemente normales se esconde una intención homicida. La narración en primera persona intensifica además la incomodidad moral. De repente nos vemos atrapados dentro de la mente del asesino, compartiendo sus razonamientos, sus dudas y justificaciones. En esa mente opera una evidente razón social, Burke no mata por placer ni por codicia desmedida. Lo hace porque tiene miedo a caer definitivamente fuera del sistema, a perder su casa, su identidad y su lugar en el mundo. Westlake retrata una sociedad donde el trabajo no es solo un medio de subsistencia; para su protagonista significa el núcleo mismo de la dignidad personal. Cuando el empleo desaparece, también lo hace la sensación de existir. El desempleado deja de ser visible incluso para sí mismo. La ambigüedad moral de Burke Devore vuelve perturbadora la lectura de "El despido", una novela que explica cómo la distancia entre la normalidad y el horror es a veces mucho menor de lo que creemos. Westlake se encarga de que lo tengamos en cuenta.

El despido
Donald E. Westlake
Traducción de Ce Santiago
Muñeca Infinita, 352 páginas, 24 €
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