La risa y el plomo
"Se acabó el recreo", de Dario Ferrari, pasa de la tragicomedia a la novela de formación para construir un personaje indolente que aprende a decir "no"

Libros
Ha conseguido Dario Ferrari con "Se acabó el recreo" algo así como la cuadratura del círculo: levantar una hilarante novela de campus, con las intrigas, rencillas y pequeñas miserias propias de la comunidades académicas (en el caso presente, el mundo de referencia es el de los doctorandos en Literatura), y hacerla dialogar con una conmovedora reflexión acerca de las estrategias de la violencia ejercidas tanto por el Estado como por los grupos revolucionarios de izquierda que convirtieron Italia, durante unos cuantos años del último tercio del siglo pasado, en un polvorín.
El principal logro de la novela, ese diálogo entre el gatopardismo universitario y el intento de transformación del mundo a través de las prácticas terroristas, se sostiene en el hallazgo de una voz inolvidable, la del protagonista de la novela, Marcello, un hombre que, ingresado en su tercera década de vida, halla que su mayor y más firme vocación es la abstinencia a la hora de tomar decisiones. Reacio a seguir en el negocio del bar familiar, embarcado en una relación de pareja tan plácida como previsible, sin ambiciones claras y esclavo de un peterpanismo memorablemente descrito, Marcello recuerda a los vitelloni de la película de Fellini que se conforman con dejarse llevar por el río de la vida. El miedo al compromiso y la ausencia de objetivos son los pilares de una existencia tibia y complaciente. Pero ese statu quo saltará por los aires cuando Marcello solicite sin mayores esperanzas una beca de doctorado que, por azares deliciosamente descritos, acabarán por concederle. El objeto de investigación de esa beca será un paisano suyo, Tito Sella, quien, aparte de publicar unos pocos libros, participó en los años de plomo que sacudieron Italia como parte de un grupo denominado Ravachol, en homenaje al célebre anarquista francés.
Ese tránsito de lo académico a lo existencial, la búsqueda de las fuentes vitales de un hombre que combinó palabras y hechos para intentar construir un presente más justo, provoca en Marcello una conmoción que le obliga a reconsiderar el conjunto de su estructura emocional, sin que por ello la novela pierda, en ningún momento, su extraordinaria agudeza humorística y su capacidad para convertirse en un retrato nada complaciente de cierta masculinidad en crisis. Pues, en realidad, lo que a Marcello le sucede es que, al descubrir a ese paisano suyo arrinconado por la memoria de su época, se le revelan, en buena medida, las costuras heridas de su propia vida.
Y así, "Se acabó el recreo", que arranca como una tragicomedia ligera, acaba, mediante los paralelismos insinuados entre las vidas de Tito y Marcello, por convertirse en una notable novela de formación, cuyo tema capital no es otro que la dignidad, el derecho que nos asiste a decir "no" ante ciertas realidades, la capacidad de mudar el curso de los acontecimientos mediante nuestras acciones, la obligada conquista de una mayoría de edad permanente a la que nos empujan los compromisos, grandes o pequeños, que vertebran y definen nuestras vidas.

Se acabó el recreo
Dario Ferrari
Traducción de Carlos Gumpert
Libros del Asteroide, 400 págs., 24,95 €
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