De la "femme fatale" a "Lady Detective"
José A. Bonilla recorre el papel de la mujer en el mundo de la ficción criminal y en el de la realidad policial desde mediados del siglo XIX

Cultura - Libros
Alejandro M. Gallo
La mujer en el mundo de la ficción criminal y en el de la realidad policial ha ido ocupando tres ámbitos. El primero sería su incorporación a los cuerpos policiales y, más en concreto, en unidades dedicadas a la investigación. En segundo lugar, las escritoras que abordaron la narración detectivesca en sus orígenes, tanto en España como en el extranjero. Y, por último, el lugar ocupado por las mujeres y su evolución en la narrativa negra desde Edgar Allan Poe hasta hoy. José A. Bonilla (Sabadell, 1969), rastrea en "Lady Detective" esas tres facetas en la historia y en la literatura, comenzando por el papel decisivo de las mujeres en los campos de la investigación criminal y el espionaje.
Abre su ensayo a mediados del siglo XIX, en el momento que Allan Pinkerton creó su prestigiosa agencia. Ante él se presentó Kate Warne para un puesto de detective y, pese a las reticencias iniciales, fue contratada en agosto de 1865. Su labor se centró en la investigación y el espionaje, decisivo en la Guerra de Secesión, que le permitió descubrir el Complot de Baltimore contra Abraham Lincoln. Pinkerton lo narraría con detalle en "The Spy of the Rebellion" (1883). Esa labor no quedó ahí, pues formaron las Pinkerton Ladies o Pink Ladies, una división de mujeres detectives, entre las que se entraban Mary Louvestre, Mary Edwards Walker o Miss Seaton, como detalla Chris Enss en "The Pinks: The First Women Detectives" (2017).
A continuación, Bonilla aborda las nuevas técnicas de fotografía, análisis de huellas y dactiloscopia empleadas desde 1868 por Mary E. Holland, apodada "Lady Fingerprint", perito especialista en diferentes juicios y asesora e investigadora en varios casos. El más famoso fue el del asesinato de la viuda Margaret Grippen, donde la única pista eran tres huellas dactilares con sangre del asesino en el cristal de una linterna depositada bajo un chal sobre la chimenea de la vivienda de la víctima.
El autor cierra este apartado con una serie de mujeres que ingresaron en los cuerpos policiales recién creados, entre las que se encontraba Alice Stebbins Wells, la primera mujer policía en Los Ángeles, que fundó la asociación de mujeres policías de esa ciudad. Así, hasta una docena de mujeres que fueron vitales para el avance de la criminalística en diferentes policías del mundo hasta llegar a Frances Glessner Lee, fundadora del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Harvard y nombrada capitana honoraria de la policía estatal de New Hampshire. Inspiró en la serie "CSI-Las Vegas" el personaje de la asesina de la casa de las muñecas. Después, Bonilla pasa revista a las mujeres detectives en España, donde amplía con datos el excelente ensayo de José Luis Ibañez, "Todo lo oye, todo lo ve, todo lo sabe" (2020).
En el campo de la ficción, nos descubre a Irene Adler, personaje creado por Conan Doyle en el universo Sherlock Holmes, cuya primera aparición fue en "Escándalo en Bohemia" (1891) y que ha pasado a la historia como la única mujer capaz de engañar y vencer al singular detective. Más adelante, vendrían los personajes femeninos creados por Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, Gladys Mitchell o Josephine Tey, dentro del subgénero denominado whodunit (contracción de "who has done it?").
En la variante hard-boiled, nacida en el periodo de entreguerras y su reflejo en el cine negro de la época, Raymond Chandler, Dashiell Hammett, James M. Cain o Jim Thompson asignaron el papel de femme fatale a sus personajes femeninos. Otro rol establecido fue la de afamada ama de casa, confidente y soporte emocional del detective, como el caso de Louise Maigret, esposa del comisario Jules Maigret creado por Georges Simenon o, en la actualidad, Adriani Jaritos, la esposa del comisario Kostas Jaritos de Petros Markaris.
Entre las primeras mujeres escritoras, nos muestra a Anna K. Green, con su novela "El caso Leavenworth" (1878). En España, la primera fue Emilia Pardo Bazán, con "La gota de sangre" (1911), muy influenciada por Conan Doyle. La primera detective española fue Lònia Guiu de Marià A. Oliver (1985). Y la primera no humana la creó Rosa Montero en "Lágrimas de lluvia" (2011).
Bonilla termina el ensayo desglosando las protagonistas en el cine y en el comic, con lo que concluye un trabajo de investigación indispensable en las bibliotecas de los amantes del género.

Lady Detective
José A. Bonilla
Reino de Cordelia
192 páginas, 22,95 euros
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