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Frágil democracia constitucional

José Tudela Aranda, fallecido en febrero, analizó en su último libro el debilitamiento del Estado de Derecho y de la idea de limitación del poder

José Tudela Aranda.

José Tudela Aranda. / LNE

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Ramón Punset

Ramón Punset

Fallecido el pasado febrero, José Tudela Aranda, Letrado de las Cortes de Aragón, Secretario General desde su creación en 2002 de la muy relevante Fundación Manuel Giménez Abad de Estudios Parlamentarios y del Estado Autonómico y Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Zaragoza, deja tras de sí muchos logros. No es el menor de ellos el unánime sentimiento de pérdida que su inopinada desaparición ha producido en todos cuantos fuimos sus colegas y ocasionales participantes en las actividades de la Fundación. Nos ha legado, eso sí, un último libro, lleno de sabiduría empírica, combatividad y amor al régimen constitucional de 1978: "En defensa del Estado de Derecho", precedido de un elogioso prólogo del eminente jurista Manuel Aragón. A esta obra, redactada con gran empuje discursivo y dialéctico, se dedican las líneas que siguen.

Entiende el autor que la expresión más significativa de la crisis contemporánea de la democracia es el debilitamiento del Estado de Derecho, y especialmente de la idea fundamental de la limitación del poder. Así, se está imponiendo una cultura política que considera que el ejercicio del poder no debe estar sometido a otros límites que los correspondientes a la periódica reválida electoral. Todo lo demás, o sea, la forma del poder que impone la democracia constitucional, sobra. España refleja también este cambio de época, que se traduce en una crisis generalizada de esa clase de democracia. Aquello que hoy está en riesgo, escribe Tudela, no es el principio democrático mismo, sino la democracia constitucional (es decir, pluralista y, en consecuencia, limitada) en tanto que ideología. Como efecto de los diversos populismos, se ha generado una manera de hacer política que abandona la razón y la autocontención, que toma al adversario por enemigo y que sustituye la ley por la desnuda voluntad.

Lo más sorprendente del populismo de izquierdas es la caída de la igualdad social como bandera, frente a una nueva igualdad "identitaria". En cuanto al populismo de derechas, es la mezcla del conservadurismo reaccionario en los temas sociales y políticos y un ultraliberalismo radical en los asuntos económicos, reduciendo el intervencionismo estatal a los mínimos propios de los inicios del Estado liberal. Por lo que se refiere a España, el llamado "derecho a decidir" propugnado por el independentismo catalán fue mucho más que una manifestación populista, para devenir una concepción autoritaria de la política. La inserción del debate "nacional" en la política española de cada día ha alterado la propia controversia tradicional entre izquierda y derecha, como consecuencia, sobre todo, de la importancia que han cobrado las fuerzas secesionistas en la formación del Gobierno español y en su soporte parlamentario.

La crisis económica de 2010, observa José Tudela, tuvo consecuencias estructurales sobre el Estado de Derecho, debilitando, junto con los episodios de corrupción política, la confianza en las instituciones. De tal guisa que, sin cambiar una coma de la legislación electoral, el conglomerado de partidos cambió profunda y súbitamente, irrumpiendo en el Congreso nuevas formaciones como Podemos y Ciudadanos. Ello obligaba necesariamente a una política de pactos en un entramado institucional en el que todavía no había ejemplos de Gobiernos de coalición. Y fue curiosamente en una Cámara bastante más fragmentada cuando el 1 de junio de 2018 se aprobó, por mayoría absoluta, una moción de censura contra el Gobierno de Mariano Rajoy. Ahora bien, a pesar de incluirse en ella el nombre de Pedro Sánchez como candidato alternativo, esa moción tuvo poco de "constructiva" y mucho de meramente negativa del Ejecutivo del PP, sacudido por el escándalo de la trama Gürtel. La reducción del programa del candidato a un mero compromiso de convocatoria electoral supuso, según Tudela, una mutación del diseño constitucional de la figura de la moción de censura, contradiciendo su vínculo con el parlamentarismo racionalizado. En realidad, había dado comienzo el parlamentarismo negativo y una gobernación inestable, caracterizada por la huida del Gobierno de un lugar ya tan inhóspito como las Cortes.

A partir de entonces, el Gabinete ha venido usando y abusando del decreto-ley, incluso "ómnibus", ha perdido decenas de votaciones parlamentarias, solo consiguió aprobar una vez los Presupuestos… y no encuentra, a pesar de ello, razones para dimitir, tirando de la prórroga presupuestaria continua. Los pactos con los separatistas catalanes conllevaron la amnistía por ley de los fugados del procés, pero ni siquiera semejante tour de force le sirvió a Sánchez para encontrar la estabilidad de la legislatura. El clima político es de polarización absoluta, que no resulta, en definitiva, cree Tudela Aranda, sino un rasgo de la generalización de la deriva populista de la política contemporánea.

Hay que leer esta obra llena de datos pero también de reflexiones. Y que, pese a todo, invita al optimismo más que, exclusivamente, a la preocupación sobre el futuro de la democracia constitucional.

En defensa del Estado de Derecho

José Tudela Aranda

Marcial Pons 302 páginas, 33,25 euros

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