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Arte

Lo que es varias veces

La propuesta de Plágaro plantea la réplica como original

Vista de la exposición.

Vista de la exposición. / LNE

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Santiago Martínez

Santiago Martínez

Plágaro vuelve a la galería Caicoya de Oviedo con una propuesta que incorpora nuevos giros y vías de investigación y reafirma un sello personal inconfundible. La repetición se halla en la esencia de su trabajo, una manera rigurosa de replicar y multiplicar un patrón estético. En conjunto, las modificaciones entre las piezas resultan imperceptibles, pero en detalle, advertimos leves diferencias que evidencian el dominio del oficio, de un trabajo rigurosamente manual.

La exposición posee carácter instalativo, el artista ha adaptado su trabajo a la singularidad del espacio integrándolo a la perfección. Es un planteamiento coherente para un tipo de trabajo que se vertebra desde un criterio "modular", que tiene la posibilidad de combinarse y adecuarse vertical u horizontalmente. Predominan las piezas estrechas y alargadas, algunas de ellas llegan hasta los dos metros de longitud. Utiliza lona tensada sobre bloques de madera que pueden llegar hasta los 7 cm de grosor y tomar una apariencia de relieve que provoca cierta indefinición entre lo pictórico y lo escultórico, hacia la idea de la pintura como objeto.

Detalle de una de las obras que forman parte de la exposición.

Detalle de una de las obras que forman parte de la exposición. / LNE

Las piezas se presentan agrupadas, entre dos y seis unidades, configurando estéticos conjuntos definidos como "Cuadros iguales" y que, desde sus variadas combinaciones, indican las infinitas posibilidades de su propuesta plástica. Este tipo de planteamiento tan versátil favorece una visión absolutamente personal e individualiza de la exposición, las diversas perspectivas propician modos de mirar diferentes que enriquecen aún más las calidades de unas obras con múltiples lecturas. Es algo que queda claro en el texto de presentación de Lucía Espinosa: "La obra deja de ser un objeto estático para transformarse en un proceso: puede reorganizarse, adaptarse a distintos espacios y generar configuraciones siempre cambiantes. Incluso los intervalos vacíos entre los cuadros pasan a formar parte de la obra, integrándose en la percepción. De este modo, el espacio no es un mero soporte, sino un elemento constitutivo que modifica radicalmente el resultado visual".

Estas apreciaciones encuentran cierto paralelismo conceptual con otras disciplinas, como la poesía o la música; en todas encontramos necesarios los silencios, los espacios en blanco entre palabras o notas. Aquí, la distancia entre unas piezas y otras está milimétricamente estudiada en busca de esa justa medida y esa armonía visual. Las paredes blancas de la galería podrían entenderse como ese papel perfectamente rayado para no torcer las líneas o como partituras que sostienen las notas.

Una de las composiciones de "Cuadros iguales".

Una de las composiciones de "Cuadros iguales". / LNE

Estos aspectos constituyen la base de su trabajo, pero lo que realmente es sorprendente es el logro técnico y estético a través de la aplicación del color, gruesas capas de pintura cubren parcial o totalmente los estrechos soportes de lona, la densidad de algunas superficies contrasta con la casi transparencia de otras, hay campos y estratos de color que se funden hasta desdibujar sus límites, y el desbordamiento de la superficie provoca regatos y chorreos de pigmentos que se deslizan por los perfiles del bastidor. Son sorprendentes las réplicas de estos "excesos" que podrían parecer fruto del azar o de la improvisación, aunque sabemos que en Plágaro nada es casual.

Hay algunas piezas que se distancian del alargamiento formal al que nos tiene acostumbrados y plantean ese mismo trabajo seriado en obras de formato más convencional (18x18 cm); en ellas lo pictórico es más evidente. Pervive el rigor geométrico provocado por la repetición y las distancias precisas, pero queda suavizado por la riqueza cromática y por ese gestualismo tan característico. El acto repetitivo actúa como un recurso plástico que, como un mantra, busca la serenidad y facilita la concentración.

Vista de la exposición.

Vista de la exposición. / LNE

El aspecto más singular de este trabajo se halla en el ambiguo "juego" por el que cada obra es a la vez original y múltiple. Las piezas se producen bajo una concepción seriada simulando un proceso industrial, pero se ejecutan de forma manual, lo que les confiere un carácter único. El artista, con cierta ironía, contradice las reflexiones de Walter Benjamin cuando, en "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica", plantea la pérdida del aura en la obra de arte como consecuencia de esa reproducción mecánica. Si, como también afirmaba el filósofo alemán, el aura es aquello que hace única a cada creación por "estar atada a su aquí y ahora", la propuesta de Plágaro va más allá, porque cada obra es original y réplica al mismo tiempo, confirmado su conocida sentencia: "Lo más importante no es lo que una obra de arte es, sino lo que es varias veces".

Plágaro

Galería Caicoya, c/ Principado 11, Oviedo.

Hasta el 28 de mayo de 2026

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