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Jaulas de hierro para nietos de la derrota

El valenciano Alfons Cervera proyecta en "Singapur" su "Ciclo de la Memoria" sobre aquellos vástagos adolescentes de los vencidos que fueron confinados tras una frontera de pobreza y engaño en la Transición

Alfons Cervera, en la presentación de la novela.

Alfons Cervera, en la presentación de la novela. / J. M. López

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En nuestra adolescencia, cuando a Franco aún le quedaba un trienio negro, sabíamos que atacaban en bandas y vestían jerséis multicolores de rayas con el ombligo al aire. Los llamábamos los quinquis. Más tarde, cuando cambiamos el parque por los bares, pasaron a ser los macas. Llevaban chupa y se movían en grupos pequeños porque se habían enganchado y el caballo aísla. Nos enteramos de sus películas pero sólo vimos "Deprisa, deprisa". Por Saura. No nos ponían nada esos tipos que llegaban desde el barrio, nos hostiaban, nos pinchaban y, a veces, nos mataban de un navajazo chungo. O que, más tarde, helaban los bares más calientes. ¡Como para verlos en pantalla grande! Bastante acojonaban ya al natural.

Conocíamos, pues, el peligro que rezumaban esos adolescentes periféricos crecidos en la escasez, a veces en la miseria. Lo que nunca se nos ocurrió pensar es que entre ellos hubiese nietos de republicanos derrotados y silenciados por el golpismo fascista. Lo cual, por cierto, no nos habría rebajado el miedo por la izquierda. La cosa es que algunos de aquellos tíos eran como los que nutren "Singapur", la última novela del valenciano Alfons Cervera. Al borde de los 80 años, Cervera ha saltado en el tiempo con su pionero y magistral "Ciclo de la Memoria" para plantarse en la Transición. A retratar, incluso con fotos, las vidas de unos adolescentes nietos de derrotados. Casi nunca conscientes de serlo, salvo por las historias de algunos viejos guardianes de la memoria. Casi siempre condenados a una nueva derrota. La de sus sueños. A descubrir que el futuro es mentira. Tan mentira como "la vida por delante" que les prometían, una vida que fuera del barrio será vida de mierda, "la puta vida". Hay una vena muy punki en estas páginas.

"Singapur", por la canción de Tom Waits, es novela de amor y muerte, de amistad y música, mucha música. De Ramones al Fari pasando por Crimson y el "The end". De arraigo y desarraigo. Narrada en esos condensados poéticos de dos o tres páginas que tan bien le salen a Cervera. La voz, primera, segunda o tercera, la pone un innominado superviviente muchos años después. Un personaje que, como sus colegas, no ha pisado escuela y ha aprendido a leer con novelitas de quiosco. Y a escribir un poco en serio en la cárcel. Eso sí, la voz no siempre es fiable. Sostiene, por ejemplo, que James Dean, a quien vio en el cine del barrio en "Al este del Edén", era un actor muy famoso "pero que se mató enseguida al estrellarse en su coche cuando estaba atravesando la barrera del sonido". Ni más ni menos ni mucho menos.

Mientras la voz recrea piezas del barrio, su compañera, Lola, Singapur, yonqui, agoniza en un descampado en un coche muerto para siempre años atrás. Ese es el presente narrativo, pero a Cervera, mago de los tiempos, ese presente le dura una línea y luego enlaza siete u ocho tiempos en dos folios. Adelante y atrás o por los bordes, como la memoria, que navega el pasado como puede y trampea mucho aunque no mienta.

Los adolescentes de este puzle sin foto guía están confinados tras una doble "frontera", física y psíquica. La física, delimitada por la autovía, protege. En el barrio hay hambre pero se está seguro. Ahora bien, al cruzarla para ir al centro se pierden el arraigo y la seguridad del barrio peligroso. Se entra en espacios que huelen a los campos nazis recordados por los viejos. Y la situación se complica seriamente si cruzas también la frontera psíquica: drogas, atracos, balazos, cárcel y, si no te mueres, cárcel, cárcel. La puta jaula. La canción de Waits: "A partir de ahora este barco de hierro es vuestra casa".

Cervera abrió la cueva de la memoria una década antes de la ley Zapatero. Por eso no extraña que en "Singapur" eleve el tiempo a protagonista. Desde su presente crepuscular en un ruinoso descampado, la voz examina con acidez perpleja sus extrañas facetas, los recuerdos, los olvidos, los silencios. El ritmo se lo marcarán los versos de La Polla en "Venganza": "Somos pequeñas bombas de odio / Es nuestra única solución / Somos los últimos, los peores / Somos las sobras de esta civilización".

Singapur

Alfons Cervera

Piel de Zapa 154 páginas, 18 euros

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