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Arte

Solos en el Museo Barjola

Juan Díaz-Faes cohabita el palacio gijonés que alberga al pintor extremeño

Obra de Juan  Díaz-Faes y Juan  Barjola en la exposición "El Palacio  habitado".

Obra de Juan Díaz-Faes y Juan Barjola en la exposición "El Palacio habitado". / Tomás Miñambres

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Luis Feás Costilla

Luis Feás Costilla

Que el extremeño Juan Barjola (Torre de Miguel Sesmero, Badajoz, 1919-Madrid, 2004) es uno de los pintores más influyentes en el arte español de la segunda mitad del siglo XX se pudo comprobar en exposiciones recientes en las que se analizaba su papel en la renovación figurativa. Junto a miembros señeros del grupo El Paso como Antonio Saura e iniciativas colectivas como la del Grupo Hondo, su incidencia fue enorme en el proceso denominado como Nueva Figuración, que supuso un refuerzo de la iconicidad pero desde un punto de vista expresivo, con técnicas de vanguardia que no despreciaban el informalismo imperante y una especial preocupación por hacer la crónica de la realidad social.

En este proceso también estuvieron implicados pintores asturianos de su misma generación y de las dos siguientes, en un momento crucial en el que hablar de renovación asturiana suponía hacerlo también de grandes figuras de la Escuela de París, la Escuela de Madrid, Estampa Popular o el Pop europeo. Y cuyo hálito, según parece, se mantiene vivo décadas después en las generaciones más jóvenes e irreverentes, como se desprende de la exposición ahora abierta en el palacio de Gijón que alberga el legado de Juan Barjola, que es okupado con respeto y afinidad por uno de los artistas urbanos españoles de mayor éxito internacional, el asturiano Juan Díaz-Faes (Oviedo, 1982). Puro espectáculo.

Obra de Juan  Díaz-Faes y Juan  Barjola en la exposición "El Palacio  habitado".

Obra de Juan Díaz-Faes y Juan Barjola en la exposición "El Palacio habitado". / Tomás Miñambres

La exposición es en buena medida continuación de la celebrada el año pasado en la sede de la Colección SOLO, titulada "Barjola, un retrato apócrifo", en la que se conectaba la obra del pintor extremeño con la de más de veinte artistas internacionales de esta colección madrileña, fundada en 2015 por los empresarios Ana Gervás y David Cantolla, cocreador y director de la serie de animación "Pocoyó". Entre estos artistas estaba por supuesto Díaz-Faes, que ocupa uno de los espacios centrales de su deslumbrante local expositivo y con el que David Cantolla colaboró en la novela gráfica "Éxito para perdedores".

Por su parte, Juan Barjola no sólo fue uno de los primeros pintores incorporados a la Colección SOLO, sino que encarnó también, en muchos sentidos, su espíritu fundacional, por su gestualidad figurativa y su tratamiento descarnado de lo humano, demasiado humano. Con muchos matices, se le podría considerar precursor de ese nuevo pop de carácter urbano que la colección de estos empresarios defiende. La vinculación con SOLO se materializará en la coedición del catálogo del actual diálogo entre ambos artistas.

La exposición en Gijón está comisariada por Laura Gutiérrez, directora de la Escuela de Arte de Oviedo, donde se formó Díaz-Faes, y Lydia Santamarina, directora del Museo Barjola. El ovetense amplió estudios en la Facultad de Bellas Artes en la Universidad de Salamanca, donde se licenció en 2005. En 2011 se traslada a Madrid. Sus inicios se vinculan con la ilustración de revistas y cómics y la publicidad. Desde 2017 ha venido desarrollando una intensa actividad artística pintando muros de distintos lugares del mundo, en ciudades como Miami, Austin, Guangzhou, Punta del Este, Seúl, Caracas, París, Hamburgo, Oviedo o Madrid.

Obra de Juan  Díaz-Faes y Juan  Barjola en la exposición "El Palacio  habitado".

Obra de Juan Díaz-Faes y Juan Barjola en la exposición "El Palacio habitado". / Tomás Miñambres

Su trabajo se caracteriza por sus formas voluminosas y simples pobladas de rostros sonrientes, con los que configura un smiley personal y reconocible. La intervención en el Museo Barjola abarca todos los espacios disponibles, desde la capilla y la planta baja hasta la de arriba. La capilla se ha decorado con un enorme mural, que se combina a la perfección con un tríptico de maternidades del pintor extremeño, superpuesto. Dramatismo y ligereza, tragedia y grutesco en la misma pared, con un resultado bien sorprendente. Díaz-Faes también ha intervenido otros paneles, haciendo jugar además sus propios acrílicos sobre lienzo o tabla y sus dibujos con los óleos sobre lienzo de Juan Barjola, del que se rescatan buena parte de sus tintas chinas.

Son en total casi un centenar de obras, con mayor proporción para Juan Barjola, que aun así no tiene presencia predominante, tal es el ímpetu apabullante de Díaz-Faes. El acierto de esta propuesta a dúo, los dos solos en el Museo, es no querer equiparar a ambos artistas, con tantas diferencias conceptuales y pictóricas, y en ambiciones y desgarros morales, sino ahondar en las similitudes, creando analogías que funcionan estupendamente, sin forzar las categorías. Juan Díaz-Faes recuerda la epifanía que supuso para él, cuando era estudiante, el descubrimiento de la obra de Juan Barjola y su uso del blanco y negro y el rosa, que ha convertido en los tonos unificadores de la exposición, en la que además se incluyen muñecos hinchables y tablas de skate y de surf, soportes artísticamente menos habituales para que se note aún más el salto generacional.

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