El sonido del viento en la Tierra
La nueva edición de "Me acuerdo", traducido por Eduardo Berti y prologado por Hervé Le Tellier, engrandece el propósito topográfico y memorístico del libro de Georges Perec

Georges Perec. / Pablo García
Durante una de las más conmovedoras secuencias que jalonan "Solaris", la adaptación al cine que Tarkovski realizó de la novela homónima de Stanislaw Lem, Snaut le traslada a Kelvin, recién llegado a su destino en la estación espacial, una anécdota ilustrativa acerca del carácter del cosmonauta Gibarian, quien se ha suicidado abrumado por la desdicha. Para combatir la nostalgia que le provocaba el recuerdo del sonido del viento en la Tierra, Gibarian, relata Snaut, cortaba tiras de papel que pegaba a un ventilador. Snaut, hombre cínico pero no por ello inmune a la belleza, sentencia a continuación: "Sencillo, como todo lo genial".
Cuando Georges Perec publicó "Je me souviens" en 1978, no faltaron voces que afirmaran que el talento del autor de "La vida instrucciones de uso" había alcanzado una de sus cumbres. Tampoco faltaron críticos que clamaran contra la vacuidad del experimento. Es razonable pensar que las 480 entradas que Perec anotó en la contabilidad de su memoria no supongan ni una cosa ni la otra. No creo que nos hallemos ante la cima de su talento, y ni siquiera ante la de su originalidad, sino ante un trabajo muy representativo del estilo OuLiPo, no tan brillante por cierto como los "99 ejercicios de estilo" de Raymond Queneau, y en cualquier caso en deuda con dos obras previas de Joe Brainard, "I remember", publicada en 1970, y "More I remember", publicada en 1972, doble exhumación memorialista que, en 1975, el artista norteamericano recogió en un único volumen. Pero tampoco "Me acuerdo" es esa obra residual, vana e inane, que cierta inteligencia de la época pretendió condenar a galeras.
Las virtudes y fortuna del mantra de Brainard, que Perec supo arrimar a su experiencia, no obedecen a razones literarias, sino que su interés radica en otro aspecto, que remite a la frase de Snaut a Kelvin ante el gesto de Gibarian. La excepcionalidad del experimento de Perec no es tanto de raíz literaria como psicológica, pues este intimísimo libro posee la rara virtud de la empatía. En efecto, es muy difícil, por no decir imposible, no solidarizarse con la escritura de "Me acuerdo" y su voz conmemorativa. Independientemente de que el mundo de referencias del que habla no sea el del lector, cualquier persona de cierta edad ha escrito o proyectado escribir alguna vez un libro titulado "Me acuerdo". Dicho de otro modo: el logro de Brainard y de Perec radica en haber promovido una estrategia anamnésica tan obvia que parece imposible que a nadie se le hubiera ocurrido antes. Desde ese punto de vista, nos hallamos ante una obra capital del sentido común, pues Perec, al modo de los niños cuando constatan sobre papel sus primeros deseos o redactan por exigencia escolar sus experiencias, se empeña en recoger, con un tono a medio camino entre el registro naíf y la libre asociación, el imaginario en el que se fue formando la mentalidad de un hombre sensible y lúcido en la Francia de los años 40, 50 y 60.
La publicación de Impedimenta engrandece el propósito de Perec mediante dos aportaciones. La primera consiste en el trabajo editorial de Eduardo Berti, que traduce y anota la edición. Berti recorre con mimo los rincones de cada uno de los 480 recuerdos de Perec y ayuda a entender su contexto, tan necesario para una comprensión ordenada de sus referentes, que son tan plurales en sus intereses (el cine, el jazz, el deporte, la política, la publicidad, los espacios parisinos, la escuela, el gossip de la época) como a la hora de asumir la coherencia interna del corpus del autor. ("Me acuerdo", desde esta lógica, dialoga intensamente con, al menos, otros cuatro títulos de Perec: "Las cosas", "W o el recuerdo de la infancia", "Lugares" y "La vida instrucciones de uso"). La segunda aportación emana del magnífico prólogo de Hervé Le Tellier, que sitúa el libro de Perec en una perspectiva tan nítida como ajustada. Una de las claves para comprender el conjunto que se nos entrega radica, así, en otro texto de Perec que Le Tellier menciona y extracta: "Lo infraordinario". Allí se sostiene que, al indagar en lo banal, lo cotidiano y lo obvio, en el ruido de fondo de lo habitual, lo que Perec conquista es "nuestra propia antropología: una que hablará de nosotros, que buscará en nosotros lo que durante tanto tiempo hemos extraído de los demás. Ya no lo exótico, sino lo endótico". Otra intuición de Le Tellier es la que apunta a que, paradójicamente, en un texto que dice de forma constante "yo", Perec logra fundamentar el latido de su generación. Y de esa forma, valiéndose de una poética inesperada, que sitúa su foco no sobre el gran texto de la Historia, sino sobre las minúsculas notas a pie de página de las historias, "lo que Perec propone en ‘Me acuerdo’ es arrancarnos del intimismo narcisista y del goce autárquico", restableciendo una suerte de orden del mundo en el desorden de los recuerdos que lo nombran.
La distancia que media entre lo vivido y su conversión en recuerdo, la sospecha de que existe una distancia insalvable entre quien uno fue en lo sucedido y quien uno es al recuperar esa experiencia como recuerdo, condena sin remedio a la falsificación. En buena medida, la literatura trata de eso: del hiato que hay entre la vida y su conversión en relato, pues todo recuerdo no deja de ser un relato condensado. Ahora que sabemos que los recuerdos son (o pueden ser) invenciones, que lo que recordamos no es idéntico a lo que vivimos, que somos lo que recordamos pero recordamos siempre de determinada manera, que, en definitiva, cada me acuerdo no deja de ser un pacto de lectura que establecemos con un narrador no del todo fiable, los 480 me acuerdo de Perec dialogan en mi ánimo con las tiras de papel que Gibarian pegaba a su ventilador en "Solaris" para recordar que allá lejos, en la nostalgia del tiempo en fuga, el viento cantaba su canción.

Me acuerdo
Georges Perec
Traducción de Mercedes Cebrián
Impedimenta 176 páginas, 20,50 euros
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