Entrevista
Un topo ruso en la cúpula de la CIA: David McCloskey alimenta el mayor temor del espionaje estadounidense
El novelista, autor de 'Estación Damasco' y 'Moscú X', publica 'Langley, séptimo piso'. "No hace falta demasiada imaginación para ver a los rusos haciendo algo terrible en Langley", asegura

David McCloskey, en una imagen facilitada por Salamandra / Roser Ninot
David Morán
Antes de publicar una nueva novela, antes incluso de dársela a leer a su círculo más cercano, David McCloskey tiene que enviar el manuscrito, quién sabe si tras encriptarlo, a una oficina específica de la CIA que decide si el libro en cuestión puede ver la luz o viola algún acuerdo de confidencialidad. "Es algo que tendré que hacer con todo lo que escriba el resto de mi vida", suspira al otro lado de la pantalla el estadounidense, exanalista de la CIA reconvertido en autor de éxito.
El ritual del visto bueno empezó con 'Estación Damasco' y 'Moscú X', títulos con los que se coronó como gran revelación de la novela de espías contemporánea, y prosigue ahora con 'Langley, séptimo piso' (Salamandra), homenaje nada disimulado a John le Carré que especula con uno de los grandes temores de los servicios de inteligencia: la infiltración de un topo ruso en lo más alto de la CIA. "Es un miedo enorme, porque el impacto de tener a un agente hostil trabajando dentro de tu sistema, pero contra él, pone estas instituciones completamente del revés y las vuelve ineficaces", asegura McCloskey desde su rancho de Dallas.
La sensación, fundada o no, de que vivimos en tiempos muy inestables atrae a la gente hacia este tipo de libros. Existe la esperanza de que puedan explicar un paisaje geopolítico disperso"
En 'Langley, séptimo piso', el topo con el que tiene que lidiar la encantadora y sin embargo aterradora Artemis Aphrodite Procter, alma gemela del desastrado Jackson Lamb de 'Slow Horses' —"no sé si se llevarían bien o se matarían", ironiza el escritor—, es pura invención, pero también perfectamente plausible. "Podrías tener a alguien reclutado por los rusos o por los chinos, muy probablemente de una manera formal, y que acabara en un nivel muy alto dentro de la CIA. Es posible, sí, aunque lo que creo más probable es que haya alguien que tenga una visión del mundo y unos intereses parecidos a los de los rusos o los chinos y decida dirigir la institución en base a eso", teoriza. El desenlace, en cualquier caso, sería el mismo: inestabilidad internacional y Rusia como gran agente desestabilizador. ¿La gran amenaza para Occidente? McCloskey cree que sí. "Mira lo que han hecho en Ucrania, mira lo que hacen en Europa: sabotajes, asesinatos... No hace falta demasiada imaginación para ver a los rusos haciendo algo terrible en Langley", ilustra.

David McCloskey, en una imagen promocional / Roser Ninot
China, la penúltima frontera
Embarcado en un ambicioso proyecto literario que suma ya un nuevo título en inglés —'The Persian', sobre la guerra de espionaje entre Israel e Irán— y promete futuras incursiones en las relaciones entre el MI6 y la CIA, el impacto de la guerra civil de Siria y los servicios de inteligencia chinos, McCloskey defiende que las novelas de espías son un buen asidero en tiempos de zozobra. "La sensación, fundada o no, de que vivimos en tiempos muy inestables atrae a la gente hacia este tipo de libros. Existe la esperanza de que puedan explicar un paisaje geopolítico disperso", razona. A río revuelto, ya se sabe, ganancia de novelistas. "Todo lo que es malo para la gente no lo es tanto para los autores de thrillers. Hay mucho material ahí fuera, así que, egoístamente, me mantendrá en el negocio", sopesa entre risas.
No creo que Trump esté realmente implicado en el PDB, el informe diario y clasificado que recibe. Creo que hay una especie de desdén generalizado hacia mucho del análisis de la Agencia"
La próxima frontera, también aquí, pasa por China, escenario narrativamente inexplorado que, defiende, merece mucha más atención. "Es como si Le Carré estuviera trabajando en el apogeo de la Guerra Fría y no escribiera libros sobre la Unión Soviética", ilustra un autor curtido como agente de campo en Siria y protagonista, aunque fuese secundario, de las operaciones encubiertas en el gobierno de Bashar al-Ásad que narraba en su primera novela. Su papel, matiza, tenía poco que ver con el de sus protagonistas, aunque la información de primera mano le ha granjeado un buen número de lectores cualificados en Langley. "Muchos oficiales de inteligencia están acostumbrados a que las novelas de espías sean tan ridículas desde el punto de vista de la autenticidad que tienden a descartar el género. En las mías, a pesar de que sean ficción, pueden ver su trabajo reflejado en los personajes, y eso es algo que aprecian", explica. Ahí está, por ejemplo, la elogiosa cita del exdirector de la CIA David Petraeus, quien saludó 'Estación Damasco' como "la mejor novela de espionaje" que había leído "nunca".
La CIA en tiempos de Trump
Hablando de la CIA, ¿qué tal le van las cosas a la Agencia con Trump como presidente? "Depende de con quién hables. Ha habido casos en los que la administración ha politizado la inteligencia para alinearla o hacerla encajar con las posiciones políticas que ha adoptado. Se ha apartado a personas implicadas en trabajos de diversidad, equidad e inclusión y han intimidado a mucha gente que trabaja o trabajaba sobre Rusia. Por otro lado, si eres un agente de campo, probablemente pienses que la vida está bastante bien, ya que no ha habido un recorte presupuestario masivo ni nada parecido", explica. Podría ser peor, sí, aunque para McCloskey no hay duda de que la administración Trump tiene "una mentalidad más política en el modo en que utiliza la CIA". "No creo que el presidente esté realmente implicado en el PDB, el informe diario y clasificado que recibe. Creo que hay una especie de desdén generalizado hacia mucho del análisis de la Agencia", lamenta.
Si buscan una segunda opinión, siempre le pueden preguntar a Artemis Aphrodite Procter, agente caída en desgracia que en 'Langley, séptimo piso' tiene que resolver el entuerto del topo ruso. "Es una persona redentora, pero está encerrada en una coraza muy dura", resume McCloskey, que despide el libro reconociendo la inmensa deuda de su tercera novela con 'El topo', de John le Carré. "Es un libro que extrae muchos temas interesantes del mundo del thriller doméstico y psicológico. El topo puede ser un compañero, un amigo o un colega oficial, pero se parece en muchos sentidos a ese tipo de libro en el que te preguntas si tu vecino es un asesino en serie o si puedes conocer realmente a tu marido. A los humanos nos fascinan esas historias en las que no sabes quién es quién o no puedes estar seguro de cómo se presenta alguien", explica. George Smiley, sin duda, estaría orgulloso.
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