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La distancia en el recuerdo

James Salter cuenta en "Cassada", hasta ahora inédita en español, una historia de aviadores que es a la vez una amplia reflexión sobre la juventud y sus expectativas

James Salter

James Salter / Pablo García

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Luis M. Alonso

Luis M. Alonso

"Cassada" –publicada por primera vez en 2000 y hasta ahora inédita en español– constituye una excelente muestra de esa poética de la precisión que define la obra de James Salter. Es, al mismo tiempo, una suerte de regreso a los territorios que marcaron la juventud del autor: la aviación militar, la disciplina castrense y la formación de una identidad bajo la presión constante del riesgo. Salter conocía ese mundo desde dentro. Antes de convertirse en uno de los grandes prosistas estadounidenses de la segunda mitad del siglo XX, había sido piloto de combate en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y participado en la Guerra de Corea. Esa experiencia dio lugar décadas antes a "Los cazadores", pero en "Cassada" encontramos una mirada distinta, menos interesada en la rivalidad y la acción que en la memoria, el aprendizaje y la condición efímera de la juventud. De hecho esta novela, reescrita y pulida por el propio autor años después de su publicación, no pertenece exactamente al género bélico, aunque utilice algunos de sus escenarios y materiales. No hay en ella combates espectaculares o episodios heroicos, la verdadera batalla se desarrolla en la conciencia de unos hombres que intentan alcanzar una excelencia casi imposible. Volar no es aquí una aventura romántica ni una exhibición de coraje, se traduce en una forma de exigencia permanente. Cada maniobra contiene la posibilidad del error, y cada error es la amenaza del fracaso.

La historia se sitúa en una base aérea estadounidense durante los años cincuenta y sigue la llegada de Cassada, un joven piloto y teniente puertorriqueño que se incorpora a un escuadrón de cazas. A partir de ese momento asistimos a su proceso de formación, observado por oficiales veteranos que reconocen en él tanto el entusiasmo de quien comienza como las inevitables carencias del principiante. El argumento, en realidad, importa menos que el recorrido interior del personaje. Salter, por encima de cualquier peripecia, crea una aguda novela de observación. La aviación aparece descrita con una naturalidad que solo puede proceder de la experiencia vivida. Sin embargo, la virtud del autor consiste en evitar tecnicismos complacientes. Los aviones, los procedimientos y las jerarquías militares están presentes, pero nunca se convierten en un fin en sí mismos. Son el tinglado dentro del cual se desarrolla una reflexión mucho más amplia sobre la juventud y sus expectativas. Cassada encarna precisamente ese momento de la vida en que todo parece posible y, al mismo tiempo, todo puede perderse. Es un personaje que aprende observando, equivocándose, intentando responder a unas exigencias que a menudo superan sus capacidades inmediatas. En ese sentido, la novela participa de una larga tradición narrativa centrada en el aprendizaje. Pero Salter evita los esquemas convencionales del relato de formación. No hay en sus páginas grandes revelaciones ni transformaciones espectaculares. Lo que encontramos es algo más sutil, tiene que ver con la lenta adquisición de una conciencia de los propios límites.

La prosa deslumbra de clara y precisa. Es Salter. Cada frase parece haber sido sometida a un proceso de depuración hasta conservar únicamente lo esencial. Esa economía expresiva en la escritura produce el efecto singular de que los personajes rara vez explican lo que sienten y, sin embargo, sus emociones resultan perfectamente perceptibles para el lector atento. Hay pasajes en los que una pausa o un simple escrutinio revelan más que los largos monólogos introspectivos a los que recurren algunos autores sin ser capaces de transmitir nada. Salter pertenece a esa clase de escritores que confían en la inteligencia del lector y le conceden un papel activo en la construcción del sentido. La novela exige atención, pero recompensa ampliamente ese esfuerzo.

Otro de los aspectos más interesantes –suele suceder con James Salter, un autor macho– es la representación de la camaradería masculina. Los pilotos forman una comunidad cerrada, regida por códigos de conducta estrictos y por una competencia constante. No hay, sin embargo, en ello una tentación mitificadora. La masculinidad que retrata tampoco resulta heroica en sentido clásico; es vulnerable, contradictoria y profundamente humana.

En "Cassada" nunca se pierde de vista la sensación de melancolía. Aunque los acontecimientos se desarrollan en el presente de los personajes, la novela parece contemplarlos desde la distancia del recuerdo. Todo cuanto sucede está marcado por una conciencia tácita de su futura desaparición. Los vuelos, las amistades, las rutinas de la base aérea y las ilusiones de los jóvenes pilotos poseen la belleza de aquello que ya empieza a transformarse en memoria. Lo que podría haber sido simplemente una novela sobre aviadores se convierte en una acertada meditación sobre el tiempo.

Cassada

James Salter

Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino

Salamandra, 224 páginas, 19,95 euros

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