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Arte

La mirada como protagonista

Los múltiples matices de la propuesta plástica de Elías García Fuentes

Vista de la exposición.

Vista de la exposición. / LNE

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Santiago Martínez

Santiago Martínez

Al igual que ocurre en la superficie de la tierra, donde la acción natural o la intervención humana modifican constantemente el entorno, erosionándolo en ocasiones, o fertilizándolo y germinándolo en otras, así ocurre con nuestra propia experiencia. Las huellas del pasado y las cicatrices del presente, portadoras de sabiduría y experiencias, forman parte de cada ser. Algunos, incluso, son herederos de una enorme sensibilidad creadora, como así percibimos en Elías García Fuentes.

"Huellas, in Memoriam" remite precisamente a ese bagaje, a esa deuda con uno de los mejores pintores de nuestro tiempo y nuestro entorno: Elías García Benavides, padre del artista que ahora exhibe su trabajo en la sala de exposiciones del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo. El título lo dice todo, un homenaje al gran artista leonés que vivió prácticamente toda su vida en Asturias y que logró ocupar un espacio significativo desde el ámbito de la abstracción lírica. En esta exposición también hay algo de los singulares formatos –especialmente los circulares– que Benavides utilizaba en alguna de sus series e, incluso, de aquel proceder del maestro por el que las masas pictóricas se perciben transformadas en pura sensibilidad, en emoción.

"Llirgytkin".

"Llirgytkin". / LNE

La muestra que podemos visitar estos días ya impacta desde el punto de vista instalativo, se ha ocupado el espacio con setenta y dos obras de diversos formatos, algunas de ellas agrupadas, que provocan un potente impacto visual. Son imágenes sugerentes que se mueven entre el realismo absoluto y la abstracción, despertando el interés por "entender" un proceso de creación que el artista prefiere no desvelar y que ya sorprendió en la muestra "El mapa no es el territorio" que en 2020 presentó en la galería Alfara de Oviedo y que podríamos considerar como punto de referencia de estas nuevas indagaciones en torno a la imagen.

Percibimos imágenes satelitales cuidadosamente seleccionadas (los títulos delatan sus ubicaciones concretas), intervenidas, amplificadas e impresas sobre papel y, en alguna pieza especialmente destacable, sobre lienzo de algodón. Entre estas últimas sobresale "Llirgytkin", con un tratamiento pictórico muy marcado. En su cartela se indica: "Técnica Fine Art, Giclée, lienzo de algodón 360 grs", confirmando su interés por dotar a la imagen de un acabado pictórico a partir de ciertos recursos, como el retoque digital, la calidad de impresión o la cuidada selección de soportes.

"Santa Fe. Chimeneas I".

"Santa Fe. Chimeneas I". / LNE

La mirada es la gran protagonista en esta muestra, el montaje expositivo parece contradecir la expresión "horror vacui" que, aunque podría definir una sala con tal cantidad de obras, sin embargo, aquí cada imagen se convierte en una ventana abierta que amplía el espacio. Esta situación se potencia en los formatos circulares, como "Santa Fe. Chimeneas I", óculo que remite a una mirada de voyeur que favorece un acercamiento a lo inaccesible, como a través de un telescopio. Pero más allá de estas concreciones "la amplificación" que se percibe está en su capacidad de sugestión y de evasión. Es ahí donde entra en juego el diálogo con quien las contempla y con esa capacidad de abstracción que alinea algunos de sus trabajos con creaciones plásticas puramente pictóricas.

Se intuyen otros asuntos importantes en esta propuesta, el artista define estas imágenes como "cartografías mentales" porque "el territorio y sus ‘marcas’ a lo largo de la Historia sólo puede explicarse desde la continuidad biológica y psicológica, que es lo que configura el carácter colectivo". Y porque no es lo mismo el mapa que el territorio (como subrayaba el artista en aquella exposición de referencia), somos nosotros los que racionalizamos, construimos y, por desgracia, modificamos el entorno natural para adaptarlo a nuestras propias limitaciones. Y aquí se halla otra de las singularidades de esta exposición: captar las hermosas cicatrices provocadas por los cauces de los ríos, las caprichosas formas de alguna isla remota, o la riqueza de colores y texturas de mares, desiertos, volcanes y glaciares, escasos supervivientes de un mundo con fecha de caducidad.

"Taklamakán".

"Taklamakán". / LNE

El rigor técnico y formal de Elías García Fuentes y su original mirada cenital del territorio nos llevan a la abstracción desde el paisaje, ahondando en esa relación simbiótica que une al ser humano con el medio natural, y que unas veces es armónica y otras destructiva. El pensador y crítico de arte John Berger considera cómo "nuestros múltiples modos de ver" influyen en la manera de percibir, sentir e interpretar lo que contemplamos, y así ocurre en "Huellas, in Memoriam". Una inquietante belleza emana de estas obras que, desde la sencilla contemplación, nos acerca al espíritu romántico de "lo sublime", lo que es atrayente y peligroso a un tiempo, reflexionando sobre los riesgos que acechan a la humanidad.

Huellas, in Memoriam

Elías García Fuentes

Sala de exposiciones del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, c / San Francisco, Oviedo. Hasta el 14 de junio

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