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El recomienzo del viaje

"El paisaje es un grito", de Eduardo Ruiz Sosa, es una novela épica y polifónica levantada desde la parte de las víctimas de la inmigración

Eduardo Ruiz Sosa.

Eduardo Ruiz Sosa. / ANDREEA VORNICU

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Jaime Priede

Jaime Priede

"El paisaje es un grito" comienza con cuatro personajes que cruzan el desierto de Sonora en un Valiant de los setenta. Buscan un pueblo llamado El Presidio, lugar de nacimiento del Genízaro, sentado en el asiento trasero. Al volante va el Baldor, a su lado la Caticha. En el asiento de atrás, a la derecha, el Lombardo. A su lado, el Genízaro está muerto. El Baldor lo observa por el retrovisor: la boca abierta, la baba reseca.

Avanzan por una recta interminable en un extravío por los pueblos mineros del norte de Sinaloa, la mayoría abandonados, en busca de El Presidio para devolver el cadáver a su lugar de origen. Es un viaje de vuelta, hacia atrás, desde el Otro Lado (Estados Unidos) hasta el Origen, porque el Baldor ha sido deportado al tener dos partidas de nacimiento con fechas distintas. Se ha encontrado a los otros tres en los campamentos de la frontera.

Euardo Ruiz Sosa (Culicán, México, 1983) vive en Barcelona desde hace ocho años, ciudad en la que dirige el Festival de Literatura KMAmérica. Desde su propia experiencia como migrante, sondea en esta novela, la más autobiográfica de las suyas, el drama de la migración en sus facetas más profundas: "Uno, como migrante, siempre está con un pie a cada lado y el resto del cuerpo no sabe para dónde hacerse". Los condiciones insalubres de los centros de atención a los migrantes, la idea constante de irse, de cruzar, pero la indecisón y la existencia de un tercer territorio, El Baldío, como no-lugar entre ambos lados de la frontera, una zona cero de campamentos improvisados, miseria extrema, redadas policiales, droga y esclavitud en las maquilas, fábricas de manufacturas cercanas a la frontera que el autor conoce bien por propia experiencia, conforman los residuos de una marea que acostumbramos a ver reflejada en el buen periodismo de fondo, pero no tanto en la ficción.

En este caso, el autor mexicano entiende que a él le toca "afectar" al lector desde el lado de la experiencia personal. Pero sea crónica, novela o ensayo, el texto escrito es ficticio desde el momento en que alguien empieza a redactarlo, porque ni el pensamiento se ordena como el lenguaje escrito, ni mucho menos la realidad que experimentamos. Precisamente la literatura es esa intención de hacer llegar esa realidad, esa experiencia, transmitiendo la afectación, las emociones, algo que no se consigue enumerando los acontecimientos, sino desmenuzándolos, haciendo que confundan, atraviesen, disloquen. Eso es lo que logra con creces "El paisaje es un grito" en cada una de sus casi cuatrocientas páginas.

Estructurada en una secuencia de nueve capítulos, la novela ensaya diferentes técnicas narrativas como entrada a diferentes mundos, todos alrededor del viaje de regreso de los protagonistas al origen, al lugar donde han sido algo que ya no pueden ser, puros fantasmas cada vez más desorientados que se preguntan hasta dónde hay que irse yendo para que la vida empiece.

Desde una intensa voluntad de lenguaje poético, Eduardo Ruiz Sosa traza la cartografía de una exploración de épicas fallidas, vidas truncadas en la indecisión, historias personales resquebrajadas que se consuelan en el relato, en la necesidad de contarse, por lo que cada personaje se construye a sí mismo, tiene un pasado o se lo inventa. Relatos en los que esconderse, al fin y al cabo.

Cada uno de esos relatos se deja llevar por una brújula interior que apunta hacia las periferias de una vida mediante la perspectiva fragmentaria. Como ocurría en "Anatomía de la memoria" (Candaya, 2014) y "El libro de nuestras ausencias" (Candaya, 2022), estamos ante una novela de dimensiones épicas que mezcla voces y tonos, un coro polifónico que se levanta desde la parte de las víctimas, cómo se adaptan, responden o renuncian ante la sospecha de estar siempre en el lugar equivocado, te quedes o te vayas.

Hasta el momento, la narrativa de Eduardo Ruiz Sosa responde a un proyecto continuado que avanza libro a libro en torno a unas ideas, asuntos y espacios comunes: las desapariciones involuntarias, el narcotráfico, la corrupción política y la migración. Los dos volúmenes de cuentos "La voluntad de marcharse" (2008, Premio Nacional de Literatura Inés Arredondo) y "Cuántos de los tuyos han muerto" (Candaya, 2019), además de las citadas "Anatomía de la memoria" y "El Libro de nuestras ausencias", participan de una idea de universo, de temáticas y de espacios que confluyen en "El paisaje es un grito" a un nivel máximo de intensidad, como una orquesta enloquecida por su propia música.

El paisaje es un grito

Eduardo Ruiz Sosa

El paisaje es un grito

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