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Ciudadano Montero

La figura de Riego alimenta un original ensayo que reelabora el imaginario histórico asturiano

SC Cultura - Libros

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En 2019 Tito Montero realizó "Un fantasma recorre […]", documental en el que los retratos debidos a Goya del rey Fernando VII y de Gaspar Melchor de Jovellanos, reunidos en la misma sala del Museo de Bellas Artes de Asturias, asistían a la irrupción espectral, aludida en el título de la película, de Rafael del Riego, campeón del constitucionalismo y martillo de absolutistas. Como todo fantasma, la presencia de Riego activaba una conversación aplazada y nombraba un vacío doloroso. La Historia, que se construye no sólo mediante lo que nombra, sino también en torno a lo que elide o difumina, reverberaba en esos escasos doce minutos con rara contundencia: un pie en lo estético; el otro, en lo político. Montero dialogaba en ese ensayo cinematográfico con hitos del documental del siglo veinte (pienso en "El fondo del aire es rojo", de Chris Marker) y anticipaba uno de los grandes trabajos de nuestro tiempo (me refiero a "Dahomey", de Mati Diop).

Siete años después de aquella película, el fantasma de Riego asume materialidad inexcusable en "Ciudadano Riego: el asturiano que no quiso ser Napoleón", un ensayo-collage, según propia definición del autor, conformado por 400 fragmentos textuales que se completan con fotografías del archivo del autor e ilustraciones de Marina Munárriz. El resultado, un híbrido entre el libro-objeto, la apropiación como alimento espiritual y el montaje como arma ideológica que traslada su modus operandi del campo cinematográfico al literario, opera como un gigantesco e inacabable expediente en torno a la figura del militar y político tinetense. Y aunque es complejo hallar en un material tan abigarrado líneas de fuerza a las que acogerse, me atrevo a señalar dos primordiales a la hora de intentar condensar la figura de Riego y sus enseñanzas como una suerte de enmienda a la totalidad del modo en el que, hasta hoy, el relato de Asturias (su ser en el mundo y en la Historia, cabe decir) ha sido interpretado.

La primera intuición proviene de lo que Pedro de Silva ha convenido en denominar ecuación heroica; esto es, una suerte de constante en la historia de un pueblo, el asturiano, acostumbrado a arriesgar muchísimo en sus compromisos políticos, a menudo pagando por ello un altísimo coste. La segunda intuición procede del cineasta más importante que Asturias ha dado en lo que va de siglo, Ramón Lluís Bande, y en su crítica a un país que, al perder la imaginación para seguir pensándose, ha pasado del mito al símbolo, del símbolo al fetiche y del fetiche al fósil. En diálogo con esas dos intuiciones, la figura de Riego expresa en sus luces y en sus sombras, en su apoteosis y posterior olvido, una plausible reelaboración del imaginario histórico asturiano. Ese mensaje de la vida y obra del ciudadano Riego es el que el ciudadano Montero despliega ante nosotros al preguntarse no sólo qué mito reclamar como propio para el futuro, sino incluso si, como ruina de cimentación, no dependerá de ello la posibilidad de ese mismo futuro.

Ciudadano Riego el asturiano que no quiso ser Napoleón

Tito Montero

Bestia Audax (col. Aramo) 538 páginas 24,90 euros

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