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La conquista desde dentro

Puesta al día en español actual de la gran crónica de Bernal Díaz del Castillo sobre el hecho más trascendental de la historia de México

Bernal Díaz del Castillo.

Bernal Díaz del Castillo. / viquipèdia

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Luis M. Alonso

Luis M. Alonso

Releyendo pasajes de la gran obra actualizada del soldado Bernal Díaz del Castillo (Medina del Campo 1496-Santiago de Guatemala, 1584) he regresado a las páginas con que me hallé, por primera vez hace ya tantos años, como si se trataran de un libro más de aventuras. El texto para lectores contemporáneos puesto al día por Lorenzo Martín del Burgo, que ahora ve la luz, es además de eso la crónica fascinante de aquella misión evangelizadora y justiciera librada por los 550 hombres –entre ellos el autor del libro y único superviviente en el momento de escribirlo– que en 1519 embarcaron desde Cuba hacia México con Hernán Cortés al mando.

"Historia verdadera de la conquista de la Nueva España" ocupa ese espacio en el que la literatura, la memoria y el testimonio convergen para dar lugar a una obra irrepetible. Es uno de los relatos fundacionales de la Edad Moderna que resurge gracias a esta edición sin la barrera lingüística que, para muchos, suponía el castellano del siglo XVI. Pero su valor no solo reside en la actualización del lenguaje. Su principal virtud consiste en mantener intacta la voz narrativa del soldado veterano que, décadas después de los acontecimientos, decidió escribir su propia versión de la conquista para corregir lo que consideraba omisiones e injusticias de los cronistas oficiales. Frente a las visiones grandilocuentes que concentraban toda la gloria en unas pocas figuras, el autor reivindica la experiencia colectiva de quienes compartieron privaciones, combates y peligros en una empresa que, a sus ojos, transformó el mundo. Visto desde la voluntariedad de entonces y de la grandeza épica, no ha lugar otro análisis incluso dentro de la descontextualización y la furia ideológica que en la actualidad agita el debate acerca de las conquistas españolas, la maldad monstruosa de los conquistadores y la infundada pureza de los mexicas que devoraban los corazones de sus enemigos indígenas y hacían con ellos sacrificios humanos.

Bernal Díaz nunca pretendió escribir una obra literaria en el sentido estricto del término, su relato posee una fuerza descriptiva y un sentido del detalle que muchos novelistas envidiarían. La llegada a las costas americanas, los primeros contactos con pueblos desconocidos, el asombro ante la grandeza de Tenochtitlan o las jornadas de hambre y combate aparecen descritos con una inmediatez que hace sentir al lector como un acompañante más de la expedición. Uno de los grandes aciertos de esta adaptación es precisamente el de preservar la sensación de cercanía. El texto modernizado fluye con naturalidad y elimina obstáculos léxicos o sintácticos, pero evita caer en simplificaciones excesivas. El resultado permite escuchar la voz del cronista sin que el aparato lingüístico de otra época interfiera constantemente en la lectura. Se trata de una labor delicada y eficazmente resuelta. Muestra la conquista desde una perspectiva profundamente humana. Lejos de la imagen simplificada del conquistador convertido en héroe invulnerable, aquí aparecen hombres sometidos al miedo, la incertidumbre y la fatiga. Son soldados que atraviesan territorios desconocidos, negocian alianzas cambiantes y sobreviven gracias a una mezcla de determinación, fortuna y capacidad de adaptarse. Bernal Díaz recuerda nombres, gestos y episodios aparentemente menores porque entiende que la historia se compone también de esos detalles. Es algo, a su vez, que practican muchos autores actuales cuando se dedican a combinar la ficción con los posos de la Historia.

Resulta imposible ignorar la visión providencial que impregna gran parte del relato. Los protagonistas se consideran participantes de una misión extraordinaria, guiada por la voluntad divina y destinada a extender la fe cristiana. Desde la sensibilidad actual, esa convicción puede suscitar debates y cuestionamientos, pero constituye un elemento esencial para comprender la mentalidad de los hombres que protagonizaron aquellos acontecimientos. La edición acierta al no intentar corregir ni suavizar esa perspectiva, permitiendo que el lector se enfrente directamente a una cosmovisión histórica muy distinta de la nuestra.

La descripción del encuentro entre dos mundos sigue siendo uno de los aspectos más poderosos del libro. El asombro mutuo, las incomprensiones culturales y la complejidad de las alianzas indígenas aparecen reflejados con una riqueza que desmiente muchas interpretaciones simplistas de la conquista. Bernal Díaz escribe desde su experiencia personal y, por eso mismo, ofrece una visión parcial; sin embargo, esa parcialidad constituye el valor documental. La selección de los capítulos más relevantes permite mantener el pulso narrativo y concentrar la atención en los momentos decisivos: la expedición inicial, el encuentro con Moctezuma, la estancia en Tenochtitlan, la Noche Triste y el desenlace de la conquista. Es la memoria viva de un testigo que intenta fijar en el papel aquello que vio, creyó ver o recordó haber visto. Nadie, jamás, la había leído de esta manera.

Historia verdadera de la conquista de la Nueva España

Bernal Díaz del Castillo

Libros del Asteroide, 534 páginas, 24,95 ¤

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