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"Los perros huelen el miedo", solvente cozy crime patrio

La novela de Rosa Huertas, último premio "Wilkie Collins", es una lectura agradable que enriquece el cultivo del subgénero en España

SC Cultura - Libros

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Alejandro M. Gallo

El Premio de Novela Negra "Wilkie Collins" se ha consolidado como uno de los más prestigiosos del panorama nacional dentro del género, organizado por M.A.R. Editor y enmarcado dentro del Festival Tenerife Noir. En los últimos años, escritores consagrados con novelas solventes se han alzado con el galardón: Vic Echegoyen con "Sacamantecas", una historia cruda ambientada en los pueblos de la Sierra de Madrid; Pascal Buniet colocó a su detective belga en Tenerife investigando un homicidio en "La muerte sabía a chocolate"; el escritor y detective internacional Rafael Guerrero nos deleitó con los sufrimientos y aventuras de los huelebraguetas en "La verdad no hace amigos"; el escritor y policía Eduardo Bastos Sanz ilustró los rigurosos procedimientos policiales en "Oculto entre las sombras", y el año pasado "La última canción de Alice Wren" de Jesús Salviejo nos sumergió en las cloacas de la trata de menores.

Este año, la XV edición recayó en la escritora Rosa Huertas (Madrid, 1960) y su novela "Los perros huelen el miedo". Huertas es Doctora en Ciencias de la Información y tiene en su haber más de veinte libros publicados de literatura infantil y juvenil. Entre ellos podemos destacar "Mala Luna", Premio Hache de Literatura Juvenil en 2011; "Tuerto y maldito enamorado", X Premio Alandar de Literatura Juvenil: "Theotocópuli, Bajo la sombra del Greco", Premio Ciudad de Cartagena de Novela Histórica; "La sonrisa de los peces de piedra", XIV Premio Anaya, y, en 2018, "Prisioneros de lo invisible", Premio Azagal.

El escenario de sus novelas, que también mantiene en "Los perros huelen el miedo", es Madrid, en concreto el centro de la ciudad. En esta última se centra en la zona del Rastro y Embajadores, con alguna incursión en el barrio de Salamanca. A la autora le interesa mostrar cómo los edificios emblemáticos van desapareciendo y surgen por doquier los pisos turísticos, locales de entretenimiento y de comida rápida, donde antes había comercios de barrio. La razón de fondo la encuentra en la especulación inmobiliaria por la que se expulsa a los vecinos del centro a la periferia, pero ahora también los barrios se ven afectados. Es, para la autora, una especulación destructiva y nefasta para vecinos y para cualquiera que desee vivir en las ciudades. En sus páginas no oculta una relación de amor y odio hacia Madrid.

La trama que nos presenta enlaza directamente con el subgénero del cozy crime, caracterizada por la resolución de algún crimen, pero sin mostrar violencia, sangre, sexo o la casquería tan de moda en los autores suecos. Es, pues, el crimen amable sin sobresaltos, iniciado por Agatha Christie con Miss Marple o G. K. Chesterton con el Padre Brown y que, años más tarde, popularizó Angela Lansbury, en el papel de Jessica Fletcher en la serie "Se ha escrito un crimen". Actualmente es un subgénero que diferentes autores cultivan con gran éxito, como el británico Richard Osman en "El club del crimen de los jueves" o la española Elia Barceló, en las tramas desarrolladas en la curiosa urbanización-balneario de Santa Rita, situada en un punto imaginario del Levante.

Huertas nos presenta a Sofía, una solitaria escritora metomentodo, en cuyo camino se cruzan dos extrañas muertes: la del desagradable vecino del piso de arriba, un viejo alcohólico que supuestamente se tira por la ventana, y la de una mujer electrocutada en un edificio próximo a su domicilio. Esas muertes serán el detonante de una serie de acontecimientos imprevistos, que giran alrededor de los malos tratos, la especulación inmobiliaria, acusaciones penales sin pruebas firmes y el ambiente oscuro que envuelve a una gran ciudad. A la escritora se une una pareja de detectives, Viki y Pedro Ferol, que investigan casos de seguros, accidentes, infelicidades o solvencias; es decir, cuestiones que no ponen en riesgo su integridad ni su vida, sobre todo desde que él sufriera un intento de asesinato mientras investigaba un caso aparentemente sencillo. En el desarrollo de la trama se unen personajes pintorescos de las calles de la urbe, como el mendigo Adán el Loco o los clientes de Ferol. Hasta nos describe un suceso de cómo la política migratoria de Donald Trump está afectando a los estudiantes españoles en los Estados Unidos (p. 137). Lectura agradable y que enriquece nuestro cozy crime patrio.

Los perros huelen el miedo

Rosa Huertas

MAR Editor, 240 páginas 20 euros

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