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Alguien voló sobre el nido de Leo Aldama

La improbable frontera entre locura y normalidad subyace en el subtexto de "Majareta", la última novela de Juan Manuel Gil

Juan Manuel  Gil.

Juan Manuel Gil. / EPA

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Jaime Priede

Jaime Priede

Se han escrito montones de artículos intentando desvelar rincones oscuros de "Alguien voló sobre el nido del cuco", la novela de Ken Kesey que se hizo célebre nada más publicarse en 1962 y de la que se han vendido millones de ejemplares. Recibió el empujón definitivo con la película de Milos Forman en 1975, protagonizada por Jack Nicholson en el papel de McMurphy, y fue la primera ventana al mundo de la enfermedad mental para muchos estudiantes y lectores. La lucha de un individuo contra una sociedad que exige conformidad con el orden establecido y la improbable frontera entre locura y normalidad subyacen también en el subtexto de esta otra novela, "Majareta", de Juan Manuel Gil (Almería, 1979), que indaga en las razones por las que Leo Aldama, al igual que el rebelde McMurphy cuando intenta liberar por su cuenta a los pacientes de un sanatorio mental, hizo lo que hizo.

Es posible que no haya una frontera nítida entre realidad y ficción en la vida del escritor Juan Manuel Gil, da la impresión de que su literatura haya invadido su propia realidad, o que su realidad haya conseguido acaparar la atención y los dominios de su propia ficción. No es un trabalenguas, sino el proceso natural, predecible, de quien hace literatura testimonial desde la ficción y logra borrar cualquier frontera entre ambas a favor de una verdad literaria que emociona.

Realidad, ficción y memoria se confunden en cada libro de Juan Manuel Gil conocido hasta el momento. "Un hombre bajo el agua" (Expediciones Polares, 2019; Seix Barral, 2024), anterior a "Trigo limpio" (Premio Biblioteca Breve, Seix Barral, 2021) y a "La flor del rayo" (Seix Barral, 2023), se reeditó bajo el mismo sello para dar coherencia al recorrido de una escritura articulada como un tríptico en el que la memoria de la infancia hace de soporte de los dos primeros y da sentido al tercero, que en buena medida no habría sido posible sin ambos. La estructura narrativa de los tres vuelve a repetirse en "Majareta" mediante el juego literario de la indagación sobre la propia escritura del libro, mostrando las costuras que van armando el relato. "Un hombre bajo el agua", la primera de ellas en orden cronológico, abría una puerta a seguir especulando con el oficio de narrador mediante esa misma voz narrativa y echando mano de una capacidad poco común de reírse de uno mismo como recurso literario que no diluye autenticidad. Con apenas catorce años, el protagonista encuentra por casualidad el cadáver de un vecino en las aguas oscuras de una balsa de riego y eso hace saltar por el aire su vida hasta ese momento. Veinte años después, esa voz narrativa se propone reconstruir lo que sucedió realmente aquel verano, para lo que no solamente remueve las aguas de su propia memoria, sino la de todos los implicados en un entorno que ya no existe.

Este mismo escritor se deja ver en "Majareta" de una forma diferente a las anteriores. Sigue estando presente de una forma constante, pero esta vez solamente vemos su sombra y la de su grabadora como interlocutor silencioso de sus personajes. Y estos, sus personajes, conocen sus andanzas en libros anteriores: "A mí, que la gente se quite la vida tirándose al agua no me asombra. Y supongo que a ti tampoco, porque me ha dicho mi hija menor que hace un tiempo ya escribiste un libro sobre ese muchacho que se ahogó en la balsa del Paraje de la Costumbre". Juan Manuel Gil es uno de los escritores más cervantinos de la actual narrativa española por cómo ha sacado provecho y se ha surtido en ese inmenso bazar narrativo que es "El Quijote" y todos sus meandros testimoniales, su oralidad festiva, su sentido del humor, la obsesión por el relato, por el contar, su bonhomía.

"Majareta" cuenta la historia de Leo Almada, apodado Majareta, pero sobre todo cuenta la historia de un barrio que se cuenta a sí mismo, porque la historia de ese hombre habla más de la gente del barrio que de él mismo. Su historia, la de Leo, no es sencilla, por lo que sus cargas de profundidad están diseminadas a lo largo de la novela con una precisión milimétrica. Para que todos los implicados entiendan lo ocurrido es necesario que cada uno cuente su parte, sea grande o pequeña; importante o irrelevante. Misterio y contradicción se ceden el testigo en la secuencia de testimonios y la curiosidad subyace en todos ellos como un fin en sí mismo que ayude a desentrañar las razones de un acontecimiento insólito e inesperado por parte de Leo, conserje de un colegio religioso, cincuenta y cuatro años, un hombre con la camisa bien planchada y la hebilla del cinturón bien centrada, que te mira de refilón a los ojos.

La oralidad de la narración hace que la lectura sea muy ágil al "escuchar" a cada personaje, y son más de cuarenta, con su propio idiolecto, su propio mundo y su propia conciencia. Esa facilidad de lectura parece inversamente proporcional a la dificultad de armar un puzle en el que cada testimonio debe ocupar su lugar preciso en la cadena para que al final, con un giro dramático donde la cosa se pone seria, confluyan todos los testimonios de forma soberbia.

Leer a Juan Manuel Gil es una invitación a celebrar la vida. Tal cual.

Majareta

Juan Manuel Gil

Seix Barral, 336 páginas 19,85 euros

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