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Música

El perro del hortelano

Christof Loy, en el patio de butacas del Campoamor, el pasado febrero.

Christof Loy, en el patio de butacas del Campoamor, el pasado febrero. / Luisma Murias.

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Cosme Marina

Cosme Marina

Está el teatro de La Zarzuela cerrando ejercicio con una nueva producción de la ópera "El gato montés" de Manuel Penella, título que, después de décadas apartado de los escenarios, ha vuelto hace ya un tiempo con fuerza a través de versiones enriquecedoras en una obra de potente calado dramático y notables posibilidades escénicas; a las que hay que añadir unos requerimientos vocales y musicales de la máxima exigencia.

El autor de la puesta en escena es el director de escena alemán Christof Loy, que el pasado febrero presentó en el Campoamor su aclamada producción de "El barberillo de Lapaviés". Loy ha conseguido el que ha sido, sin duda, uno de los espectáculos más destacados de la cartelera lírica madrileña de toda la temporada y lo ha hecho con una mirada sobre la obra en la que, sin renunciar a sus señas de identidad clave, se pliega a la dramaturgia de la obra con la excelencia de los grandes maestros.

Hace unos meses ya comenté que en el mundo musical español la queja es el mantra que se entona sin cesar. Estoy harto de escuchar a nuestros artistas cómo en el extranjero no hay interés por nuestro repertorio, pero si, de repente, alguien se acerca demasiado, entonces ya sobra: ¡qué se habrá creído, a ver si nos va a dar lecciones de zarzuela uno de fuera! Es muy paleto ese complejo de inferioridad que se plasma en una inseguridad continua. Quien se acerque a nuestra lírica desde el respeto tiene el mismo derecho a hacerlo que los españoles que llevan toda la vida cantando y dirigiendo repertorio italiano, alemán o francés. La música no sabe de compartimentos estancos ni de nacionalismos absurdos.

Loy quedó deslumbrado por la zarzuela tras ver la producción de Emilio Sagi de "La del manojo de rosas". Y, desde entonces, se ha lanzado de lleno a trabajar el repertorio, creando una compañía, Los Paladines, y además, del "Barberillo", estrenando "Benamor" en Viena, y con muchos más proyectos ya cerrados para los próximos años que llevan la zarzuela a los grandes teatros y festivales de ópera europeos. Está, además, recibiendo premios por su labor, lo que también indica que está acertando en su planteamiento.

La pasada semana escribía la crítica Ana García Urcola: los españoles somos muy "perro del hortelano" (…) y no contentos con no reconocer como se debe a nuestros artistas y creadores –en cualquier ámbito–, nos molesta cuando vienen otros a apreciar y ensalzar lo nuestro. Ya saben, que si "ahora van a venir éstos a descubrir lo que tenemos aquí". Algo de esto se percibe en el sector, aderezado con la viscosidad de la envidia ante el talento incuestionable. El propio Loy lo vive con curiosidad y quiere achacarlo a la "pasión" española. Eso sí, debe ir con cuidado porque hay pasiones que matan.

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