02 de abril de 2012
02.04.2012

Un jugador con clase y acierto en los momentos calientes

«Siempre fue el bueno de la familia», dice Héctor Macía de su hermano

02.04.2012 | 02:00
En la imagen de arriba, Adrián Macía, en el partido que jugó el Oviedo Baloncesto contra el Barça B en el polideportivo de Pumarín durante esta temporada. Abajo, tras el partido ante el Ourense, también en el polideportivo ovetense, jugando con sus dos hijos, Adrián, de 4 años (a la izquierda), y David, de 3. | miki lópez / luisma murias

Adrián se decantó en su día por una vida y un trabajo estable. Tuvo la oportunidad de probar suerte fuera de Asturias, como hizo su hermano con éxito, pero decidió quedarse. Eso sí, nunca, ningún año, fuera más o menos competitiva la categoría, dejó de jugar al baloncesto. En el entorno del club se le admira mucho, como persona y como jugador. Por el esfuerzo que hace para jugar al baloncesto y -la frase más repetida cuando se habla del juego de Adrián- por «la clase que tiene». Y es que da gusto verle sobre el parqué, sus movimientos son siempre elegantes y su tiro exterior suele ser garantía de éxito, sobre todo en los momentos calientes de los partidos.

Tiene que hacer un esfuerzo para acordarse de los equipos por los que ha pasado tras tantas temporadas: el Nueva Base de Avilés, de donde se fue al Grupo Covadonga y luego su última etapa antes del Oviedo en la Atlética Avilésina, equipo del que guarda Adrián unos recuerdos muy gratos: «Éramos un grupo de gente que llevábamos jugando toda la vida juntos. Gente de casa. La verdad es que fue una etapa muy bonita, donde conseguimos competir a gran nivel a pesar de ser un equipo humilde».

Algunos de los que ahora son sus jefes en el Oviedo, el preparador físico Agustín Munárriz y el director general del club Héctor Galán, coincidieron con él en sus etapas como jugadores. «Munarriz tenía una zurda muy buena», dice Adrián, no sin algo del cachondeo que les ha hecho famosos a él y a su hermano dentro del vestuario ovetense. «Contra Héctor (Galán) me parece que jugué cuando él estaba en Zamora», sigue rememorando.

Hecho el balance Adrián Macía no se arrepiente del camino emprendido. «Siempre te queda la duda. El verdadero nivel lo das cuando estás dedicado en exclusiva al baloncesto. Pero pienso que tomé la decisión correcta». Una de las razones para no irse fuera fue precisamente el hecho de comenzar a trabajar en la empresa en la que aún sigue, y de la que vive. Comparando con su hermano Héctor dice que «él no se encontró esa situación y decidió probar suerte y entró en esa dinámica». Dos caminos que se bifurcaron para volver a unirse años más tarde, de nuevo en casa.

Ahora Héctor y Adrián disfrutan de jugar juntos sus últimos años, y de hacerlo a un nivel más que aceptable. También veterano (un año menor que Adrián), Héctor está haciendo una campaña excepcional, con menos problemas con las lesiones que otras temporadas. Lesiones que Adrián ha sufrido algo menos. «Yo he tenido, como dice mi hermano, el mal de la familia, que son los gemelos. Debemos llevar entre los dos más de diez roturas de gemelo. Pero, en mi caso, tampoco es que hayan sido muy graves. Lo más grave que tuve fue una rotura de escafoides hace diez años. Supongo que si hubiera tenido más problemas y más molestias físicas no hubiera seguido tanto tiempo», explica.

Ahora que se acerca el final de la temporada Adrián reconoce que hay momentos malos. «El fin de semana en vez de descansar tienes que jugar, y a veces viajar...», pero sobre todo, «las piernas. Trabajo de pie casi todo el tiempo y lo que más noto cuando salgo tarde de entrenar es que no tengo margen de recuperación». Pero, por encima de eso, hay una cosa que cada verano puede con cualquier otra razón: «Es que a mí esto me gusta. Me gusta competir y cuando pasa el verano lo necesito».

Oviedo, A. L.

Cuando habla de su hermano, Héctor Macía le quita el barniz de humildad con el que Adrián pinta su historia. Si Adrián dice que «no es para tanto», Héctor cuenta detalles no revelados que engrandecen la figura de este jugador avilesino, capaz de darlo todo en el campo y fuera de él.

«Siempre dije que fue el bueno de la familia. Cuando éramos cadetes le llamaron de la cantera del Barça. Pero aquellos debieron ser -exagera Héctor- los años de la posguerra. Y entonces era diferente, no sabías lo que podía pasar y mis padres pensaban que era muy pequeño para irse fuera», cuenta el hermano pequeño. Preguntado por los comienzos de ambos, a Héctor se le vienen a la memoria las caminatas que se tenían que dar los dos para ir a entrenar en Avilés o cuando tenían que coger el autobús cada día para ir a jugar con el Grupo Covadonga. «Si tengo que andar tanto ahora para ir a entrenar no se yo», reconoce en tono jocoso el menor de los hermanos Macía.

Mucho cachondeo utiliza también Héctor para explicar lo que ha supuesto el paso de los años para ambos hermanos: «Hemos tenido que sacrificar el espectáculo. Él se dedica a los triples y yo a los ganchos. Cuando me acuerdo que yo en Burgos llegué a participar en un concurso de mates...». Más serio se pone para hablar del esfuerzo que hace Adrián para seguir jugando a este deporte que tanto gusta en la familia Macía: «Cuando tuvo a los chavales adelgazó muchísimo. Con los guajes que no le dejaban dormir por la noche, madrugando para el trabajo y entrenando; era mucho tute». Para Héctor solo hay una explicación, «hay que tener mucho amor al deporte».

También se deshace en elogios otro que lo conoce muy bien y desde hace mucho tiempo, el director general del club, también avilesino, Héctor Galán. «Lo conozco desde que era juvenil y yo senior en el Nueva Base. Es un ejemplo para todos en el club, no solo para los jugadores. Hace muchos sacrificios para jugar al baloncesto. Ojalá tuviéramos muchos como él en el club y en todas partes», sentencia Galán. Lo que es seguro es que este verano Adrián se sentará con Galán en un café, en Avilés. «¿Un añito más?».

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