01 de marzo de 2013
01.03.2013

Cuatro décadas en el judo

José Pajarón recibe de la Federación el cinturón negro 7.º dan por su dedicación y promoción de esta disciplina en Pola de Lena

01.03.2013 | 02:36

Pola de Lena,


Pablo ANTUÑA


Con 16 años, José Pajarón descubrió su pasión por el deporte. Jugaba en el equipo de baloncesto del Hunosa de Mieres y en los entrenamientos coincidían con otros jóvenes que practicaban judo. «Se me iban los ojos de forman constante. Por eso un día pregunté a Ramón Menéndez, un cinturón marrón de judo que conocía, si yo podía probar para ve si me gustaba el judo. Y me cautivó. Fue mi primer profesor y así llevó desde septiembre de 1973 disfrutando de este arte marcial», señala José Pajarón.


Y tras esto comenzó una carera de cuatro décadas como practicante, entrenador, organizador de seminarios y su último logro: el 7.º «dan». «Es una gran satisfacción y una inmensa alegría. Cuando comencé a practicar este deporte lo primero que me dije que era para toda la vida y que tenía que seguir hasta el final. Todo este tiempo dedicado en cuerpo y alma al judo se ve recompensado de forma satisfactoria. Más que un deporte es una filosofía de vida», relata.


El judo formó desde un inicio parte de su vida. Y por un signifaco especial. «Es todo, disciplina, espíritu, capacidad de sacrifico y de superación, entrega, amistad, compañerismo y especialmente que está rodeado de una inmensa mayoría de buena gente», recuerda Pajarón. En Pola de Lena seguía las instrucciones de Ramón Menéndez y en Oviedo las del Maestro Shu Taira, actualmente 9.º «dan» de judo. Y ahí se produjo uno de sus mejores combates. «Tras ganar por Ippon (máxima puntuación igual al KO) a cinturones superiores a mí, llegué la final con el judoka mas destacado de aquella época cinturón negro que se llamaba Alcibíades y como árbitro del combate el Maestro Taira, gané por «Ippon» de O Soto Gari a los 30 segundos de iniciarse el combate. Nunca se me olvidará porque fue el que me enganchó a este deporte», señala este lenense.


Y así llegaron varias convocatorias con la selección asturiana y diversas medallas en los regionales que alternaba con la disputa de pruebas a nivel nacional e internacional, civil, policial y militar. «Mi cenit deportivo fue en Oslo en 1990 en el campeonato de Europa. Allí conseguí un diploma tras obtener el quinto puesto y un año más tarde en la ciudad italiana de Trento obtuve la medalla de Bronce en el Campeonato del Mundo de la Policía», analiza Pajarón.


Policía de profesión, con apenas cinco años en el mundo del judo decidió impartir clases. Corría por aquel entonces el año 1982 cuando le ofrecieron tomar el relevo de Ramón Menéndez. «Me hacía mucha ilusión. En aquel momento tenía el grado de cinturón negro 2.º «dan» y recientemente había acabado mis estudios como profesor e instructor de educación física en la Escuela Central de Toledo. Ese mismo año realicé en Badajoz el curso de monitor de judo. En 1984 hizo el curso de entrenador regional en Valencia y en Madrid, dos años más tarde, el de maestro y 3.º «dan» de judo, siendo además el número uno de la promoción», relata.


La otra faceta de José Pajarón es su dedicación al arbitraje. Desde el año 1997 está en la Federación como Director de Arbitraje y ha participado en eventos nacionales e internacionales como árbitro, en representación de Asturias. «Arbitrar no es fácil y hacerlo bien menos. Un árbitro es la máxima autoridad sobre el tatami, sobre él recae toda la sabiduría y el conocimiento legal que se contempla en el reglamento de competición. Debe de ser totalmente neutral e imparcial y en judo deberá de tomar decisiones en décimas de segundos. Con esto quiero decir que arbitrar no es nada fácil y que dedicarse a ello es por dos motivos principalmente: te gusta y sabes de ello», analiza este lenense.


Pese a llevar toda una vida, José Pajarón sigue teniendo la misma ilusión que en su comienzo allá por la década de los setenta. «Sigo con la misma ilusión. Mi objetivo es seguir creciendo con el judo a través del desarrollo del programa relativo a cada nivel dentro del curso escolar, concienciar al alumnado de una serie de criterios básicos necesarios para la práctica de este deporte, como son la disciplina, puntualidad, respeto y orden; y potenciar las cualidades físicas y psíquicas como equilibrio, elasticidad, flexibilidad, coordinación, agilidad, habilidad, agilización mental o superación de problemas», palabra de todo un maestro que lleva cuatro décadas practicando este arte marcial.

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