27 de julio de 2009
27.07.2009
Fórmula 1

¡Maldita tuerca!

La ilusión de una pole prometedora se fue por los suelos cuando la rueda delantera derecha de Fernando Alonso se escapó de su sitio nada más salir de la primera parada en boxes

27.07.2009 | 02:00
¡Maldita tuerca!

Budapest (Hungría), Álvaro FAES,
enviado especial de
LA NUEVA ESPAÑA
La ilusión de una pole prometedora se fue por los suelos cuando la rueda delantera derecha de Fernando Alonso se escapó de su sitio nada más salir de la primera parada en boxes. De pronto, el R29 comenzó a perder ritmo sin motivo aparente, a razón de cuatro décimas por vuelta ante un Hamilton crecido, de vuelta a la luz de los focos. Problemas en la bomba de la gasolina. Y luego llegó el drama, el regreso a un recuerdo negativo, indeleble en el alonsismo. La maldita tuerca y otra vez en Hungría, como en 2006, cuando media España odió a un mecánico anónimo que con su fallo sacó de la carrera a un asturiano volador bajo la tormenta.

Lo de ayer fue muy parecido, aunque por suerte para el ovetense esta vez no tenía un Mundial en juego. Sólo la ilusión de verse con opciones de llegar al podio en una temporada para olvidar. De ahí su enfado nada más bajarse del coche, congestionado por el calor y la tensión de ver cómo el regreso al cajón se esfumaba como por arte de magia. En la carrera de abandonar el circuito, esta vez ganó Fernando Alonso. Fue la única que se anotó el día de su primer abandono de la temporada. Todavía quedaban treinta vueltas de carrera cuando tomó la dirección del aeropuerto. Le esperaba un avión para mandarle directo a casa. Salió tan rápido que incluso ganó a Bernie Ecclestone, especialista en fugas cuando el paddock está desierto mientras los pilotos se disputan la carrera. El Mercedes S600 del patrón de la F1 enfiló la salida a las 15.15 horas. Catorce minutos antes lo había hecho Fernando Alonso, acompañado por su representante.

El repostaje de la polémica llegó en la vuelta 12. El asturiano venía con problemas en la bomba de la gasolina y le mandaron entrar un giro antes de lo previsto. Fue una parada rápida de 6,4 segundos, con gasolina para unas veinte vueltas. Iba a tres paradas y sus opciones de podio eran reales. Pero no contaba con el error de un mecánico. Luego nada se pudo arreglar, ni siquiera con otro paso inmediato por las calles de los garajes. La bomba de gasolina no daba para más y era imposible seguir. Hungaroring, el circuito talismán, se rebelaba contra su hombre, el piloto que ganó por primera vez en 2003, que firmó una remontada histórica en 2006, pero al que los duendes juegan malas pasadas a la hora de rematar las maniobras en el pit lane.

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