03 de abril de 2011
03.04.2011
 

El triunfo de la resistencia

La firmeza defensiva y la templanza de De las Cuevas dan al Sporting la tercera victoria de su historia en el feudo del Real Madrid

03.04.2011 | 02:00

La resistencia también lleva a la victoria. Quedó demostrado anoche en el Bernabeu. El Sporting logró una victoria histórica gracias a su firmeza defensiva, a la inspiración de un Juan Pablo agigantado y a la frialdad de Miguel de las Cuevas. También ayudó encontrarse a un Madrid limitado, con un Adebayor que ha perdido la sonrisa y con Ozil demasiado caído a banda, muy lejos de donde duele. Mourinho acabó de desquiciar a su equipo con un carrusel de cambios que trajeron el descontrol. La defensa de tres fue una invitación para un Sporting que ya saboreaba el empate, pero que no dejó pasar la oportunidad de lanzar un bocado a la yugular de la Liga.

El encuentro de ayer puede haber sido decisivo para ambos equipos. El Sporting logra tres puntos inesperados que lo lanzan en la carrera por la permanencia y que le dan alas para el sprint final. El Madrid prácticamente dice adiós al torneo, al menos si se hace caso de la advertencia de Mourinho en la previa. «Perder ante el Sporting es perder la Liga», avisó el luso. Y el Sporting ganó.

Miguel de las Cuevas logró situar su nombre junto a los de Pío y Velasco, como los goleadores de las tres únicas victorias del Sporting en el Bernabeu en Liga. La estadística, la ciencia más mentirosa que existe, dirá que el Sporting marcó en su único disparo entre palos. Es cierto, pero también lo es que los rojiblancos pudieron adelantarse mucho antes. Nacho Novo tuvo en el primer tiempo la ocasión que había soñado durante toda su vida. Recibió un envío magistral de Nacho Cases a la espalda de Albiol, regateó a Casillas con naturalidad y, con todo a placer para marcar, le entraron temblores en su pierna izquierda y pifió el remate. También André Castro pudo marcar en el primer tiempo, tras una acción ensayada a la salida de un córner, pero su disparo con el interior salió rozando el larguero.

Y es que el Real Madrid tan sólo fue capaz de encerrar al Sporting en los minutos finales, cuando, a la desesperada, quisieron evitar que la Mareona se les llevase la Liga. Pero entonces el equipo blanco quedó al gobierno de la ansiedad. Sólo así se entiende que uno tras otro todos sus remates se estrellasen en el cuerpo de algún futbolista del Sporting. Faltaba un matador entre los blancos. Adebayor es un tipo divertido, quizá la alegría del vestuario, pero no es el delantero resolutivo que se espera del Real Madrid. Ayer era su día y demostró que la camiseta blanca le queda grande. Una a una fue marrando todas las ocasiones que le servían Ozil, Di María y el resto de compañeros. El Bernabeu se le vino encima cuando Juan Pablo le ganó un mano a mano.

Juan Pablo, héroe de un Sporting que acabó encerrado

Durante toda la semana algo en Mareo invitaba a la machada. El fútbol se mueve muchas veces por sensaciones y el Sporting es un equipo que cree en sí mismo. No es para menos. Ha ganado a Real Madrid y Atlético y ha empatado con Barcelona, Valencia y Villarreal. Unos números que firmaría cualquier equipo de la Liga.

Preciado mantuvo el plan previsto, aunque tuvo que variarlo a los dos minutos. La primera acción del encuentro resume lo que fue el partido. Granero saca una falta pasada, Albiol llega al balón en el límite de la línea de fondo y vuelve a meterlo dentro para que Carvalho marque. González González indicó que el balón había salido por la línea de fondo. El Madrid perdió un posible gol, pero el Sporting salió peor parado. En el barullo, Canella chocó con Juan Pablo y quedó herido sobre el césped. Demasiado pronto para perder tiempo. El cambio fue inmediato.

El Madrid le entró intenso al partido. Mientras Özil se acomodaba a la derecha, Di María cargaba una y otra vez sobre el área del Sporting. Cada acometida del argentino sembraba el pánico. El incombustible Rivera aparecía una y otra vez en auxilio de Lora. El madrileño sufrió como nunca antes en la Liga. Una vez desbravado el rival, el Sporting fue buscando su espacio. Incluso consiguió presentarle sus respetos a Casillas. Las ocasiones de Nacho Novo y André Castro antes del descanso anunciaron que la de ayer no iba a ser una tarde plácida para el madridismo. El Madrid, como es natural, también tuvo las suyas, pero nada del otro mundo.

El panorama cambió tras el descanso. Mourinho le metió una marcha más a su equipo. El Madrid fue acobardando al Sporting, que se encogió sobre su área. En los primeros seis minutos, los blancos acumularon tres disparos entre palos y dos saques de esquina. Juan Pablo fue dando curso a cada ocasión ayudado en ocasiones por la poca precisión de los atacantes blancos. A Mourinho no le pareció bastante y movió sus fichas. Hizo un cambio que quiso pasar por valiente, pero que fue una cobardía. Dio entrada a Higuaín, muy lejos de un estado de forma aceptable, y sentó a Granero. Su equipo pasó del 4-3-3 a un 4-2-3-1, con el Pipita por la derecha y Khedira y Lass en el doble pivote. Más delanteros, pero sin abastecimiento.

El caso es que pudo salirle bien. En uno de los pocos despistes defensivos del Sporting, Di María corrió como un galgo por el centro y abrió la pelota a Higuaín, que pisaba ya el costado derecho del área. El argentino mandó un cañonazo que Juan Pablo repelió bien colocado. Ahí se acabaron los dos. Di María desfondado y el Pipita fuera de forma.

Fue entonces cuando Mourinho dejó pasmado al Bernabeu. Metió a Pepe, un defensa para atacar mejor, y a Canales, que demostró la falta de ritmo. Dejó una defensa de tres, mandó a Sergio Ramos al interior y llenó de jugadores el área del Sporting. Fue una invitación al atrevimiento que no se podía dejar pasar. Sangoy y Nacho Cases combinaron hasta que el gijonés ganó la línea de fondo y asistió a De las Cuevas con un pase de la muerte de toda la vida. El alicantino paró el tiempo, se colocó, observó a Casillas y ajustó un disparó raso junto al poste. Imposible incluso para el mejor portero del mundo.

Nadie entra en la historia sin sufrir. El Sporting de Manolo Preciado vivió dieciséis minutos de bombardeo continuo. Las ocasiones se sucedían y los rojiblancos sacaron hasta tres balones en la línea de gol, el último a cargo de Botía en un remate del alemán Khedira. La puerta de la historia se le ha abierto a este equipo que será recordado por siempre como el que paró la racha triunfal de Mourinho como local. Una hazaña que dará la vuelta al mundo.

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