12 de marzo de 2012
12.03.2012
40 Años
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Blanco radiante: Mano, muslo y un tercer tirador

12.03.2012 | 01:00

Mano. Estadio Benito Villamarín. 10 de marzo de 2012. Final del día. Jefferson Montero tiene el mundo a sus pies. Último minuto en el campo del Betis. Nervioso. Levanta la cabeza y chuta. El balón realiza un ligero arco y golpea a Sergio Ramos. El público ruge. Algo ha pasado y él intuye que el madridista ha sido alcanzado por su disparo. Jefferson Montero mira cómo todo el mundo levanta las manos increpando al árbitro. Él también, por imitación, asume que su pelotazo ha tenido que colisionar con la mano de Ramos. Jefferson Montero corre hacia el trencilla, creyendo agraviado lo más profundo de su ser.

Muslo. Estadio Benito Villamarín. 10 de marzo de 2012. Final del día. Sagües Oskoz sustituye a un Iturralde González que se lesionó con gravedad teatral, casi como si le hubiese disparado Oswald. El árbitro joven está nervioso y espera que todo acabe bien. El ecuatoriano del Betis, Montero, entra en el área y tira. El balón impacta en Sergio Ramos y el árbitro nota que la ligera elipsis del esférico engulle su carrera. Escoge muslo. Los jugadores del Betis le acorralan. Él pita normalmente en 2.ª B y, qué cojones, no sabe qué hacer.

El tercer tirador. Estadio Benito Villamarín. 10 de marzo de 2012. Final del día. Pedro Palacios, el fotógrafo de un diario local de Dos Hermanas, está muy nervioso. Quiere que el Betis gane y, de vez en cuando, grita e insulta a los jugadores del Madrid y, cómo no, al árbitro. Pedro Palacios nació en Sevilla y su padre es sevillista, por eso le jode más perder. Pedro Palacios sabe quién es Jefferson Montero cuando dispara. Pedro Palacios no sabe quién es Sagües Oskoz, pero tardará poco en saberlo. Jefferson Montero y el fotógrafo disparan a la vez. Las imágenes de Pedro Palacios registran la trayectoria elíptica del balón, tan perfecta ella, hasta que impacta en Sergio Ramos. Oye el agite de injusticia del público y supone que algo ha pasado. Raudo, busca en la pantalla de su cámara para saber qué. Y allí el balón toca a Sergio Ramos y ve algo más. Hay algo más que una mano y un muslo. Algo más. Se asusta y piensa en borrar su fotografía cuanto antes. Alguien, violentamente, le golpea. Se viene, Pedro Palacios, al suelo. Nadie, ni Jefferson Montero ni Sagües Oskoz, presta atención a un fotógrafo inconsciente al que meterán en un furgón.

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