22 de marzo de 2012
22.03.2012
40 Años
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Real Oviedo
Conquense 1 - Oviedo 0 

Mal Oviedo, peor arbitraje

El equipo azul cae en Cuenca desquiciado por la labor del colegiado y por su desacierto en un partido en el que apenas llegó al área rival

22.03.2012 | 01:00
El oviedista Aitor Sanz disputa un balón con un jugador del Conquense ante la mirada del árbitro. | lof

Hace tiempo que la versión del Oviedo a domicilio se ha acostumbrado a jugarse todo al azar. Decidido a no hacer valer su condición de superioridad, los azules prefieren dejar el signo del partido a cuestiones de fortuna. Como si los tres puntos dependieran de un cara o cruz, de los dados o de la ruleta rusa. O de un piedra, papel o tijera si prefieren. El problema de este guión es que deja el resultado demasiado expuesto a cuestiones externas. El colegiado Munuera Montero es uno de esos elementos inesperados.

Vaya por delante que el juego azul fue el de los peores días. Con la correspondiente concesión a la lucha y entrega habituales, la capacidad de creación recordó al de las tardes más aciagas. Los enormes defectos de un timorato Conquense parecieron poco visibles ante la propuesta del Oviedo. Los de Pacheta igualaron voluntariamente el duelo como ya ocurriera en La Roda, Luanco o Vecindario. Con resultado negativo en la mayoría de los casos.

El elemento desestabilizador esta vez fue el colegiado andaluz. Munuera Montero es uno de esos árbitros con aspecto chulesco, gestos histriónicos y facilidad para el protagonismo. Apunten su nombre porque le espera un gran futuro en la elite. Además de mermar al Oviedo con la inexplicable expulsión de Aitor Sanz, el trencilla fue dinamitando la moral con pequeños detalles.

El manual del desastre azul se inicia en el minuto 7. Una buena (y única) combinación dejó a Aitor Sanz en la frontal del área. El pivote soltó un latigazo desde la frontal y sólo una gran intervención de Caballero evitó el tanto. El colegiado señaló saque de puerta. Aitor Sanz se dirigió educadamente al colegiado para indicarle que el portero había punteado el lanzamiento. Nada de elevación de voz ni de gestos de menosprecio. Así lo cuentan los protagonistas en el césped y así pareció desde la grada. El árbitro premió la observación con amarilla.

La misma medida que usaría minutos después para sancionar dos faltas tibias de Candela y Owona. Y que más adelante repetiría con Pelayo. «Tanta amarilla condiciona», explicaría minutos después Pacheta en la rueda de prensa.

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