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Baloncesto

Los hermanos Macía, eternos

Los avilesinos Adrián y Héctor, de 36 y 35 años, encaran su séptima temporada en el Oviedo

Adrián, a la derecha, y Héctor Macía, en Avilés.

Adrián, a la derecha, y Héctor Macía, en Avilés. / mara villamuza

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Oviedo, Antonio LORCA

En el polideportivo de Pumarín hay pocas cosas que no cambian de lugar cuando arranca una nueva temporada. Siempre están ahí las canastas, los banquillos, las gradas, el marcador electrónico? y los hermanos Macía. Los avilesinos se han convertido en dos de los pilares sobre los que se asienta el proyecto carbayón. Lo son por lo que hacen sobre la cancha y también por el ejemplo de sacrificio y esfuerzo que transmiten al resto de sus compañeros y a los chavales de la cantera.

Esta será la séptima temporada consecutiva en la que compartirán vestuario Adrián y Héctor, la tercera en LEB Plata. Las carreras de los dos hermanos se unieron en el Oviedo, ya que antes cada uno había seguido un camino diferente. Adrián renunció a salir fuera de Asturias, lo que provocó que debutara en LEB Plata hace tan solo dos temporadas con el equipo ovetense. Por su parte, Héctor decidió probar suerte fuera y se labró una carrera larga y provechosa en categoría LEB en clubes como el Valls, el Burgos o el Caja Rioja.

El Oviedo les ofreció a los dos hermanos la oportunidad de jugar juntos a un nivel digno y dentro de un proyecto con futuro. Ellos, en contraprestación, han decidido alargar sus carreras todo lo que el cuerpo les permita y exprimir al máximo sus físicos. Líderes indiscutibles del vestuario, esta temporada les tocará lidiar con un equipo muy renovado, que perderá a referentes como el base Rubén Suárez. Además, tras conocer a los dos primeros fichajes del Oviedo, Ricardo Pámpano (19 años) y Fran Cardenas (22 años), parece que serán los veteranos en un equipo que tiende a rejuvenecerse.

Ellos se toman su edad y casi todo lo demás con bastante humor. Apenas dan importancia a su continuidad en el club, y eso que Adrián concluye cada temporada casi seguro de que será la última por el agotamiento que le supone conciliar trabajo, hijos y deporte. «Nosotros ya no podemos engañar a nadie», dice entre carcajadas Héctor Macía, junto al que se encuentro su hermano mayor. «Estaremos ahí para lo que necesite el entrenador. Está claro que si el club ficha a jugadores que cuajen bien tendremos menos minutos que la temporada pasada, pero nosotros intentaremos aportar lo máximo que podamos», añade.

Héctor, de 1,98 metros, se pone serio para alabar lo que está haciendo el club asturiano: «Jugar en casa y en esta categoría, tal y como está el panorama nacional del baloncesto, es un lujo. Que el Oviedo haya conseguido por tercera campaña consecutiva seguir en LEB Plata es una clara demostración de que las cosas se están haciendo bien».

Tras dejar claro el amor por los colores, interviene el hermano mayor, que reconoce que no ha podido evitarlo: «Me picaba el gusanillo. Cada año es lo mismo, acabó pensando que no sigo y ahora se me hace larga la espera para empezar la temporada».

Y es que a Adrián le gustaría empezar a jugar mañana y no tener que esperar a que la liga comience el 20 de octubre. El mayor de los Macía sabe poco de los movimientos que está haciendo el Oviedo, aunque ya se ha enterado de que han fichado a dos jóvenes bases. A Cardenas ya lo sufrió la temporada pasada: «Es un muy buen fichaje. El año pasado estaba de segundo base en el Ourense, pero es un joven muy prometedor y que nos va a aportar mucho». En cuanto a lo que se espera de él, Adrián lo tiene claro: «Mi rol va a ser el mismo de la última temporada. No creo que vaya a cambiar mucho». Un rol que aportó al equipo 18 minutos, 6,5 puntos y 3,1 rebotes por partido. Un poco por debajo de los espectaculares números de Héctor, que la campaña pasada se salió con 24 minutos, 12,4 puntos y 3,5 rebotes por partido.

El Oviedo, que este año estará dirigido por Guillermo Arenas, el que fuera compañero de ambos como jugador, necesita todavía los sorprendentes ganchos de Héctor y la elegancia sobre la cancha de Adrián. También necesitan que su ejemplo cunda en la cantera.

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