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Ya tocaba, Javi

Tras quedarse fuera de Pekín y Londres, Hernanz aspira a hacer historia al frente del K-4 en Río

Javier Hernanz.

Pase lo que pase an Río de Janeiro, al hacer balance de su carrera deportiva Javier Hernanz siempre tendrá una sensación de deuda pendiente. Porque el piragüista de Arriondas está convencido de que su momento de gloria olímpica tendría que haber llegado hace ocho años, en Pekín. Se había ganado una plaza en K-2 1.000 junto al palentino Diego Cosgaya, pero la reglamentación obligó a la federación española a elegir entre dos embarcaciones. El billete fue para Saúl Craviotto y Carlos Pérez Rial, que volvieron de China con la medalla de oro. Hernanz, desde su casa en Arriondas, pensó que él también podría haber estado en lo más alto del podio.

La peculiaridad de los Juegos, que prima la distribución geográfica sobre los méritos deportivos, también le dejó fuera de Londres, en lo que parecía el final de sus opciones olímpicas. Pero un año después fue uno de los elegidos para formar un K-4 que acabase con la mediocridad española en la modalidad desde aquel mítico barco capitaneado por otro asturiano, Herminio Menéndez. Con Luis Brasero como entrenador y Rodrigo Germade, Íñigo Peña y Óscar Carrera a su espalda, los resultados no tardaron en llegar. El oro en la Copa del Mundo de Milán en 2014 confirmó que se estaba gestando algo grande.

Hace un año, en el Mundial, el K-4 español se aseguró una de las siete plazas para los Juegos Olímpicos. Esta vez nadie se la podía quitar desde un despacho, aunque la composición del barco podía variar hasta el último momento en caso de lesión o evidente baja forma. "Con el paso del tiempo, recuerdo aquel día con una gran satisfacción, aunque en aquel momento sentí mucha rabia por no conseguir alguna medalla", señala Hernanz, que sigue viendo su ausencia en Pekín y Londres de la misma manera: "Fueron decisiones al margen de lo deportivo, de gente con intereses personales por encima de las carreras de los deportistas".

La clasificación olímpica es tan exigente que Hernanz se atrevió a pronosticar, nada más conseguirla, que en Río sería más fácil estar cerca del podio que en el mundial. Al menos, ya sabe lo que no tiene que hacer: "La experiencia de Atenas me permitirá dominar la situación, pero sólo disfrutaré plenamente de los Juegos si consigo medalla". Después, a la hora de la verdad todo dependerá de unas décimas de segundo: "Hay siete u ocho K-4 que no fallan nunca, muy igualadas en tiempos y rendimiento. Dependerá cómo lo gestionemos el día de la competición.

Hernanz no ignora del carácter simbólico de la prueba para el piragüismo español: "Intentaremos hacer historia, como la K-4 de Herminio. Pasaron muchos años y ellos compitieron en otras circunstancias. El piragüismo está mucho más evolucionado. Fueron unos pioneros y tuvieron un mérito increíble. Remaron contra corriente porque no había antecedentes de medallas en Juegos".

El piragüismo, como otros deportes, no escapa a las sospechas por el dopaje, un asunto que pone a Hernanz de los nervios: "Nosotros estamos luchando contra eso, pero hay países que ven los Juegos Olímpicos como una guerra y ponen el deporte al servicio del Estado. Ya han caído los rumanos y hay sospechas sobre otros países. Ojalá que después de lo que ha pasado con Rusia la gente empiece a coger miedo y podamos competir en igualdad de condiciones".

Centrado en el aspecto puramente deportivo de los Juegos, Javi Hernanz no lamenta haberse perdido la ceremonia inaugural, ni haber coincidido con su novia, Mireia Belmonte, sobre la que no quiere hacer ningún comentario. El parragués también asegura que no tiene preferencias por conocer a ninguna de las estrellas de otros deportes. En los próximos días, su mayor preocupación será conocer al dedillo la pista olímpica: "Lo único que pido es que sea lo más objetiva posible. Que nadie salga favorecido o perjudicado por el viento o las algas".

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