16 de enero de 2017
16.01.2017
Fútbol Primera División

Hasta que llegó su hora

El Madrid, que se sintió ganador tras el 0-1, facilita la remontada de un bravo Sevilla con un gol en propia puerta y un despiste en el descuento

16.01.2017 | 01:55
Ben Yedder y Rami celebran el gol del empate, con Sergio Ramos lamentándose en el suelo.

El fútbol es un misterio indescifrable. Y cuando por el medio andan el Madrid y el Sevilla, más. Porque tres días después del rocambolesco partido de Copa, lo del Pizjuán fue el mundo al revés. El equipo imbatible, el más fiable del mundo durante meses y meses, el que se rebela contra la derrota, al que en último extremo le echa un guiño la fortuna, cayó del cielo al suelo en siete minutos. Como si algún diosecillo quisiera enredar, todo empezó con un remate para la puerta equivocada de Ramos, el salvador convertido en verdugo. Y, redoble de tambor, el descuento también se volvió en contra del Madrid. Vitolo le robó la cartera a Benzema y Jovetic, desde el borde del área, remató con tanta fe como puntería. Así, por sorpresa, al Madrid también le llegó su hora.

Fue un Sevilla-Madrid atípico, muy condicionado por las pizarras. En vez de la locura copera, Sampaoli y Zidane apostaron por el control, esperando el primer error del rival. Por eso, hasta el doble fallo de Escudero y Sergio Rico, que arrolló sin ninguna necesidad a Carvajal, apenas hubo actividad en las áreas. Tras otro partido gris, Cristiano Ronaldo cubrió el expediente con un lanzamiento impecable. El Madrid se creyó definitivamente inmortal y, durante un buen rato, la incapacidad del Sevilla abonó la sensación de que estaba todo el pescado vendido.

El Madrid más sólido, armado desde atrás por Zidane con una defensa de tres centrales, no sufría lo más mínimo. Sampaoli buscó la reacción en el banquillo y, como se demostraría después, Jovetic y Sarabia confirmaron que el argentino es un entrenador con estrella. Porque la historia cambió a partir de una falta muy bien lanzada por Sarabia, a un punto tan indefinido del área pequeña, que Sergio Ramos batió a Keylor Navas. De repente, un Sánchez Pizjuán apagado por la evidencia de los hechos, entró en ebullición. Y con él un equipo, el Sevilla, que no parece cómodo con el freno de mano puesto.

Así que, en vez de conformarse con evitar el habitual golpe postrero del Madrid, se fue arriba con todo. N´Zonzi, la figura indiscutible del partido, se adueñó del terreno de juego y, a su alrededor, se soltaron por fin Nasri, Vitolo, Mariano y Sarabia. Parecía que la reacción había llegado demasiado tarde y que el Madrid, mal que bien, iba a salir con el empate. Hasta que, en el primer minuto de descuento, un inocuo saque de banda desencadenó los acontecimientos. Vitolo presionó a Benzema, uno de los madridistas más lúcidos en una noche gris, y se la entregó a Jovetic. El serbio, que no lleva ni una semana en Sevilla, se empeñó en engordar la leyenda de Monchi. Enfiló hacia el área y desde la frontal lazó un remate cruzado que, pese al esfuerzo de Keylor Navas, acabó en la red.

Quedaban dos minutos y el Pizjuán contuvo la respiración mientras el Madrid, con Sergio Ramos a la cabeza, invadía el área de Sergio Rico. Esta vez no hubo milagro y la épica fue blanca, pero del Sevilla, un equipo empeñado en entrometerse entre los dos grandes de la Liga.

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