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Una Semana De Pasada

Luis Enrique y la mala prensa

Llull, en el momento de cometer campo atrás ante Andorra.

Llull, en el momento de cometer campo atrás ante Andorra. / LNE

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Mario D. BRAÑA

Luis Enrique siempre tuvo en el punto de mira a la prensa. En su primera temporada en el Sporting, a diferencia de otros yogurines ávidos de fama, ya marcaba las distancias. Luego con el tiempo, y sobre todo por su experiencia en el Madrid, la brecha se agrandó. Como otros protagonistas directos del espectáculo, considera que los periodistas sobran. La diferencia es que él no disimula. Su antipatía se convierte frecuentemente en insolencia y, alguna vez, en falta de respeto hacia sus interlocutores. Era así en la victoria y también lo es en la derrota. De hecho, su incidente con el periodista de TV3 en París no merece tanta incomodidad como la humillación que intentó propinar a una periodista a cuenta de su pronunciación o a otro con la pobre excusa de su apellido (Malo). Así que, por más que algunos intenten hacer leña del árbol caído, no hay más que un Luis Enrique: un borde con personalidad. En mi opinión, equivocada, pero sin doble rasero. Como aquí no nos ponemos corporativos también hay que decir que lo que más molesta a algunos comunicadores, especialmente a las estrellitas de la radio y la televisión, es la absoluta indiferencia del gijonés por lo que opinan ellos y sus tertulianos a sueldo. Son los mismos a los que les pareció muy simpática la barrabasada de Cuéllar.

Luis Enrique y la mala prensa

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