15 de octubre de 2017
15.10.2017

Un paisano de los pies a la cabeza

Antiguos compañeros de Toni Cuervo destacan tanto su valor deportivo como su vertiente humana

15.10.2017 | 01:01

La capilla ardiente por Toni Cuervo se convirtió ayer en el mejor ejemplo de la huella que dejó el exjugador y exentrenador oviedista. Durante toda la tarde pasaron por el Tanatorio Los Arenales excompañeros, rivales y jugadores que estuvieron a sus órdenes en su etapa de entrenador. En la distancia, los integrantes del equipo que jugó ayer en Granada lucieron brazaletes negros y el club ya ha solicitado que el domingo, en el partido del Tartiere frente al Córdoba, se guarde un minuto de silencio.

Javier Elósegui coincidió con Toni Cuervo en las dos últimas campañas del defensa del Oviedo. "Me llevaba a mí diez años y también le tuve como entrenador". Para el delantero de San Sebastián coincidir con Julio Marigil o el propio Toni Cuervo fue un acontecimiento: "Cuando llegué al Oviedo me acuerdo que les dije: 'Si a vosotros dos os tuve yo en cromos'".

A Elósegui, ahora presidente del Oviedo Balonmano Femenino, se le vienen a la memoria anécdotas de los años en los que coincidió con el fallecido: "Cuando yo jugaba, los defensas apenas subían, pero cuando lo hacía él me decía que bajara yo por si nos pillaban a la contra".

Otro que jugó al lado de Toni Cuervo fue Francisco Javier Artabe, que destaca su calidad humana: "Era un pedazo de pan, un paisano de los pies a la cabeza; teníamos bastante conexión", explica el que fuera delantero azul entre 1957 y 1963. Para Artabe será difícil igualar lo que Cuervo supuso para el Oviedo: "Es un histórico y no sé si habrá otro como él alguna vez; ahí están sus números". Para Artabe se trata de un capitán de los que dejan huella: "Lo que más me gustaría destacar es que era una gran persona, el capi le llamábamos . Y lo fue durante todo el tiempo que estuve en el Oviedo".

No sólo los titulares elogian al Toni entrenador. Taladrid, tercer portero de la temporada 1976-77, destaca que "no jugaba, pero personalmente no tuve ningún problema con él. Era un buen entrenador, exigente y con las ideas muy claras". Antes, de niño, lo había admirado desde la grada del viejo Tartiere: "Fue uno de los grandes del Oviedo, un capítulo muy importante de su historia".

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