02 de abril de 2018
02.04.2018

Fallece Javier Gutiérrez, el fisio de las estrellas

Nacido en Baracaldo, en Oviedo se convirtió en una eminencia en la recuperación de deportistas Formó parte de la selección española en el Mundial de 1994 y en los Juegos de 1996

02.04.2018 | 01:37
Javier Gutiérrez, primero por la derecha sentado, en la concentración de la selección olímpica española en Puente Viego. A su lado, Raúl González y Sietes.

Javier Gutiérrez Ramos, un excepcional fisioterapeuta del deporte asturiano, falleció ayer a las 9 de la mañana en el HUCA a los 72 años, cumplidos en noviembre. Gutiérrez Ramos revolucionó el deporte asturiano con la rápida recuperación de los profesionales. Sus grandes dotes le permitieron acudir a los Juegos Olímpicos de 1996 en Atlanta y estar en la Eurocopa de fútbol de Inglaterra y en los Mundiales de 1994 (Estados Unidos) y 1998 (Francia) cuando Javier Clemente, del que era amigo, era el seleccionador nacional. La capilla ardiente está instalada en la sala 6 del tanatorio Los Arenales y hoy a las 18.30 horas se procederá a su incineración.

Gutiérrez Ramos comenzó a arrastrar problemas de salud hace cinco años tras sufrir varios ictus. El fallecido era apodado "El Brujo" por su trabajo de vanguardia a la hora de detectar lesiones y luego recuperar de forma milagrosa a futbolistas, ciclistas, gente del mundo del hockey y demás deportistas que se ponían en sus manos.

Natural de Baracaldo, obtuvo su título en Oviedo, donde conoció a su esposa, Ana, también fisioterapeuta. Se afincaron en la capital del Principado, en la que nacieron sus tres hijos: Aitor, Nagore y Asier. Este último sigue la trayectoria profesional de su padre. De chaval estudió en el mismo colegio vasco que Javier Clemente. Allí germinó una excepcional amistad, en la que también tuvo mucho que ver el fútbol, ya que los dos eran excelentes jugadores. Cuando Clemente se convirtió en seleccionador, Gutiérrez Ramos se convirtió en el fisio de la Roja.

Su buen hacer llevó al Barcelona, en la etapa de Josep Luis Núñez como presidente, ha realizarle una gran oferta. Pero la desechó para seguir viviendo en Asturias. Y cuando la Federación Española destituyó a Clemente como seleccionador, Gutiérrez Ramos llamó a Ángel María Villar, presidente de la organismo, para renunciar a su cargo en la Roja.

Javier Gutiérrez Ramos empezó en el campo de la fisioterapeuta implicándose mucho en el hockey sobre patines de la mano del padre Valdés en el Santo Domingo y hasta formando parte del equipo. Luego se volcó también en el fútbol, en el ciclismo -siguiendo incluso las carreras profesionales desde la moto para conocer cómo funcionaban los corredores-, en el atletismo desde la época de Pepín Teverga y Basilio, en el boxeo de los tiempos de Gómez Fouz y Gitano Jiménez, en el automovilismo con pilotos como Alberto Hevia, Víctor Abraham y Cele Foncueva y con cualquier otro deportista del Principado que pasara por su consulta en la calle de la Lila o Ciudad del Naranco. Pero el fútbol profesional fue su gran pilar. Los futbolistas del Sporting y del Oviedo acudían a recuperarse lo más rápido posible. Fue una eminencia en este apartado para diagnosticar y luego curar a los jugadores, aunque también desató muchas envidias. Hasta el punto de que los propios entrenadores tenían que dar permiso a sus jugadores para acudir a su consulta porque lógicamente los técnicos querían tener bien pronto a sus futbolistas y los presidentes ante tales evidencias luego lo respaldaban.

Uno de los casos más polémico fue cuando en 1980 el Sporting fichó al portugués Fernando Gomes y el delantero, tras hacerle cuatro goles al Oviedo, comenzó a arrastrar unos problemas físicos graves. "Non podo", fue la frase que quedó para la historia del jugador portugués. Tras llegar a la consulta del fisio, éste confirmó que se había fichado a un futbolista cojo. Y diagnosticó que tenía una lesión grave en el tendón de Aquiles indicando dónde se le tenía que intervenir. Y después de hacerlo y la buena recuperación, Gomes en 1983 llegó a ser "Bota de Oro" aunque ya no estaba en el Sporting, ya que se había marchado al Oporto.

Como comentan ahora algunos exjugadores históricos de los dos grandes equipos de Asturias "prácticamente toda la plantilla pasaba por la consulta de Javier y aunque al principio hubo mucha polémica, luego el técnico nos decía que le avisáramos para que pudiéramos ir", aseguraba un exfutbolista. Así en aquella época se pusieron en manos de Gutiérrez Ramos futbolistas del Oviedo como Marigil, Tensi, Uría, Javier, Galán, Marianín, Carrete, Lombardia, Luis Manuel y Vili. Lo mismo pasaba en el Sporting con los Puente, Quini, José Manuel, Cundi, Jiménez, Ferrero, Lavandera, Fuertes, Manjarín y Rubén. Incluso lo hicieron Luis Enrique y Abelardo cuando estaban en el Madrid y Barcelona, respectivamente. Muchos aseguran que los clubes asturianos le deben mucho a Gutiérrez Ramos. Atendía a todos de día y de noche y aunque algunos no podían pagar tantas atenciones, su generosidad les permitía recuperarse igual.

En la época dorada del Cibeles de hockey era normal ver en su consulta a Paredes, Juanchi, Ismael, Veiga, Rojo, Luisín, Miguel Ángel... Gutiérrez Ramos también atendió a grandes figuras del ciclismo como Fuente, Balagué, López Carril, Chechu Rubiera, Coque Uría y Santi Pérez. Sin olvidar a Freire y Cabestany en lo más alto de sus carreras.

Fue precisamente Vicente López Carril, "El Candasu", cuando a diez días de empezar el Tour de Francia de 1973 se lesionó y en su equipo Kas le descartaron para la carrera gala porque le aseguraron que necesitaba un mes para recuperarse. Acudió a Javier Gutiérrez Ramos, que en seis días le puso a punto y pudo ir al Tour y encima ganar la etapa reina. De ahí que Carril le apodara "El Brujo" y muchos deportistas de aquellas épocas ya se referían elogiosamente a él por ese otro nombre.

Javier Gutiérrez Ramos trató también a grandes personalidades del mundo del espectáculo, la política y la empresa. La lista es interminable, empezando por el tenor Alfredo Kraus. Pero desde las instituciones nunca se le reconoció este prestigio en la prevención y cura de lesiones. Sí lo hicieron los deportistas profesionales asturianos, con la entrega de una en una comida en 1978 y luego otra en 1999. A aquella cita, celebrada La Gruta, acudieron más de 200 deportistas. Estuvieron futbolistas como Abelardo, Luis Enrique, Joaquín y su amigo Javier Clemente, que colmaron de alegría al fisioterapeuta. Mucho le debe el deporte asturiano a este vanguardista de la fisioterapia.

Ayer Javier Clemente no podía ocultar el dolor por la desaparición de su amigo. "Lo conocía del colegio", declaró el exseleccionador a LA NUEVA ESPAÑA. Clemente estaba al tanto de los problemas de salud de Javier Gutiérrez y, aunque ayer estaba de viaje, intentará venir hoy hasta Oviedo para estar cerca de la familia, con la que seguía en contacto.

Al margen de la relación personal, Clemente tenía un alto concepto de Gutiérrez como profesional: "Cuando caí lesionado me trató de la pierna. Muchos años después lo llevé de fisio al Mundial de Estados Unidos. Es el mejor fisioterapeuta que he conocido. Era un adelantado a su tiempo. Podría haber sido un gran doctor porque tenía mucha calidad".

El exfutbolista Joaquín Alonso fue un paciente habitual de Javier Gutiérrez desde muy joven: "Ya cuando jugaba en el Astur me llevó Enrique Casas para curar un esguince de tobillo". A partir de ahí confió ciegamente en él: "Te daba mucha seguridad en las cosas que te decía, sobre todo con las lesiones musculares".

Joaquín también destaca el carácter aparentemente duro de Javier Gutiérrez, algo que considera una fachada: "Igual nada más llegar te echaba una bronca sin venir a cuento, pero era la manera de romper el hielo". Para el exsportinguista, la muerte de Gutiérrez es un golpe más en las últimas semanas: "Vaya racha que llevamos. Después del Brujo y de Rubio, una pena lo de Javier".

José Suárez, "Sietes", tenía una relación especial con Javier Gutiérrez a raíz de la convivencia con motivo de los Juegos Olímpicos de Atlanta-96. "Tenía ese humor tan suyo que te cortaba al principio, pero me llevé muy bien con él. Tenía un carácter muy especial. Profesionalmente era magnífico. Amaba su trabajo. Estaba siempre refunfuñando, pero se veía que disfrutaba con ello".

El exciclista Chechu Rubiera sólo necesitó una vez de la sabiduría de Javier Gutiérrez, pero valió por toda una carrera: "Me salvó el pellejo para ir al Tour de 2001, el primero con Armstrong. No acababa de curar una condropatía rotuliana. Javier me hizo una infiltración con cortisona y en dos semanas y pico estaba recuperado. Después hice un buen Tour y renové con el US Postal".

También el Padre Valdés, referencia del hockey sobre patines, supo de la valía de Javier Gutiérrez: "Me hizo una rehabilitación de una luxación de hombro y me dejó como nuevo". Después, los jugadores lesionados del Club Patín Santo Domingo pasaron habitualmente por su consulta. Valdés dio clases en el colegio Dominicos a dos hijos de Gutiérrez. "Lo consideraba un gran amigo. Tomaba el pelo al lucero del alba, pero yo creo que lo hacía para tranquilizar a la gente".

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