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El Bisturí

Ganan el orden, el músculo, la pizarra... bienvenida la racanería

Francia logra su segundo Mundial aburriendo gracias a su acierto en la estrategia y a su efectividad arriba

Pablo González

Pablo González

Orden atrás, por no decir catenaccio. Músculo en la sala de máquinas. Velocidad arriba. Efectividad máxima. Petróleo gracias a la pizarra. Con estas armas se coló Francia en la final del Mundial de Rusia. Y con ellas logró bordar su segunda estrella sobre el escudo del gallo a costa de Croacia. Los galos lograron repetir el final feliz de hace 20 años en su Mundial cuando golearon al Brasil del gordibueno Ronaldo, pero de una manera bien distinta a como lo hizo aquella generación liderada por Zidane, Petit, Desailly... Si la Copa del Mundo fuera al deporte de la pelota algo así como las pasarelas de París o Milán son a la moda, la próxima temporada habría que ir acostumbrándose a un fútbol mecanizado en el que lo que triunfa son los modelos de brazo ancho, tipos eficientes para ejecutar lo que ordena el amo desde el banquillo. Los diferentes, el artista, el fino estilista... se quedan para los días en los que se saca la vajilla de porcelana y la cubertería de plata. Días que en muchas casas, aunque sean de postín y tengan a Mbappé y Griezmann, nunca llegan. Ha nacido el fútbol postmoderno, porque al parecer el moderno ha muerto ayer. Si aburría el tiqui-taca inerte de la Roja, lo de Francia no tiene nombre. Pero es lo que hay. Los cholistas / mouriñistas están de enhorabuena. Patadón arriba, que corran los buenos, si hubiera o hubiese, y el resto bien juntitos atrás a defender el fuerte. Estrategia que se entiende en un equipo menor en el que la única medida del éxito son los litros de sudor y las estadísticas de kilómetros recorridos, pero conjuntos de primera nivel... El tacticismo gana, ¡viva el tacticismo! Y que inventen otros.

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