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El "síntoma Alba"

Al rectificar su error con el defensa, Luis Enrique vuelve a dejar en evidencia a sus detractores

Luis Enrique lo tenía imposible, por su culpa, con el "caso Jordi Alba". Si continuaba ignorándolo cometía un sacrilegio deportivo. Si cedía al clamor popular era una bajada de pantalones. Entre lo malo y lo peor, el asturiano escogió bien. Se tragó su orgullo y no reincidió en su gran error desde que llegó al banquillo de la selección. Lo que pasó en aquellos últimos meses de "Lucho" en el Barcelona sólo lo saben ellos. En todo caso es eso, pasado. Lo importante es que España volverá a contar con uno de los mejores laterales izquierdos del mundo para los próximos partidos. Y que, poco a poco, Luis Enrique va cerrando la boca a los agoreros que pronosticaron todo tipo de calamidades cuando a Luis Rubiales se le ocurrió ofrecerle el cargo. No podía ser seleccionador alguien que no mantenía la compostura con los periodistas, bramaron algunos mirándose su enorme ombligo. Como si los partidos se decidiesen en la sala de prensa. Lo importante para un entrenador es lo que pase en el vestuario, en los entrenamientos y en los partidos. Y ahí, en la década que lleva en los banquillos, Luis Enrique Martínez ha demostrado que es perfectamente válido para afrontar los retos más exigentes.

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