30 de noviembre de 2018
30.11.2018
Montaña | Semana Internacional de Gijón

El Everest, foto a foto

Javier Camacho ilustró ayer su ascenso "a la madre del universo", que dedicó a su compañero fallecido Juan José Domínguez

30.11.2018 | 01:14
Javier Camacho, en la sede del Torrecerredo.

Javier Camacho, alpinista pero sobre todo un prestigioso fotógrafo de la naturaleza, mostró ayer su reciente ascensión al Everest "la madre del universo, como la conocen los tibetanos", puntualiza el montañero, que en el transcurso de esta ascensión conoció el fallecimiento del asturiano Juan José Domínguez, compañero suyo en muchas otras expediciones. "Fue a la vez un mazazo que me afectó psicológicamente, pero también fue una motivación especial para poder llegar a la cumbre y dedicarle a él la ascensión", señala.

Ayer, dentro de la Semana de Montaña, se pudo ver "un audiovisual que muestra los increíbles paisajes que existen entre el campo base y la cima". Camacho relata que fue una "ascensión complicada porque quería subir sin oxígeno artificial, pero tuve problemas de faringitis que me acabaron provocando problemas de salud y me obligaron a tener que utilizar el oxígeno, y aún sí casi no llego a la cumbre". Además, a la bajada tuvo "síntomas de ceguera de las nieves y una conjuntivitis muy fuerte hasta el punto de que cuando llegué a 8.000 metros apenas veía. Fue una situación bastante tensa, tanto de que avisé a mi mujer de que fuese preparando un rescate. Afortunadamente con unos antibióticos mejoré mucho y pude bajar por mis propios medios". Camacho tiene en su haber varios ochomiles como Makalu, Cho Oyu Broad Peak, Manaslu, Lhotse o Everest, pero en estos momentos le motivan otro tipo de ascensiones. "Hago montañas porque me gustan. Desde hace varios años tengo un proyecto que se llama Mountain Dreams, en el que busco montañas que sean bonitas. Me mueve más la fotografía o la cultura que tenga alrededor que el reto deportivo", explica. Camacho no descarta "recuperar en un futuro la ilusión por los ocho miles como el Gasherbrum, pero por el paisaje que hay". "Afrontar un ocho mil supone mucho desgaste, tanto económico como personal o para la familia y creo que hay montañas más bonitas en las que yo soy capaz de disfrutar porque a partir de los 7.000 metros personalmente no disfruto, es un sufrimiento continuo y te preguntas si realmente merece la pena", reflexiona.

Su próximo proyecto es el Vinson, la cumbre más alta de la Antártica para poder terminar las Siete Cumbres de las que solo me quedan esa y la pirámide Carstensz. "Aunque tengo otras ideas en la mete para seguir disfrutando de la montaña", asegura.

La 41ª Semana Internacional de Montaña podrá su broche final esta tarde (20 horas, teatro Jovellanos) con la presencia de la iraní Parvaneh Kazemi, que además de haber alcanzado las cimas más altas del mundo, lo ha hecho superando las dificultades de pertenecer a una cultura como la iraní.

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