Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

"Siempre disfruté arbitrando"

González Fuertes, que con 16 años prefirió ser árbitro antes que futbolista, se siente un privilegiado por su carrera y por vivir la época del VAR

"Siempre disfruté arbitrando"

"Siempre disfruté arbitrando"

El asturiano Pablo González Fuertes (Gijón, 8-6-1980) podría ser la imagen de los árbitros de fútbol en España: tipo fino, producto de una gran preparación física y cuidado con la dieta; talante abierto, dialogante, siempre con la sonrisa en la boca y espíritu didáctico. De repente, aquel colectivo oscuro y cerrado quiere que se le perciba como una parte más de la mejor liga del mundo. Asegura que no es pose, que disfruta en el campo. Y también en el VAR, una novedad que le hace la vida más fácil, aunque en su último partido asumiera un riesgo: paró una contra del Valladolid para que Undiano Mallenco revisara una jugada que, en efecto, era penalti.

El caso de González Fuertes es tan atípico que ni siquiera es como futbolista frustrado: "Con 16 años vino a mi instituto, el Jovellanos, el director de la escuela de árbitros, en una campaña de captación. Me apunté junto a mis tres mejores amigos y lo asombroso es que, 22 años después, los cuatro seguimos en el arbitraje. Dos (Bermejo Ferrero y Cabello Rodríguez) están en Tercera, y el cuarto, Prendes Ardura, es asistente en Segunda B".

"Si no te enganchas de verdad, no aguantas", recalca como clave de esta continuidad: "Disfruto arbitrando desde el principio". Ni siquiera su paso por el fútbol base le borra la sonrisa: "Ahí es donde mejor se ven las miserias de la sociedad deportiva". Y pone un ejemplo: "Con 19 años, en un partido de alevines, unos padres insultaban a los críos del equipo contrario. Paré el juego y les dije a los delegados que había que hacer algo. Hablaron con ellos y echaron al más conflictivo Pero estadísticamente hay pocos casos graves para la cantidad de partidos que se juegan cada fin de semana".

Todo le fue rodado hasta que llegó a Segunda B: "Fue muy duro porque fueron ocho años y en tres de ellos me quedé a las puertas del ascenso. Pero nunca me desanimé. El 23 o 24 de junio salían las listas y me llevaba el disgusto, pero ese mismo día empezaba mi pretemporada. Por eso el momento más emotivo de mi carrera fue cuando Enríquez Negreira me llamó para decirme que había subido a Segunda".

Traspasar ese muro fue importante, pero el gijonés apunta otro episodio clave: "El Oviedo-ACF del Tartiere de 2004 significó un antes y un después en mi carrera. Era mi segundo año en Tercera y mucha gente no entendió que me designaran. Hubo más tensión que en un Sporting-Oviedo. Para mí fue tremendo arbitrar ante 20.000 espectadores cuando estaba acostumbrado a cien. Además, los linieres eran dos de los amigos con los que empecé".

Mientras que en estadios como el Tartiere las quejas a los árbitros se diluyen, en campos del fútbol base se oye todo. Por eso, Pablo nunca quiso que su madre fuese a verlo hasta su debut en Segunda, cuando invitó a sus padres y sus tíos al Huesca-Numancia: "Casi se me caían las lágrimas porque habían sido ocho años muy duros. Cumplía el sueño de estar en el fútbol profesional. Sin mis padres no hubiese llegado. Los cuatro primeros años, como no tenía carnet, mi padre me llevaba a todos los partidos. Fue mi sufridor".

En 2012, con 32 años, "se acelera todo. Es otra forma de vivir el arbitraje, por la exigencia del fútbol profesional". Tanto que, tras un año en que mantuvo su trabajo como responsable de calidad y medio ambiente en la empresa PK-0, apostó todo por el fútbol: "Entraba a las 8 de la mañana, comía en la empresa con un tupper, salía a las 8 de la tarde y al llegar a Gijón iba a correr al Kilometrín. A las 9.30 de la noche llegaba a casa, derrengado. Y como tenía que pedir permisos, raramente tenía más de diez días de vacaciones".

A partir de entonces, su vida profesional se resume en "entrenar, descansar y comer bien". El ascenso a Primera supuso "cumplir mi sueño, de cuando veía los partidos por la tele y pensaba que algún día podría estar yo ahí", pero con menor carga emocional: "Preferí que en mi debut, un Espanyol-Leganés, no hubiera nadie de mi familia. En una categoría tan profesional, con un foco mediático tan grande, no quería ninguna interferencia. Y la verdad es que me salió muy bien".

Veintinueve partidos después, González Fuertes se ha hecho a la categoría. "En Primera la gestión de los partidos es diferente", apunta, a la vez que desmiente que haya diferencia de criterio en función de los equipos: "Los 20 son igual de importantes". Tampoco por el entorno: "No leo la prensa deportiva ni veo programas de televisión sobre fútbol". Sí que ve todos los partidos posibles: "Es importante que los árbitros sepan de fútbol, de táctica, de la forma de jugar de los equipos. No tanto de jugadores en concreto porque no me gusta prejuzgar".

González Fuertes se siente un privilegiado por vivir en la era del VAR: "Supone un cambio total en la forma de entender el fútbol. Aporta algo que todos demandaban: más justicia". Y precisa algo que parece obvio: "El trabajo del VAR no es el de árbitro. El VAR no rearbitra, ni juzga. Sólo corrige en cuatro supuestos. Y únicamente en caso de errores claros y manifiestos". El gijonés lleva cinco partidos como asistente de vídeo y sólo tuvo que intervenir una vez, el sábado en el Valladolid-Atlético de Madrid, pero fue sonada. Pidió a Undiano Mallenco que parase el juego para examinar un posible penalti en el área pucelana. Y acertó, aunque él no pueda hablar de jugadas concretas.

"El VAR es una red que antes no teníamos", señala como muestra de los beneficios de la tecnología para su colectivo, antes de añadir que seguirá habiendo fallos, en el campo y en la sala de videoarbitraje. Y que la gente no se puede imaginar lo que les duele: "Cuando un deportista comete un error, no tiene ganas de cenar y no duerme bien". González Fuertes traslada su optimismo al futuro porque "la percepción de la figura del árbitro está cambiando. Cada vez más chavales prefieren ser árbitros antes que futbolistas. En Asturias, el director de la escuela, Marcos Santurio, está haciendo un gran trabajo de captación, como lo prueba que en enero empezarán a arbitrar 70 nuevos".

Compartir el artículo

stats