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El sueño, a punto de convertirse en pesadilla

Un Liberbank Oviedo errático y temeroso está a una derrota de caer eliminado tras perder por segundo partido seguido en casa ante el Ourense

Pumarín, ayer durante el Liberbank Oviedo-Ourense.

Pumarín, ayer durante el Liberbank Oviedo-Ourense.

El Liberbank Oviedo ha pasado de ser el favorito ante el Ourense para ganarle en el play-off y llegar a la final a cuatro por el ascensoa la ACB a necesitar un milagro para conseguirlo. El equipo de Javi Rodríguez ha perdido sus dos partidos en casa y está

Que los ataques del Liberbank Oviedo en el tramo final, cuando tenía que ir a por el partido, se resumieran en acciones individuales de Bryce Douvier, una y otra vez, dice mucho de lo que le pasó ayer un equipo que si destaca por algo es por su juego colectivo, por su costumbre de mover el balón hasta encontrar al hombre más adecuado para intentar puntuar. Desaparecidos estuvieron jugadores tan importantes en esta plantilla como Geks o Jakstas, gente que ha marcado la diferencia durante la temporada y que en estos dos partidos de play-off han aportado mucho menos de los que de ellos se esperaba y de lo que han demostrado ser capaces.

Es justo reconocer la gesta que ha protagonizado el Ourense en Pumarín. Para sumir a un equipo como el Oviedo en la más absoluta de las melancolías es necesario tener enfrente a gente con talento, bien preparada y que tiene bien estudiados los puntos débiles del rival. Los gallegos, de nuevo sin su base titular, Pepo Vidal, demostraron un empaque enorme, una personalidad que los convierte en un conjunto muy peligroso y muy difícil de doblegar. Para ganarle hay que rendir a un nivel que el Oviedo no ha alcanzado. Un equipo en el que brillaron Sergio Rodríguez, una pesadilla para la defensa ovetense; Zamora, que anotaba cada vez que su equipo lo necesitaba; y Watson, un pívot de 2 metros que ganó la batalla del rebote prácticamente solo.

En el primer cuarto, el Liberbank Oviedo apostó por buscar a Oliver Arteaga debajo del aro y obtuvo puntos también gracias a Spieth, uno de los jugadores que está saliendo mejor parado de este play-off. Pero si Arteaga anotaba, también lo hacía Rozitis. Y si Spieth aportaba al tres, Sergio Rodríguez daba un recital desde esa misma posición. Las sensaciones eran diferentes que el día anterior, con un polideportivo más lleno y que apretó desde el primer minutos, pero, aún así, los gallegos lograron acabar el primer parcial cinco arriba (17-22).

Era el momento de girar el partido, de aprovechar el gran ambiente que se vivió en Pumarín y a ello se pusieron los de Javi Rodríguez. Los locales apretaron las tuercas en defensa y empezaron a abrir algunas vías de agua en el rival hasta ponerse por delante 31-29 a falta de 5.24 para el descanso, obligando a Gonzalo García de Vitoria a pedir un tiempo muerto. Le sirvió al Ourense la charla de su técnico para frenar a un Oviedo que no terminaba de venirse arriba. El duelo se fue casi igualado al descanso (38-37).

Lo que sucedió en el tercer cuarto es casi como un "poltergeist", un fenómeno paranormal que hizo que a los jugadores locales se les encogiera el brazo cuando lo tenían todo de cara para anotar. Buen resumen de lo sucedido es lo que pasó nada más salir del vestuario. Tras una canasta de Arteaga que ponía tres arriba a Oviedo (40-37) llegaron cuatro errores seguidos en el tiro libre (dos de Spieth y dos del propio Arteaga). El equipo acabó desesperado en un parcial en el que no jugaron mal, anotando solo 12 puntos y concluyendo todo en un desbarajuste inexplicable. Las sensaciones habían cambiado y, sin saber muy bien por qué, los cuatro puntos de renta (50-54) con los que se fue Ourense al último cuarto parecían insalvables.

Y en tres minutos del último cuarto los peores presagios para el Oviedo se empezaron a cumplir. Una canasta de Watson puso ocho arriba (52-60) a Ourense, obligó a Javi Rodríguez a pedir un tiempo muerto y metió aún más el miedo en el cuerpo de unos jugadores a los que tan solo había que mirar al rostro para ver su enorme frustración. Parecían recién salidos del más triste recital de "blues".

Intentó Javi Rodríguez que el equipo volviera a buscar a Arteaga, dejó a Douvier que se estrellara una y otra vez contra el muro, pocas veces con resultado satisfactorio, pero de nada le sirvió. Ourense había cogido una renta que se mantuvo siempre en torno a los cinco puntos y no la dejó escapar, sumando una victoria que le deja con pie y medio en la final a cuatro que se disputará los días 1 y 2 de junio. Al Liberbank Oviedo ya solo le queda agarrarse al milagro, pensar solo en el partido del jueves, en empezar a minar la moral de un Ourense que se va de Pumarín muy crecido y en tratar de darle la vuelta a un play-off que está pasando de ser un sueño a convertirse en una pesadilla.

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