La frivolidad de los dirigentes de la UEFA ha desvirtuado una de las citas estelares de la temporada, la final de la Liga Europa. La designación de Bakú como escenario del último partido de la segunda competición continental tiene un efecto colateral: el armenio Mkhitaryan, titular del Arsenal, ha renunciado a viajar con su equipo por el conflicto que mantiene su país desde hace años con Azerbaiyán. Mkhitaryan teme por su seguridad y su club, pese a lo que está en juego, ha entendido sus razones. Es cierto que cuando se anunció la sede, en septiembre de 2017, era muy improbable que se diese esta circunstancia, pero la UEFA no debería de jugar con fuego. Muchas ciudades europeas, sin la rémora de Bakú, estarían encantadas de acoger la final.