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Una goleadora de caleya

"Algún canalón del pueblo tiene la marca de un pelotazo de Lucía", cuentan familiares y vecinos de la extremo que brilló en el Mundial

Arriba, a la izquierda, Eugenia García, tía de Lucía, con las fotos de los cuatrillizos cuando eran bebés; a la derecha, Carmen Velasco, en la tienda donde siguió los octavos de final. Abajo, a la izquierda, Manolo Suárez y Marité Rodríguez, en la casa donde daban los biberones y celebraban los cumpleaños de los cuatrillizos; a la derecha, María José Córdoba y Eugenia García, en el balcón de la casa allerana de Lucía García.

Arriba, a la izquierda, Eugenia García, tía de Lucía, con las fotos de los cuatrillizos cuando eran bebés; a la derecha, Carmen Velasco, en la tienda donde siguió los octavos de final. Abajo, a la izquierda, Manolo Suárez y Marité Rodríguez, en la casa donde daban los biberones y celebraban los cumpleaños de los cuatrillizos; a la derecha, María José Córdoba y Eugenia García, en el balcón de la casa allerana de Lucía García. J. R. SILVEIRA

"Algún canalón del pueblo igual tiene la marca de algún pelotazo de Lucía", asevera con una sonrisa María José Córdoba, la madre de la internacional asturiana Lucía García, desde la antojana de su casa en la parroquia allerana de Pola del Pino. Allí fue donde la hoy estrella del deporte rey comenzó a dar sus primeros balonazos. "Jugaba con los guajes, y entre dos no podían con ella", añade Manolo Suárez, vecino de puerta. Esa parroquia la vio crecer y ahora la recibe como toda una internacional tras lucir en el Mundial de Francia.

Aunque la historia personal de Lucía García Córdoba empieza lejos de su Aller del alma. Concretamente en Baracaldo, donde su madre fue a dar a luz a los cuatrillizos de los que estaba embarazada. "Aquí no había tantos medios", señala Eugenia García, su tía. Y un 14 de julio de 1998 nacieron Alejandro, Javier, Lucía y Carlos, los primeros cuatrillizos asturianos. Cuando volvieron a Pola del Pino, cuentan sus vecinos que todo el mundo echaba una mano. Muchos biberones que dar a la vez. "Yo recuerdo tenerla aquí, en el patio, en brazos, dando-y algún biberón", señalan Manolo Suárez y su esposa, Marité Rodríguez. "¡Quién me iba a decir que iba a llegar donde llegó!", afirma este vecino de 82 años, para el que la internacional española fue siempre un ojito derecho. Tanto es así, que su madre rememora cómo la llevaba al bar del pueblo vecino a ver los partidos de fútbol de Canal Plus. "Hasta que ya lo puse en casa y los veíamos ahí", apostilla Manolo.

Entre partido y partido, las estrechas caleyas eran los improvisados campos donde Lucía empezaba a darle a la pelota. Pero mientras se decidía por el fútbol, también tuvo tiempo de probar otros deportes. "Era buena en atletismo, en tenis, hasta hizo hípica y se le daba bien", asegura su madre. Pero en el colegio El Pilar, en Pola de Lena, donde estudiaba, un profesor le habló del Oviedo Moderno. Y allí que se fue para hacer una prueba. Y la cogieron. "Era un poco difícil porque había que llevarla a entrenar, a los partidos... pero esos sacrificios se hacen por los hijos", asegura María José.

La también internacional por España y ya retirada Montse Tomé no llegó a coincidir en el primer equipo del Oviedo Moderno con Lucía, pero ya le vio maneras. "Cuando yo vine a jugar el último año, ella estaba en el filial, y se la veía despuntar. Tenía velocidad, era muy rápida y tenía gol", asegura la exfutbolista y técnica ayudante de Jorge Vilda en la selección. Justo las cualidades que la llevaron a ser una de las más destacadas en el Mundial de Francia dentro del equipo de Vilda.

El siguiente paso vino cuando el Athletic se fijó en ella. La política de fichajes del club vasco pasa por solo incorporar jugadores nacidas en el País Vasco, la Rioja o Navarra. Y aunque allerana de residencia y adopción, haber nacido en Baracaldo le abrió las puertas de la élite. "Le ha servido la doble nacionalidad", bromea su tía Eugenia.

Y tras despuntar en las categorías inferiores de la selección, con las mayores se fue este verano al Mundial. Un Mundial que en Pola del Pino se siguió con pasión. "Nos juntamos la familia para ver los partidos y sabemos que muchos vecinos estaban pendientes", cuentan la tía y la madre de Lucía. Relatan que incluso una vecina, Carmen Velasco, que regenta una carnicería en Collanzo, cuando no pudo cerrar para ver los octavos de final contra EE UU en casa, se llevó su propia tele al negocio. Y la propia mujer lo corrobora. "Tenía clientes que vinieron y se quedaron aquí para ver el partido", relata Carmen señalando hacia una caja de cerezas que ahora ocupa el lugar que dejó la tele. Y es que por Lucía, "esa chica jovial y de familia humilde", lo que sea.

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