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Culé Moyáu

Asistencias, bostezos y geometría

No se me ocurre una jugada más sencilla (aunque no fácil) que la que produjo el primer gol del Barça en Getafe. Dos toques. El portero Ter Stegen da un pase (no un pelotazo) medido al infinito, y el delantero centro Luis Suárez levanta la pelota sobre la salida del portero rival ganando la carrera al último defensa. Los que prefieren ver en esta jugada un vaso medio vacío hablan de un gol fácil y casi de churro después de un pelotazo a la desesperada del portero. Pero los que nos empeñamos en ver vasos medio llenos en este titubeante Barça de inicios de temporada vemos precisión, elegancia y conexión entre los dos extremos de un equipo que tiene que encontrar soluciones cuando los problemas se empeñan en crecer. No fue un pelotazo de Ter Stegen, sino una asistencia. No fue un churro de Luis Suárez, sino un caramelo.

Y hasta ahí puedo leer, porque el partido del Barça fue como esas películas que hace Francis Ford Coppola de vez en cuando para ganar pasta y poder seguir dirigiendo las películas que de verdad le gustan.

Al menos, no recibimos ningún gol en contra. Y no es que la defensa del Barça se impusiera a los delanteros del Getafe en plan Clint Eastwood, pero no hubo tembleque general. Necesitamos más De Jong en De Jong. Mucho más Griezmann en Griezmann. Que suene "Un paso adelante" de Madness cuando Arthur coge la pelota. Y, la verdad, hace falta que Dembélé espabile de una vez y para siempre porque, aunque nunca podrá comer en la misma mesa que Messi, alguien tiene que servir la mesa del banquete. No todo es comer. A Dembélé, un chico con talento, le pasa como al geómetra Hipónico, perezoso y pronto al bostezo, del que se burlaba Arcesilao diciendo que la geometría le había entrado volando en la boca mientras bostezaba. El fútbol le entró a Dembélé volando en la boca mientras jugaba a la Play, sin disciplina, esfuerzo y crujir de dientes. Y eso no es malo, pero no es suficiente. La pereza, el bostezo, las continuas lesiones evitables, las poses displicentes y la vida sin inquietud alguna son veneno para un futbolista que tiene que estar no tanto a la altura de lo que se pagó por él (que también) como del talento que el dios del fútbol le hizo entrar por la boca.

No soy muy optimista con Dembélé porque el fútbol no es como la geometría. Al menos, en el terreno de juego. Los geómetras están en los banquillos y suelen llevar corbata.

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