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Paseo olímpico del Madrid

Un gol de córner directo de Kroos inicia la exhibición del equipo de Zidane, lleno de centrocampistas, ante un Valencia ruinoso

Sin Bale, Benzema y Hazard, la que se presumía delantera titular a comienzos de temporada, el Madrid despachó con tres goles al campeón de Copa y dedicó la última media hora de la semifinal a divertirse. Zidane llenó el equipo de centrocampistas que escondieron el balón al Valencia para desesperación de Parejo, el único que plantó cara. Fue un paseo para el Madrid, que empezó con un gol olímpico de Kroos, aprovechando la caraja de los rivales, que estaban en Babia mientras el alemán lanzaba el córner. El 1-0 dejó sin sentido el planteamiento superdefensivo de Celades y el Madrid se juntó en torno a Isco para ir desgastando la resistencia valencianista. Isco, precisamente, y Modric remataron el resultado para demostrar que sin delanteros también se puede llegar al gol.

El "once" de Zidane fue un guiño a los nuevos tiempos, a un Madrid que crece a partir del balón. Llenó el campo de peloteros, tan comprometidos con la idea que trabajan a destajo para recuperarlo muy cerca del área rival. Con Casemiro de ancla, Valverde y Kroos escorados a las bandas e Isco a su aire, Modric se convirtió en el apoyo más cercano a Jovic. Todos muy adelantados, propiciando recuperaciones como la que, en el minuto 5, permitió a Casemiro meter un centro que cazó Varane, demasiado centrado para sorprender a Doménech, que poco después iba a reclamar todos los focos. Para mal.

Porque mientras sus compañeros reclamaban al árbitro por un córner, Doménech dejó la puerta abierta para que Kroos activase el guante de su bota derecha y colase el balón por la escuadra. El Valencia se sentía tan acomplejado que ni con 1-0 cambió el plan inicial. Siguió guardando su área con diez jugadores, mientras Gameiro ejercía de llanero solitario. Así, un poco por casualidad, se encontró con un rechace en el área que, en magnífica posición, acabó mandando por encima del larguero.

El montaje valencianista resistió hasta que Valverde ganó la espalda de Soler en la esquina derecha del área y metió un pase atrás que Modric estrelló en Gabriel, rechace convenientemente aprovechado por Isco con un remate que fue, más bien, un pase a la red. El poste en un cabezazo de Isco, seguido de un rechace de Doménech a un remate a bocajarro de Jovic, retrasó la llegada del tercero hasta la segunda parte. Mereció la pena la espera porque fue una obra de arte de Modric. Isco recuperó un balón en la medular, conectó con Jovic y el serbio dejó al croata mano a mano con Gabriel. Con un golpe de cadera, Modric se ganó el espacio para conectar el empeine y dejar la semifinal vista para sentencia.

El Valencia, que acababa de dar un paso adelante con la entrada de Maxi Gómez, perdió definitivamente la compostura. Con la moral por los suelos y su faro, Parejo, desaparecido, se expuso a una paliza de época. Cada contra madridista anunciaba un nuevo gol, que no llegó por el empeño de Isco y compañía de rizar el rizo. También por el empeño de Zidane en dar bola a jugadores que han quedado en un segundo plano, como Marcelo y James, que parecen fuera de la onda expansiva de sus compañeros.

Con la relajación generalizada también llegaron las oportunidades para el Valencia, frustrado por su falta de remate y por la seguridad de Courtois. Si no se marchó con el cero en el casillero fue porque en el añadido el asturiano Pablo González Fuertes advirtió a Gil Manzano de que el balón había golpeado en el brazo de Sergio Ramos. Así llegó el gol de Parejo, el único valencianista que ejerció una mínima oposición a un Madrid que entró por la puerta grande en la primera final de la Supercopa española lejos de España.

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