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Culé Moyáu

La orquesta sigue tocando

En el descanso del partido Valencia-Barça, esas horribles casas de apuestas que en muy poco tiempo han conseguido hacer nuestras vidas un poco peores tendrían que haber cerrado sus puertas virtuales y materiales porque todos los futboleros (e incluso los no futboleros) sabíamos que el Barça iba a perder en Mestalla. ¿Por qué? Porque el Barça de Setién tiene tantos problemas ante el gol como Richard Nixon ante un detector de mentiras. Porque el Barça tiene una defensa que tirita de frío ante la brisa y consigue (con el Granada, el Ibiza y el Valencia) que los molinos parezcan gigantes. Porque el Barça trata el balón como un avaro trata a sus riquezas según decía el filósofo Bión de Borístenes, sin beneficiarse en nada de ellas, como si fueran ajenas. Porque el breve espacio en que no está Luis Suárez se hace infinito. Porque el Barça es, ahora mismo, tan reconocible para los rivales como una película de Michael Bay. Porque De Jong, admitámoslo, algún día será De Jong, pero ahora no es De Jong. Porque el plan B del Barça no puede consistir en que Arturo Vidal salga para agitar un poco el cóctel. Porque el pase-pase-pase-pase-pase-pase del Barça solo ha conseguido que, como en la ópera y con perdón de Pachi Poncela, los aficionados nos despertemos sobresaltados de vez en cuando. Porque que el jovencísimo Ansu Fati sea titular en el Barça parece más bien consecuencia de una falta de opciones, y no de una libre confianza en la cantera. Porque la kryptonita del Barça es el Barça.

¿Consecuencias del desastre en Mestalla? Ya veremos. Pero, de momento, parece claro que el kilo de delantero pretendido por el Barça ha subido como el del besugo en Navidad. Buenas noticias para los representantes. Algunos dicen que la deriva existencial del Barça en esta temporada provocará la huida de Messi a algún equipo con mucho dinero y un proyecto futbolístico ambicioso. No lo creo. Diógenes Laercio cuenta que cuando el filósofo cínico Menipo de Gadara fue vendido como esclavo, le dijo al pregonero que preguntara si alguien quería comprarse un amo. ¿Qué equipo querría comprarse un amo al fichar a un Messi en la recta final (por larga que sea esa recta) de su carrera? No, no creo que Messi ordene a su representante que encuentre un equipo a la búsqueda de un amo. Ni la marcha ni la supuesta decadencia de Messi son el problema. El problema es que el Barça navega entre icebergs mientras la orquesta sigue tocando, y tocando, y tocando, y tocando, y tocando?

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