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El Sevilla rompe el silencio

Ocampos y Fernando firman la superioridad local en un derbi en el que la pasión en el césped se impuso al protocolo

A la primera invitación a la pasión, fuera cualquier prevención. Cuando Mateu Lahoz, siempre protagonista, señaló penalti a los 54 minutos por un choque de Bartra con De Jong en el área bética, una nube de jugadores visitantes se arremolinó junto al colegiado para exigirle una rectificación. La distancia de seguridad, olvidada. Al minuto, Ocampos ejecutó con seguridad la pena y sus compañeros se abrazaron con alegría como si se tratara de un gol cualquier, en un derbi cualquiera de un campeonato cualquiera. Más llamativo fue lo que sucedió en la celebración del segundo tanto, cuando un empleado del club gritó el tanto, mascarilla descolocada, junto a Fernando, autor del mismo. Queda confirmado: Las exigentes normas de prevención desaparecen cuando emerge la pasión.

Fue lo más llamativo del nuevo fútbol. El que surge con los estadios en silencio, de momento, y con menos colorido. El Sevilla supo adaptarse mejor a las condiciones, o quizás simplemente logró imponer su equipo más trabajado para dominar al Betis hasta que los dos golpes consecutivos le hicieron responder: 2-0.

Mateu Lahoz apareció en escena como siempre para empezar a desnivelar el choque en una acción que admite matices. Fernando sentenció de inmediato para no dejar al Betis apenas margen de reacción.

El Sevilla se llevó el primer envite del nuevo fútbol, más mustio y apagado pero que cuida los millones televisivos, que al final parece que es el asunto que cita a los equipos de Primera y Segunda a este sprint improvisado. Sirvió también para rendir homenaje a Marcelo Campanal, el exjugador asturiano recientemente fallecido. Los equipos guardaron un minuto de silencio antes del choque y el Sevilla llevó en el pecho una leyenda en su honor: "El capitán maravillas. 1950-1966".

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